Hoy presentamos una fascinante aventura musical, la aventura de un grupo, Los Imposibles, que a principios de los noventa graban canciones de una orientación claramente sesentera, sonidos cálidos y luminosos que remiten a los Brincos, a los Beatles, los Who y otros maestros de la guitarra y la melodía, y que en 1995 se regatean a sí mismos y consiguen uno de los discos más fascinantes, coloristas y auténticos de la música en español.
Las guitarras briosas, las melodías beat y los trallazos pop que hasta entonces les habían caracterizado pasan por el filtro de la psicodelia de 1967 y el resultado es un conjunto de nueve canciones, concentradas en apenas veinticinco minutos, y venidas directamente del país del Sargento Pimienta. Una obra maestra absoluta, y todo un orgullo para la música nacional, que fue saldada con el más descarado menosprecio por parte de la prensa musical alternativa. En el país del niño mosca ha de entenderse como un viaje alucinante, una visión psicodélica de un mundo hermoso y gobernado por las melodías. Sus nueve canciones son nueve espejos con diferentes caras del pop, todas ellas igual de sensuales y redondas. En unos años en los cuales los reyes de la escena independiente española eran un grupo vacío, aburrido y pedante, los Imposibles se destaparon con un disco de sonido eterno, clásico, visualista, que por entonces casi nadie supo comprender.
La primera canción, "Listo y preparado", es una inmersión profunda en ese mundo de fantasía, exuberante y de mares poblados por submarinos amarillos. Arreglos orquestales a lo George Martin, una melodía preciosa, emocionante por lo bien que plasma el mundo infantil de los sueños, y un bajo activo y espiritualmente manejado por el McCartney del Sgt. Peppers, son los ingredientes de esta primera toma de contacto con un universo aparte. El sarcasmo y los modos de Ray Davies se unen a la fiesta en "Un chico serio y formal", que podría ser tranquilamente una canción perdida de los Kinks de los tiempos del Face To Face, increíble también por la adictiva melodía de cristal y su estribillo con aroma a los Who. "Todos querían hablar" es una delicia plagada de coros preciosistas, tristeza plasmada con elegancia y alguna de las líneas más hermosas y melancólicas que ha deparado el pop español. Y este fenomenal comienzo lo remata "Ella es azul", todo un pildorazo de pop de guitarras adhesivo, efervescente, más directo en las formas pero igual de contundente y magistral en su contenido, y que si bien es parecida a la música beat que hasta entonces habían desarrollado, su inclusión a mediados del disco, en medio de los mares de las aventuras oníricas, es todo un acierto.
"Mis amigos" es una tonada cálida, perezosa, de ritmo bossanova embellecido por una crepuscular flauta dulce, y que recuerda mucho a esas canciones mosaico que Brian Wilson ideó en discos tan íntimos como Friends. Los sitares tampoco podían faltar en esta orgía de la psicodelia británica, y ahí llega "En el jardín", con una genial reminiscencia de Lewis Carroll, personaje muy relacionado con este universo sonoro, y una melodía que bebe de los Beatles de "Norwegian Wood" y que está chispeada con unos coros de cancioncilla infantil que potencian hasta el infinito el efecto surrealista. "El hombre de miel" es vodevilesca, no podía faltar este estilo en el mundo pop tramado por los Imposibles -también tuvieron canciones así Sgt. Peppers y los discos de los Kinks-, y además no queda artificial, sino que es divertida y su garra y el vibrante estribillo final la justifican por completo. Con "El niño mosca" llega el clímax del álbum, una canción de tintes épicos e imperialistas trompetas, trufada de cantos e imágenes infantiles, melodías sensuales, arreglos de cuerda ultrabeatle y unos sensacionales coros en espiral que llevan incansablemente de un lado a otro. "Epílogo" es el brillante punto final, un caramelo pop de aire circense y festivo, y una música entregada ya de manera definitiva a ese otro mundo que existe a través del espejo, con el añadido de una gloriosa y refinada última parte en la cual varias voces se van cediendo el protagonismo.
Este disco, en definitiva, es una excepcional obra de arquitectura pop que toma como referente los momentos más coloristas del pop psicodélico británico, y que a partir de estos materiales construye un universo encerrado en sí mismo, embriagadoramente surreal, en el que lo infantil muestra su cara más agradable y también perversa. En el país del niño mosca le da más de mil patadas a ese pastiche de tecno-pop sin sangre que es Un soplo en el corazón y a todos esos discos con diseños de Aramburu para gente que desconoce lo que es el pop. Los Imposibles nos regalaron un disco cuya genialidad ha resistido el paso de los años y que hay que reivindicar.
Como siempre, es muy difícil de encontrar. Aquí está:
Los Imposibles. En el país del niño mosca (1995)
Artículos de interés:
Los Imposibles. Perdidos y divertidos (entrevista en Supernova Pop)
Perdidos y encontrados: ¡Los Imposibles han vuelto! (en Gritos en el Cine Mudo)
Los Imposibles. En el país del niño mosca (en Sensaciones Sonoras)



Este disco, en definitiva, es una excepcional obra de arquitectura pop que toma como referente los momentos más coloristas del pop psicodélico británico, y que a partir de estos materiales construye un universo encerrado en sí mismo, embriagadoramente surreal, en el que lo infantil muestra su cara más agradable y también perversa. En el país del niño mosca le da más de mil patadas a ese pastiche de tecno-pop sin sangre que es Un soplo en el corazón y a todos esos discos con diseños de Aramburu para gente que desconoce lo que es el pop. Los Imposibles nos regalaron un disco cuya genialidad ha resistido el paso de los años y que hay que reivindicar.
Como siempre, es muy difícil de encontrar. Aquí está:
Los Imposibles. En el país del niño mosca (1995)
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