miércoles, octubre 03, 2007

Velvet Crush, "Teenage Symphonies To God"

Algunos discos nacen de la furia creativa, de un disparo poderoso que avanza incesable, que se ha formado por la acumulación de ideas y por un estado de inspiración y de creatividad fuera de lo común. Todo esto podría aplicarse al segundo disco de Velvet Crush, Teenage Symphonies To God, publicado en 1994, un portento absoluto en la historia del pop, una de las gemas que nos dejaron las olas de los noventa, y nunca lo suficientemente valorado. Es un disco con sabor a verano, a melodías dulces envueltas en guitarras briosas, que no obstante escapa a las clasificaciones. Su particular sonido, casi saturado por toda la savia del pop que lleva dentro, enérgico, variado y dispuesto a configurar infinitas historias imaginarias, es uno de los mejores logros dentro de la música sin pretensiones.

Es un disco de espíritu romántico, quizá idealista, a veces nostálgico, en el que tienen cabida no sólo distintos formatos de canción, sino también guitarras potentes, riffs infecciosos y voces exquisitas entregadas a melodías que vienen del cielo. Tanto el título, como la portada, ambos guiños a las señas de identidad de la música de Brian Wilson, catalogan perfectamente la energía joven y resuelta que se desprende ya desde la primera canción. "Hold Me Up" es el inicio de algo especial, con sus guitarras furiosas pero, al mismo tiempo, amigables (nada de "guitarras abrasivas" a lo Sonic Youth, por poner un ejemplo). Y entre esas líneas de fuerza se cuela la melodía, que enseguida juega sus cartas: pop puro, emocional, al grano, como el de las primeras canciones de los Beatles, y envuelto en coros cristalinos. Parecen jugar a definir el power pop: las guitarras calzan la canción y la empujan a la estratosfera, de alguna manera se sube al máximo la extraña y etérea ilusión que produce escuchar este tipo de música. La segunda, "My Blank Pages", incrementa las revoluciones, no se deja de lado la melodía ni las armonías pluscuamperfectas, pero la línea de guitarra es infecciosa, potente, enérgica, fascinante. Después de dos cañonazos así llega una magnífica versión de Gene Clark, "Why Not Your Baby", que pese a sus sonidos country -incluido el mismo deje de la voz de Clark-, encaja a la perfección en el espíritu del pop clásico. "Time Wraps You" es capítulo aparte: el sonido de una noche de verano se confabula para crear esta canción, cálida, tierna, una sencilla balada que rompe en un estribillo tan pulcro e ingenuo que parece pensado para hacer llorar.

Con "Atmosphere" tenemos sencillamente la canción perfecta. Una melodía que parece un clásico de otro tiempo, con una furibunda inyección power pop, y unas guitarras hawaianas acercando el sonido a lo divino, realmente deliciosas, elásticas, y con un papel esencial para arañarnos por dentro. Y lo que destaca en "#10" es su apabullante sencillez, dentro de un sonido más acústico e intimista, con arreglos de cuerda encantadores y giros melancólicos en la melodía que suscitan una aguda sensación de belleza, apoyada por unas voces limpias y casi susurrantes. Otra obra maestra de dos minutos, para luego entrar de pleno en "Faster Days", canción que rebosa emociones, que parece una historia de nostalgia explicada desde una humanidad abrumadora, con ese especial sonido de armónica y los coros más perfectos que nunca. Podría decir que es mi favorita si no fuera porque todo lo que hay en este disco me gusta mucho; lo que sí es cierto es que se trata de uno de esos temas que perduran a lo largo de los años y que, a poco que nos descuidemos, se va a colar sigilosamente en nuestra historia personal.

Y aún queda mucho más. Por ejemplo, "Something's Gotta Give", un tema de Mathew Sweet donde destaca su particular cóctel de melodía, guitarras de querencia rock y cierto espíritu psicodélico (aunque en mi opinión, con este disco Velvet Crush superaron ampliamente a cualquiera de los de Sweet). "This Life Is Killing Me" parece una especie de clásico del indie, sus guitarras cabezonas son increíblemente adictivas, sobre todo el golpe de rabia del final del estribillo y esos "pa, pa, pa" que estructuran una canción donde la melodía se subyuga más al ritmo. Con "Weird Summer" regresan los virtuosismos melódicos, la canción es una gloriosa exhibición de habilidades compositivas, de belleza perfecta, sublime e inmediata, con un sonido que es el colmo de la transparencia y la nitidez. Y por supuesto, en un disco que es una de los hitos del pop de los 90 no podía faltar la referencia a los maestros de esa década: "Star Trip" es un declarado, honesto y magistral tributo a Teenage Fanclub, como si en un alarde de facultades se hubiesen propuesto alcanzar su mismo nivel con idénticas armas, y lo consiguen, porque está a la altura de las mejores canciones del grupo escocés. Ya para acabar, "Keep On Lingerin'" adopta de nuevo un revestimiento country, al estilo del Gram Parsons de los Flying Burrito Brothers, una balada apaciguada y sincera con la que se cierra relajadamente todo un titán de los discos del pop.

Velvet Crush grabaron después buenos discos, pero nunca se acercaron ni por asomo a esta maravilla, y tampoco es algo que se les pueda echar en cara. Un sonido tan preciso y a la vez tan dúctil y variado, junto a unas canciones que oscilan entre lo muy bueno y lo grande, es algo que está al alcance de poquísimos grupos y que surge en momentos muy puntuales. En definitiva, otro de los grandes clásicos olvidados del pop, que el tiempo poco a poco va poniendo en su lugar, y que podéis encontrar aquí:

Velvet Crush. Teenage Symphonies To God (1994)

4 comentarios:

Orbison dijo...

Joder Glass, ets una autèntica mina de sensacions musicals, encara no he paït Iberos, que enganxen de veritat, quant em presentes un grup que desconec totalment i que a vistas de les referències que exposes son, de nou, d'obligade audició ( ja estoy en ello ), joder ...lo dit : una mina !!...hauries d'escriure cada dia !!!!!!.
Cuidat, gracies i salut !!

revolver dijo...

Estando de acuerdo contigo en la calificación que haces de este disco, discrepo en la comparación con los discos de Matthew Sweet, creo que "Girlfriend" y "100% Fun" son dos discos de muy alto nivel musical, y si no quieres que sean mejores, sí al mismo nivel que este fantástico álbum.
Un saludo.

carrascus dijo...

Joder tío... ni me acordaba ya. "Hold me up" fue una canción que sonó insistentemente en "El trip de las 5", el programa que solía hacer en la radio.

Para que no llegue a mayores esa diatriba con Mathew Sweet sobre si mejor o peor quizás os interese saber que deben ser bastante amigotes unos y otros y pasárselo bien intercambiando canciones. Digo ésto porque hará unos tres años más o menos me pilló en Madrid un concierto de Mathew Sweet, en el "Aqualung", creo, y el tío dió el concierto acompañado por casi todos los Velvet Crush, fue una sorpresa total para mí; e incluso hicieron canciones de los Velvet, reconocí cuatro por lo menos, entre ellas, claro, "Hold me up", en la que Mathew se retiró a un discretito segundo plano para dejar que los Velvet se lucieran. Todo un puntazo, y un viaje de trabajo que se convirtió en placer por esa noche.

Mr. Glasshead dijo...

orbison, aquest disc no te'l pots perdre, espero que t'agradi perquè la veritat és que no té preu.

Revolver: Personalmente, Mathew Sweet me gusta a ráfagas, he escuchado mucho los dos discos que citas, especialmente el 100% Fun, y "Sick of Myself" me parece una genialidad, no digo que no tengan nivel y quizá de mi frase debería haber borrado el "ampliamente". Reconozco el valor de Sweet en el campo de las guitarras y las melodías, pero sus discos, enteros, se me hacen a veces indigestos o inflados, mientras que el de Velvet Crush me hace vibrar de principio a fin. Pero en absoluto le quito méritos a Sweet y a su gran habilidad para crear maravillosas canciones, joyas del power pop. De hecho, como dice Carrascus, V. Crush y Sweet son amiguetes.

"Hold Me Up" es increíble Carrascus, no me extraña que no parases de radiarla. Otra anécdota: Rick Menck les quitó a Gigolo Aunts la idea de grabar un disco acústico y melancólico, y por eso "Hello", la primera canción de "Ocean Pacific Blues" está grabada con esa garra y furia guitarrera. Otro buen disco, por cierto.