lunes, enero 14, 2008

Malcolm Scarpa

En 1993 comienza el particular capítulo en la historia del pop de un músico madrileño que, como un torbellino, graba discos repletos de muchas y enormes canciones, sin tregua y a un nivel de calidad asombroso, no sólo por sus logros, sino por el poco caso que se le hace. Lo cual resulta toda una blasfemia en el caso de Malcolm Scarpa, uno de nuestros más honrosos y geniales músicos, un clásico de verdad -y no de pega, como los que pululan en las páginas de determinadas revistas- que dio con la llave del otro mundo con el que también habían contactado Ray Davies, Brian Wilson y Lennon y McCartney. Su fascinante discografía va a ser todo un hallazgo, por no decir una revelación, para aquellos que no lo conozcan y amen ese tipo de sonidos que se descifraron en los sesenta, focalizados en una obra inmensamente personal que no se ciñe a ningún otro criterio que el del propio Scarpa. Un criterio, por otro lado, siempre fiel al espíritu de la canción redonda, con importancia suprema de la melodía y las deliciosas sensaciones que despierta.

A caballo entre la faceta más gamberra y extravagante de los Kinks, los desvaríos mentales de dibujos animados de la segunda época de Brian Wilson y los romances de juglar moderno de McCartney, los discos de Malcolm Scarpa son abrumadores. Compendio de múltiples estilos, infinitas canciones que nunca bajan el fuelle, paisajes instrumentales y sabores orientados a la causa del pop, Scarpa se ha ganado siempre el favor de la crítica -es imposible que fuera de otro modo-, pero también esa irritante indiferencia que no se corresponde en absoluto con la excepcional calidad de su obra. Como suele ocurrir, estar al margen de modas y carecer de una pose le costó un silencio conspiratorio roto tan sólo ocasionalmente por furtivas líneas que, de refilón y en voz baja, comentaban su valía.

Su primer disco supone un impresionante estallido de talento, de imaginación, de ideas y de artesanía. Tenía todos los componentes para marcar época en cualquier lugar, es muy difícil imaginar un disco que ofrezca más a cualquier nivel: en cuanto a número de canciones (hasta veintiséis en apenas cincuenta minutos), influencias concentradas, arreglos sorprendentes y un hondo latir pop que hacen de este cancionero una joya de múltiples caras, presentadas en su versión más sencilla y directa, completamente artesanal. "Eccentric Millonaire" es el comienzo de la leyenda, pop intrigante y adictivo que sigue con fidelidad los dictados de Ray Davies y haciendo gala de la misma calidad. Abordar un disco así es muy complicado en tanto que todas sus canciones son dignas de mención, aunque podríamos destacar "We Split The Blanket" (suficiente para considerar a Scarpa el Elliott Smith español, muy en la línea de su folk delicado), la alborotada y exquisita "Harold In Winterland" o la maravillosa, totalmente Kinks "About Old Stockholm", recién salida de una dimensión imaginaria de los sesenta. Por no hablar de "Lies", que derrocha tristeza y adicción a partes iguales, o "Crazy About You", que es una de esas canciones bossa-nova que a veces Ray Davies incluía en sus discos, el country pegajoso y mccartniano de "Lazy Day", el himno de elegantes líneas neoclásicas que es "Come Closer Miss Braun", o el descenso a los cálidos infiernos pop de "I Hate You". "Do The Baccarola" parece un clásico que ha existido siempre, porque se desarrolla con la misma seguridad de las canciones que parecen escritas por designio divino, algo que también podría decirse de "Patty, Maxime and Laverne". Y entre tanto pop también hay lugar a instrumentales oníricos o cargados de emotividad, como "Domingo en el Parque" o, especialmente, "Magaria", concebido en un mundo perdido varios miles de años atrás. Sólo he citado unas pocas, lo cual es bastante injusto en un disco sin desperdicio, saturado de calidad, publicado y poco a poco olvidado el mismo año en que Rockdelux eligió a Negu Gorriak como mejor grupo nacional.

Pero Scarpa no se desanima, y sólo un año después, en 1994, publica My Devotion. El disco sigue los mismos parámetros que el anterior, no sólo en número de canciones y en la voluntad de presentarlas artesanalmente, de manera esquemática, con los arreglos precisos en el momento adecuado (recordemos lo que hicieron los Beach Boys con su increíble disco Friends), sino también porque el nivel de exigencia sigue siendo muy alto. Al igual que el anterior, ninguna de las canciones de My Devotion baja del notable alto, son una vuelta de tuerca más en un mundo completamente personal, una visión alucinada pero precisa del imaginario de la mejor música de los sesenta, del submundo colorista que expresaron por primera vez aquellos discos celestiales. Quizá más brumoso que el anterior, y también más abierto a otros estilos -hasta el reggae hace aparición en "A Nonpareil Influenza"-, el comienzo, "Thinking Of You", es significativo de los senderos de melancolía que nos esperan, con una estupenda conjunción de voces al más puro estilo de los Beach Boys crepusculares. Destaca la inclusión de un clásico como "Last Night I Fell For Jenny", vibrante, neurótica y con un estribillo definitivamente obsesivo, los sabores Kinkianos de "A Romantic Love Affair", "The Good Old Neighborhood" -que habría sido número 1 a manos de Ray Davies, insuperable su luminosa línea de guitarra-, o "Do The Funny Hop", otro clásico imaginario de Ray. Scarpa manipula a su gusto sus escenas favoritas del pop y el disco cae como una avalancha venida de ese otro mundo, toda una sucesión de cuadros ante los cuales es imposible apartar la vista. Otras canciones destacables son "The Water Pistol", con su inicio de opereta y ese estribillo sacado de ninguna parte que nos mantiene todo el rato esperando su llegada, el homenaje al Pet Sounds que es "Stone Quiet", el misterio acelerado que transmite "Dinah Flow" o nuevamente esa canción que parece una versión de un gran clásico sin serlo, "From The Balcony". Apabullante y cegador, My Devotion emergió como un disco de igual importancia que el primero, otra obra maestra que en un mundo justo habría sido inmediatamente elevada a los altares, pero en España eran los tiempos del indie y Malcolm Scarpa, siempre fiel a sí mismo y a su visión artística, pasó nuevamente desapercibido. Su profunda cultura musical, su gusto exquisito y su excepcional habilidad compositiva no significaban nada para aquella gente más preocupada de agachar la cabeza correctamente al ritmo de farragosas y absurdas guitarras y de salir bien en las fotos.

The Road Of Life Alone (1995) es el disco que sigue a estas dos maravillas y que, nuevamente, y como ya es costumbre en el autor, cumple las expectativas suscitadas por sus precedentes. Malcolm Scarpa no abandona la estela de una sorprendente racha creativa y entrega de nuevo veintiséis fabulosas canciones que investigan diferentes estilos pero que siempre, al final, buscan ser adhesivas y perfectas. "Gonna Pull A Party" es un energético comienzo en el que se recorre la senda del power-pop nuevaolero, "Frolic Vamp" fue concebida al calor de los primeros discos de McCartney en solitario -autor con el que Scarpa comparte la facilidad para sacarse melodías de la manga- y "She Was a Little Gem", con sus efluvios americanos de carreteras junto al desierto, acaba siendo altamente infecciosa. "I Wish I Could Fall In Love Today" resulta encantadora, es una preciosidad en la que Scarpa vuelca su ingenio creativo para desarmarnos con un estribillo demoledor. A gran altura vuela también "Claire, Marie Claire", desconsoladoramente triste, de nuevo con ecos del mejor Elliott Smith, una conmovedora obra maestra que no llega al minuto y medio, presentada en esencia y sin efectismos, de manera que sus efectos se multiplican. Como en todos los discos de Scarpa, salen clásicos hasta debajo de las piedras, canciones de oro que coyunturalmente se situarían en los sesenta pero que provienen de un autor pop de primer orden, y aquí es donde hay que incluir "Cellophane House", "Slap Happy Anna" o "I Got My Eyes On You" (que sin exagerar, podría formar parte de las canciones más desnudas del Let It Be). Como siempre, la sangre de Ray Davies se cuela en todas las esquinas, brotan preciosos instrumentales (destacaría la languidez de "Fue un otoño estupendo") y, en conjunto, el resultado es otro disco para inspeccionar, admirar y disfrutar durante mucho tiempo. Con The Road Of Life Alone, Scarpa cierra una trilogía que quebranta cualquier análisis cualitativo, uno de los paisajes más exuberantes, imaginativos y personales del pop, tres discos que responden a una misma ideología y a una inspiración que no desfallece en ningún momento, generosos en cantidad y en sensaciones, magnéticos, rotundos. Sin embargo, su escasa -y sonrojante- repercusión no afectó a Scarpa, que al año siguiente, en 1996, tenía preparado otro disco.

Con 33 1/3 Microsillons, Scarpa cambia ligeramente su propuesta. Si la trilogía anterior consta de tres discos de autor sin concesiones, perfectamente intercambiables entre sí por seguir un mismo esquema y compartir la filosofía del White Album de los Beatles, es decir, creatividad sin cocinar demasiado y de múltiples aristas, las canciones de este disco sí que son sometidas a un cuidadoso pulido. Aunque se mantiene el tono artesanal, el número de canciones desciende hasta quince y se fortalece la cohesión interna. Scarpa busca un disco más redondo y unitario, una obra plagada de hits, de canciones pop perfectas que podrían entenderse perfectamente como un disco de éxitos de un gran grupo de los sesenta en la onda de los Zombies o los Kinks (de hecho, sólo añade un instrumental). 33 1/3 Microsillons termina siendo su disco más luminoso, más cargado de estribillos y de claras reminiscencias al pop de la invasión británica. No hay más que escuchar "Hospitals" para darse cuenta de todo esto, una reinvención de "Do You Remember Walter" de los Kinks, y que acaba convirtiéndose en el mejor homenaje que se ha hecho nunca en España al grupo de Ray Davies (atentos al genial detalle de las carcajadas). "Solange Rivegauche" parece uno de los destellos pop de Graham Gouldman, tranquila y sensible, y "A Tribute To la France" es una mezcla entre el estilo de vodevil de los Kinks y el McCartney más apegado a los discos de los años veinte. El Brian Wilson de la época Smile hace aparición en la delicada "Friends Everywhere", y "Heartbreak Ahead" es puro pop de chicle, un single que habría sonado hasta desgastarse en los guateques de aquella época. Pocas cosas enganchan más que la inquietud psicodélica de "You Might Get Better", antes de que llegue una obra maestra absoluta como es "Solitude Is a Magic Word", que podría haber salido como canción destacada en el Something Else, robada a los Kinks desde el futuro, melancólica, juguetona e inmortal. Pero hay más canciones increíbles: ahí está la alegría inmediata y festiva de "Gotta Get You Somehow", la urgente "My Little Alarm Clock" o el pop que prende como un cartucho de dinamita de "This Time". Todo esto acaba haciendo de 33 1/3 Microsillons el disco más accesible y soleado de Scarpa, y quizá también el mejor para iniciarse en su música.

Es posible que tras el brillante resultado de este disco, que a pesar de todo tampoco obtuvo demasiado eco -aunque sí muy buenas críticas-, Scarpa empezara a contemplar la posibilidad de abrir más su música y acercarla a ese tipo de sonoridades a las cuales las revistas prestaban atención. Para ello formó un grupo, The Jacquelines, con el que grabó en el 2000 Jaimita, Songs Of Tragedy and Grotesque. Más allá del desafortunado título, Malcolm Scarpa se aparta por completo de la línea que había seguido hasta entonces e idea unas canciones (sólo once) que se mueven más o menos en el rock soñador de grupos como The Flaming Lips, Mercury Rev o The Soundtrack of Our Lives. Si antes sus canciones se clavaban rápidas y certeras en la diana, ahora quedan paralizadas por un manto de guitarras y de bajos adormecidos que quitan mucha espontaneidad al asunto. Tan sólo en dos temas ("Never Have To Cry" y "Jour de Fete") se vislumbra al Scarpa de siempre, pero en el resto, demasiado largos y con excesiva importancia de las texturas, se pierde algo importante, la chispa se diluye sin solución posible. Nuevamente, y a pesar de su sonido y trazado contemporáneo, el disco apenas tuvo repercusión y el fracaso tuvo a Scarpa en el dique seco hasta el 2004.

Llega entonces Las cosas cambian, su primer disco cantado en castellano, que es un regreso al camino de su pop de autor matizado por variados sabores. Estilísticamente es también su obra más dispersa, aunque acotada de nuevo a quince canciones entre las que, como siempre, predomina el pop romántico, idealista y de formas clásicas. "Formica 2000" es una sorprendente introducción con las formas del jazz, pero "El estanco de Paula" demuestra aquello en lo que Scarpa es maestro, una canción que no llega a un minuto y medio y que insinúa entre formas bellas y sosegadas todo un mundo de nostalgia. Las canciones esquemáticas, perfectas y humildes siguen su camino con "Las cosas cambian" y su vocación de single, la suave elegancia de "Salud y Bienestar", otra vez la magia Kink en "La farmacia ambulante" o, sobre todo, el dolor hueco, sordo, frío, tan cercano y humano, con el que es tan posible sentirse identificado cuando se echa de menos a alguien que ha sido muy especial, que destila "Una tarde en Madrid". Muy atractiva y original es "La Agenda Skaetilica", casi tanto como "Interesante", terriblemente adictiva a pesar de su heterodoxia o de querer parecer una broma (es inevitable que al final nos acabemos fijando en todos sus detalles). Por otro lado, los himnos made in Scarpa -aquellas canciones que parecen grabadas por grupos clásicos- tienen su representación en "Viva la mediocridad", de infatigable ritmo trotón. En definitiva, el conjunto es otro excelente ramillete de canciones que demuestran que Scarpa sigue en forma y que prometen grandes satisfacciones en su más reciente disco, El Traje Vacío, publicado este mismo año y de momento sólo en vinilo.

Investigar -y disfrutar- la discografía de Malcolm Scarpa es imprescindible para quienes disfruten con canciones sencillas, tratadas con mimo, y de placer y belleza inmediatos. La generosidad de Scarpa en este sentido nos proporcionará cientos de horas acompañados de su preciosa y refinada música, una puerta secreta para cruzar la dimensión en la que los Kinks, los Beatles y Pete Dello continúan componiendo canciones, expresando sentimientos y sensaciones en peligro de extinción en los últimos años. Sus discos convierten a Scarpa en uno de los autores más importantes del pop de los últimos años, una figura de primera división que jamás importará a quienes prefieren tomar la música como excusa y no como fin en sí misma.

En emule está disponible su discografía. Recomiendo descargarla porque muchos de sus discos están agotados, pero siempre es mucho mejor tenerlos originales, sobre todo en el caso este artista. Podréis comprarlos en la página web de su discográfica, Hall Of Fame.

Artículo recomendado:
"Malcolm Scarpa", en Add Some Music To Your Day

18 comentarios:

GRITOS EN EL CINE MUDO dijo...

sr. glasshead,

que los artículos de este blog me llegen a lo más hondo comienza a ser norma ya.
poseer los discos de Malcolm scarpa, que me llamen esnob o elitista me da igual, me hace sentir superior al 99,99% de los humanos de este planeta. Me hace sentir parte de un selecto club de personas sensibles y con buen gusto capaces de descubrir perlas donde otros no ven tres en un burro.
Además su discografia esta plagada de rarezas; el sg. de vinilo extraido de "My devotion" con canciones ineditas y nuevas versiones, la edicion en vinilo de "The road..." con canciones diferentes a la del cd y la mayor de todas y mi cancion favorita de malcolm; un sg. de vinilo compartido con otros artistas de Triquinoise en el que el genio desgrana en directo la más bella versión de My funny Valentine jamás escuchada.
Gracias malcolm

Pepo dijo...

El Sr. Escarpa, no se porque extraño motivo, es el típico músico que conoces de oídas pero siempre se dejan pasar sus discos. Después de este artículo, definitivamente habrá que escucharle.

Anónimo dijo...

Estimado amigo, entiendo que nos orientes a buscar la discografía del Sr. Scarpa en sus originales. Pero no dar un enlace de descarga por rapidshare, y en lugar refreirse a emule (lugar de p2p insufrible), para poder descargar al menos una muestra de su música, no parece de tu política habitual. Por mi parte, y seguro, que la de otros que no han podido escuchar nada de é, yo estaría más interesado, si nos dejaras algún enlace más accesible a un disco suyo, me gustase y comprar alguna cosa. Esto es una petición claro, no una obligación.

Gracias y un saludo.

Mr. Glasshead dijo...

gritos en el cine mudo: en el caso de Scarpa es muy difícil comprender que no se le conozca mucho más, que se le dé tan poco espacio. Sus discos son de una exquisitez increíble, toda una delicia que siempre ha permanecido en el mundo de lo "subterráneo".

pepo: imprescindible escucharlo, es algo que no tiene precio. En mi caso, superó ampliamente mis expectativas.

anónimo: envíame un correo electrónico (puedes verlo en mi perfil)

Orbison dijo...

Un es queda tonto quant et llegeix, però encara més quant escolta el que recomanes. obviament me'l apunto aquest.

Mr. Glasshead dijo...

Orbison: gràcies amic. Penso que també t'agradaran molt els sons de pop primitiu del grup del post anterior (Sceptre)

Fiz De Cotovelo dijo...

Acabo de descubir tu blog y me he quedado con la boca abierta. Mi más sincera enhorabuena, esto es una pasada!! Te he agregado a mis links en mi mp3blog.

Saludos.

Mr. Glasshead dijo...

Gracias fiz, enlazado quedas tú también

Don Manolo dijo...

Al señor gritos en el cine mudo le diria que compartiera esas joyas en vinilo, mas que nada porque son dificiles de conseguir y uno se enganchó al sr Scarpa en el 33 1/3 microsillons.
No sé que discos vendrán en la descarga de Emule, pero si faltan y alguien los necesita, puedo aportar (a parte de los citados en el artículo) el single This Time y el single El estanco de Paula.

jfkink dijo...

Creo que también es importante hablar de sus directos. Un concierto de Scarpa es, como diría él, something else.
La primera vez que lo vi fue en El Sol en el 94, antes de oir su 1er disco. Fue mágico, distinto, sorprendente. Un tipo raro, con un sombrero estrafalario, tímido, feo, que poco a poco llena un concierto de canciones, experiencias, clásicos. Luego lo he visto más veces y siempre ha sabido dar something else.

Laurent dijo...

Yo lo conocí allá en el 96. Tenía 17 años. Su música siempre me sirvió de inspiración y su huella ha sido en mí imborrable. Por favor, el único disco que me falta es justamente el de los Jacquelines. Si alguien puediese ponerlo me haría extraordinariamente feliz. Gracias.

mr bojangles dijo...

yo tengo toda su discografia! lo conozco desde su primer disco,para mi es un genio que ha pasado bastante desapercibido,recuerdo la primera vez que lo vi en directo,tenia como 20 años,y fue impresionante!los pelos de punta...viva malcolm y gracias por tantas tardes de felicidad escuchandote!

Anónimo dijo...

Sus directos son algo excepcional. Yo siempre la gozo en ellos.

philsheldon dijo...

crec que el seu disc de 2008 està entre els millors de l´any de la rockdelux...què tal les lletres?

Anónimo dijo...

mr bojangles crees que sea posible que me ragalaras unas copias de sus discos hace años que trato de conseguir algo de el y no puedo, soy de Mexico y mes es muy dificil conseguir musica buena por estos lares, te estare eternamente agradecido, te dejo mi correo por si acaso

bocrog@hotmail.com

Menyu dijo...

Hola mr bojangles otra ves yo por aca molestandote, hace un tiempo me mandaste un correo en relacion a los discos de Malcolm Scarpa, te devolvi el mismo pero ya no obtuve respuesta, seria posible que me regaras unas copias de los disco que me comentaste, estria genial tenerlos en mp3, gracias y un abrazo.

Anónimo dijo...

http://malcolmscarpa.bandcamp.com/

Anónimo dijo...

Unos de los grandes.