sábado, enero 06, 2007

Las 100 mejores canciones del pop

He aquí la sorpresa: una lista sobre las que a mi parecer son las 100 mejores canciones de toda la historia del pop, entendido como ese estilo que empezó a desarrollar Buddy Holly al suavizar las formas del rock y darles un contenido mucho más melódico, pero sin perder su energía. Junto a cada canción escribo un breve comentario sobre por qué considero que merece estar en la lista. Mi última intención es que algo así parezca dogmático, sólo pretendo mostrar lo que a mi entender es un rápido panorama de la historia del pop (que extrañamente parece un estilo sometido a un concepto más general, rock, cuando en mi opinión son cosas distintas), y claro, una expresión de lo que yo creo que es el pop.

He puesto canciones, y no discos, porque para mí es la esencia de la música popular, el single redondo, sin más complicaciones, sin absurdas teorías de "disco como concepto" que muchas veces sólo sirven para camuflar la falta de ideas. Por eso no indico dónde aparece cada tema, ya que además muchos de ellos sólo fueron editados como single. En cualquier caso, si alguien quiere saberlo que lo pregunte en los comentarios y se lo diré. Y además, en este enlace de E-mule:


podéis encontrar un archivo comprimido con todas las canciones ordenadas.

¡Espero que os guste!

1. Buddy Holly
. Words of Love (B. Holly). 1957

Esta canción prefigura todo el pop que vino después: guitarras poderosas y cristalinas, una hermosa melodía y una base rítmica vibrante, elementos absolutamente novedosos en la época. Sin Buddy Holly las cosas habrían sido muy distintas y muchos de los nombres de esta lista ni siquiera existirían.

2. The Beatles. I Want To Hold Your Hand (Lennon/McCartney). 1963

Los mejores aprendices de Buddy Holly, que tomaron todas sus características y las enriquecieron con múltiples influencias de la música contemporánea. Pop por la cara, pegajoso y con un infinito talento que pasaría a formar parte inmediatamente del imaginario colectivo.

3. The Ronettes. Be My Baby (Barry/Greenwich/Spector). 1963

Posiblemente la canción ideal. Un comienzo con redoble y castañuelas imitado posteriormente hasta la saciedad, una insuperable melodía de súplica amorosa adolescente, una voz cargada de sensualidad e inocencia y unos coros que alcanzan la perfección en el estribillo. Todo esto le valió a Phil Spector la inmortalidad como productor.

4. The Beach Boys. Wouldn’t It Be Nice (Usher/Wilson). 1966

Brian Wilson fue un alumno aventajado del pop, con un talento inigualable para la melodía, que captó perfectamente el cambio de orientación que se estaba produciendo en 1966 hacia un estilo mucho más elaborado y sofisticado. Esta canción es un elogio descarado a la belleza y al espíritu, un canto al paraíso, alegre y entusiasta, plagado de campanillas y voces celestiales.

5. Love. Alone Again Or (B. MacLean). 1967

Las complicaciones psicológicas producidas por las drogas se convierten aquí en poesía y en belleza. Bryan McLean consiguió una canción extraña, llena de arreglos de viento mexicanos y de cuerda, pero sin renunciar en ningún momento a un maravillo espíritu pop.

6. The Byrds. Feel A Whole Lot Better (G. Clark). 1965

Qué decir de un grupo como The Byrds, que meten en la misma batidora componentes tan diversos como el folk norteamericano, Bob Dylan, las guitarras de doce cuerdas, el rock y las melodías de los Beatles. El resultado es esta inigualable canción, con un extraño aroma producido por las diferentes mezclas de estilos.

7. The Walker Brothers. The Sun Ain’t Never Shine Anymore (S. Walker) 1967

Un clásico absoluto desde el primer segundo, con ese aire opulento y majestuoso a lo Spector, y una melodía que fluye cual arroyo entre tanta elegancia, con la exquisita voz de barítono de Scott Walter. Pompa hermosa y decadente para una de las mejores canciones sobre el desamor.

8. The Kinks. Afternoon Tea (R. Davies). 1967

Entre tantas obras maestras de Ray Davies, mejor elegir ésta, más desconocida, pero que concentra todas las características que le hicieron grande: la nostalgia, el acentuado sabor británico y las melodías infecciosas, en este caso sazonadas con unos coros brillantes y con un estribillo que trataron de imitar sin compasión los grupos del brit pop de los años 90.

9. The Remains. When I Want To Know (B. Tashian). 1966

Para The Remains, su máximo logro fue llegar a ser los teloneros de los Beatles. Entre las sombras quedó esta canción, que incomprensiblemente nunca fue publicada, uno de los mayores hitos del pop británico, tres canciones en una: un comienzo misterioso y austero, un puente agresivo y casi punk, y un final glorioso en forma de explosión de azúcar. Perfecta.

10. The Searchers. Needles and Pins (Nitzsche/Bono). 1964

La mejor versión de esta canción corre a manos de The Searchers, un correcto y pulcro grupo de la invasión británica, aunque de segunda fila. Con la limpieza de su sonido transmiten a este tema una fuerza insólita, casi abrumadora en su mezcla de guitarras explosivas y una melodía dulce y adolescente que se ha convertido en una leyenda de los 60. Durante tres minutos, fueron grandes.

11. The Beatles. Help (Lennon/McCartney). 1965

La canción pop perfecta es ésta. Imposible hacerlo mejor con más sencillez. Talento en estado puro, todo en su sitio, ninguna voz de más, ninguna palabra de menos. Ideales golpes de efecto en las mejores partes de la canción y un excelente sentido de la armonía y de la conjunción de voces. Nada tiene desperdicio y nadie lo hizo tan bien como ellos.

12. Roy Orbison. It’s Over (R. Orbison). 1964

La mejor voz del pop se entrega aquí a la causa de la melodía triste, desazonada. La relación se ha terminado, y darse cuenta de esto pone los vellos de punta, sobre todo si nos lo cuenta Roy Orbison con una forma de cantar que no da lugar a la esperanza. Por momentos, casi de ultratumba. Posiblemente la canción que más llantos ha provocado.

13. The Rolling Stones. I’m Waiting (Jagger/Richards). 1966

Los acercamientos de The Rolling Stones al pop más puro y desenfadado siempre dieron estupendos resultados, y esta canción es la prueba de ello. A una melodía perfecta se le suma una voluntad de investigación, de nuevos sonidos que vayan más allá, ya tocando con las puntas de los dedos la psicodelia, y de hecho esta canción puede entenderse en parte como una especie de mantra pop.

14. The Move. Blackberry Way (R. Wood). 1969

Roy Wood, su compositor, siempre dijo que fue su mejor canción. Y no se trata de quitarle la razón, sino todo lo contrario, no podía estar más acertado. Una de las canciones más imaginativas de los 60, con la utilización de un órgano que parece de película de terror, y como contrapunto un brillante y soleado estribillo que mira cara a cara a los gigantes de la época.

15. The Zombies. Hang Up on a Dream (R. Argent). 1968

Inquietante explosión psicodélica entre pianos, violines y, sobre todo, la cálida y única voz de Colin Blunstone, con la culminación del estribillo, repleto de onirismo y poesía, uno de los momentos más bellos y misteriosos del pop. El mejor tema de un gran disco, Odessey and Oracle, que permaneció sin publicar durante muchos años.

16. The Beach Boys. God Only Knows (Usher/ Wilson). 1966

La canción con los mejores arreglos de todo el pop, que en ocasiones la dotan de un tono ultraterrenal y divino, como si Brian Wilson no estuviera componiendo, sino traduciendo las voces del más allá. Belleza paradisíaca y de ensueño plasmada con un grado de precisión que después Brian perdería. Una delicia para el oído y una enorme aportación al género humano.

17. The Merseybeats. Wishin’ and Hoppin’ (Bacharach/David). 1964

La mejor canción de Burt Bacharach, la que mejor demuestra su infinita habilidad compositiva, su inagotable inventario de recursos, su capacidad para mezclar varios ritmos y melodías que a priori no tienen nada que ver, sin que quede forzado. Composición tan compleja y matemática como encantadora y pegadiza, sobre todo gracias a la enorme versión de los Merseybeats y a la voz profunda y tierna de Tony Crane.

18. The Marvelettes. Please Mr. Postman (Dobbin/Garrett/Garman/Biranbert). 1961

La canción prototípica de los grupos de chicas de mediados de los sesenta: arreglos coquetos, voces casi adolescentes y coros emocionados, canciones de amor con una melodía arrebatadora, como la que nos ocupa. Atención a la guinda que es la parte final.

19. Four Tops. I Can’t Help Myself (Holland/Dozier/Holland). 1965

Canción enérgica e infecciosa, en esa frontera desdibujada entre el soul y el pop en la que frecuentemente se situaba la factoría musical Tamla Motown, y con su característica base rítmica. El tema, además, incluye una de las letras más deliciosas y sensuales del pop, su legendario e insuperable “sugar, pye, honeybunch”.

20. The Beatles. Lucy In The Sky With Diamonds (Lennon/McCartney). 1967

Paraísos artificiales, pero paraísos al fin y al cabo, que los Beatles cantaron como nadie en esta canción dedicada al LSD (¿queda alguien que todavía no lo crea?). Una explosión imaginativa sin precedentes, tanto en el fondo como en la forma, esta última inquietante, alucinógena, con sus instrumentos musicales indios, su bajo omnipresente y ese insólito punteo de guitarra que ya ha pasado a la historia. Y el estribillo, sencillamente genial, quizá el mejor del pop psicodélico.

21. Honeybus. Do I Still Figure in Your Life (P. Dello). 1967

Esta canción es puro pop de cámara, con sus cuerdas y sonido clasicista, pero la distingue la incontenible ternura que Pete Dello sabía expresar, tanto con su manera de cantar como con su forma de componer. Tristona y envolvente, con un sonido cálido, muy humano, que arropa y que invita a escucharla como algo especial susurrado al oído.

22. Elvis Costello. Oliver’s Army (E. Costello). 1979

Elvis Costello logró ir puliendo su estilo, hasta pasar de ser un extraordinario compositor del pop nuevaolero a un genial autor de canciones de pop atemporal. Ésta es su obra maestra dentro del estilo clásico: arreglos coloristas y una melodía emocionante que bebe de lo mejor de los 60. Gusto exquisito, gran talento y una de las últimas grandes canciones de los 70.

23. The Shirelles. Will You Still Love Me Tomorrow (Goffin/King). 1960

Lo que hace especial esta canción estándar de grupos de chicas es el estribillo, cargado de nostalgia y miedo a la desilusión, escaparate de los temores adolescentes, y envuelto por un ritmo elegantísimo, casi puntilloso.

24. The Lovin’ Spoonful. Do You Believe In Magic (Sebastian). 1965

Cómo hacer una canción increíble con cuatro retazos: una pegadiza introducción mediante acordes de guitarra y una melodía directa, sin trampas y feliz. Uno de los mejores ejemplos de que en esencia, el pop es sencillez.

25. The Seekers. Georgy Girl (Springfield/Dale). 1966

Este grupo australiano de folk, reconvertido a conjunto pop superventas, mejoraba cuando se apartaba de las canciones de fraternidad tocadas junto a la hoguera. La prueba es este magnífico tema, sin pretensiones de verdades profundas ni de salvar el mundo, bonito porque sí, cantado con una voz irresistible que se entrega a su melodía circular.

26. The Boys. Baby It’s You (The Boys). 1979

Podría hablarse de ellos como una excepción, un extraño caso en el mundo de la música pop: cómo un grupo que sólo publicó tres singles en vida consigue este clásico de todos los tiempos, todavía muy desconocido, pero que lo tiene todo para estar en el panteón de los grandes: una melodía inusual y atractiva, misteriosos coros con expiraciones y un estribillo a la altura del mejor Spector.

27. Sagittarius. Another Time (C. Boettcher). 1967

Muchas veces se dice que el sunshine pop era algo vacío, tramposo, sin contenido dentro de su carcasa de arreglos melosos y bonitos. Esta canción demuestra lo contrario: cómo a veces una gran y emocionante melodía queda mucho mejor en un envoltorio imaginativo. Ambrosía pop en apenas tres minutos.

28. The Who. The Kids Are Alright (P. Townshend). 1965

Esta canción inequívocamente huele a Beatles, en aquella época parecía algo inevitable, pero sin duda es un gran tema, pegajoso y alegre. Además, The Who saben aportar su particular sonido, un sonido en el que la fiereza de la guitarra parece siempre a punto de merendarse la melodía. La tensión resultante hace que esta canción sea única.

29. Syd Barrett. Baby Lemonade (S. Barrett). 1970

Syd Barrett vivía en otro mundo, y la mejor prueba es esta canción. Si alguna vez llegara a la tierra un disco con canciones marcianas, probablemente alguna de ellas se parecería a ésta. Una melodía insólita, preciosa en su excepcionalidad, y que dice mucho sobre lo que le pasaba por la cabeza al autor. Además, unos arreglos fenomenales y adecuados, incluido un teclado casi imperialista que lo invade todo y que da mucho miedo.

30. George Harrison. My Sweet Lord (G. Harrison). 1970

Ni hablar de plagio de oscuras canciones de grupos de chicas. Esto es algo único en su magnífica combinación de soul, gospel, folk y pop, en el gran acierto de los cánticos religiosos empleados como coros, en la delicada y modesta voz de Harrison, en el cambio de ritmo que se produce mediada la canción. Imposible encontrar algo remotamente parecido.

31. The Beau Brummels. Laugh, Laugh (Elliott). 1964

Impresionante canción donde la tristeza se palpa ya desde la armónica del comienzo. Una voz moderada, sin excesos y al mismo tiempo muy personal da forma a uno de los temas más infecciosos y directos de los 60.

32. Badfinger. No Matter What (P. Ham). 1970

La mejor canción de guitarras y melodía. Todo un caramelo pop lleno de sentimiento e inocencia, con una energía descomunal provocada por una batería y unas guitarras venidas directamente del rock. Con un sonido duro pueden hacerse canciones tan bonitas y limpias como ésta.

33. The Supremes. You Can’t Hurry Love (Dozier, Holland, Holland). 1966

Un clásico de la factoría Motown, con su especial sentido del ritmo, una melodía casi de juguete cantada con la voz dulce de Diana Ross, y nacida para ser bandera eterna de los amores adolescentes.

34. The Hollies. Just One Look (Doris Payne/Gregory Carrol). 1964

Canción ultrafamosa de Doris Tray, que The Hollies convirtieron en algo nuevo. Si la versión original era algo apolillada, The Hollies, con sus guitarras cristalinas, su irrefrenable ritmo y ganas de diversión y, especialmente, sus voces angelicales rozando la perfección, hicieron de ella un clásico del pop de todos los tiempos.

35. The Ramones. The KKK Took My Baby Away (J. Ramone). 1981

El punk normalmente está asociado a la transgresión y al desprecio de la norma, pero escuchando esta canción se descubre lo mucho que esto tiene de tópico. Joey Ramone era un fanático de las melodías clásicas, adolescentes y acarameladas de los 60, a las que aplicaba una particular aceleración. Y esto es lo que tenemos aquí, guitarras que van al grano con una melodía que en cuanto a belleza y sentimiento podría figurar junto a cualquier clásico atemporal.

36. The Flamin’ Groovies. Take Me Back (Jordan/Wilson). 1978

Flamin’ Groovies empezaron siendo un grupo de rock and roll sucio y primitivo, tendencia que fueron cambiando hacia una sensibilidad pop sin paliativos que tomaba como punto de partida los referentes de los años 60. En esta emocionante y nostálgica canción parecen los Byrds, los Beatles y Phil Spector, todos al mismo tiempo, y no sólo en cuanto a formas, sino también, y esto es mucho más difícil, en cuanto a calidad.

37. The Left Banke. Let Go of You Girl (Brown). 1967

Abanderados del pop de cámara en Estados Unidos, discípulos avanzados de The Zombies, los impresionantes The Left Banke alcanzaron aquí una de sus más elevadas cotas, con un teclado que se pega al alma nada más escucharlo y una canción que demuestra en dos minutos y medio que el pop ya era maduro y podía absorber cualquier influencia sin renunciar a su espíritu de inmediatez.

38. Game Theory. Regenisraen (S. Miller). 1986

Una de las joyas del folk de todas las décadas y la pieza que hace de este grupo uno de los más grandes –y desconocidos– de los 80. Sensibilidad, belleza otoñal y, especialmente, un estribillo a varias voces que alcanza niveles de experiencia mística: imposible definirlo con palabras, mejor escucharla y dar gracias a Scott Miller y al excepcional estado de forma en el que se encontraba cuando la compuso.

39. Rockpile. Heart (N. Lowe). 1980

Realmente tiene mérito componer, ya casi acabados los 70, este clásico del sonido Motown, del pop inocente de principios de los 60, con un chorro de voz emocionado y casi enamorado y con la energía de las guitarras de la nueva ola. En aquella época, el talento de Nick Lowe parecía no tener límites.

40. The Nerves. When You Find Out (P. Case). 1976

The Nerves se inventaron en Los Ángeles una escena de donde no la había. Con tan sólo un EP en su haber, hicieron que muchos de los grupos del momento volvieran a tomar a los Beatles y a los Rolling Stones como punto de referencia. Esta canción tiene una innegable sensibilidad Beatle, un tanto acelerada y directa por el espíritu de urgencia punk, rabiosa en su despecho, genial en sus logros. Pegadiza, emocionante e inolvidable.

41. Gram Parsons. She (Ethridge/Parsons). 1972

Gram Parsons consiguió llevar el country a un punto donde era muy difícil considerarlo simplemente como tal. Influido por toda la música de los 60, en esta canción obviamente hay country, pero impregnado de una irresistible sensibilidad pop que la convierte en algo hermoso y mucho menos definible. El poder absorbente del pop conseguía hacerse con los sonidos más profundos de Norteamérica.

42. The Raspberries. Go All The Way (Bryson/Carmen). 1972

Dos canciones en una y, de paso, lo mejor que hicieron nunca los Raspberries. Al principio parece una canción muy salvaje, rockera y cruda, pero enseguida cambia el chip y nos encontramos con una joya pop a varias voces que tranquilamente podrían haber firmado The Beach Boys. El resultado del contraste: una canción tremendamente pegadiza.

43. The Specials. It Doesn’t Make It Alright (Dammers/Golding). 1979

Siguiendo con la capacidad del pop para adoptar cualquier tipo de forma, The Specials hicieron lo propio con el reggae. Insuflaron un nuevo espíritu al pop, impregnado de tintes muy exóticos, caribeños, pero la limpieza de su melodía no deja lugar a la duda: esto es pop en mayúsculas.

44. Gerry and The Pacemakers. I Like It (M. Murray). 1963

Si alguna suerte tuvieron Gerry and The Pacemakers, que jamás compusieron sus propias canciones, fue tocarles algunos de los mejores temas del pop británico de los 60. Éste es indudablemente uno de ellas, alcanzó el número 1 sin problemas y es un tesoro de la inocencia y de la expresión de sentimientos puros.

45. Blues Magoos. Queen of My Nights (D. Blue). 1966

Blues Magoos pertenecen más bien a ese tipo de rock psicodélico que se prodigó a finales de los 60, pero esta canción, que les regaló un oscuro cantautor californiano, es una gloriosa excepción en su obra. Un órgano sensual, unas voces nocturnas y veraniegas y una melodía suplicante que se transformaba en portavoz de los sueños húmedos adolescentes.

46. The Small Faces. My Mind’s Eye (Lane/Marriott). 1967

La mejor canción de Small Faces, y no sólo porque la melodía es terriblemente atractiva, sino por la energía con que la tocan, con esa batería destructora y esas guitarras tan salvajes para estar sólo a mediados de los 60. Una canción reflexiva golpeada constantemente por la fiereza del grupo.

47. Frankie Lymon & The Teenagers. Why Do Fools Fall in Love (F. Lymon). 1956

Esto es un clásico del pop primigenio, compuesto por Frankie Lymon, que por entonces sólo tenía trece años y que terminó su vida heroinómano y en la ruina. Injusto final para el compositor de una de las canciones más influyentes del pop, en la que destaca la voz desgarrada, que se eleva en falsete en los momentos más emocionantes, sin perder nunca la dulzura y el encanto de la melodía.

48. Teenage Fanclub. Neil Jung (N. Blake). 1995

El mejor grupo de los 90 nos deparó esta excepcional canción en la que se mezclan el estilo de tocar la guitarra (denso, casi físicamente palpable) de Neil Young, las armonías vocales de los Byrds y una melodía que podrían haber firmado Lennon y McCartney. Insuperable.

49. The Easybeats. Pretty Girl (Vanda/Young). 1967

Los australianos Easybeats nunca fueron un grupo al uso, y ni mucho menos un grupo segundón. Quizá su mejor canción sea ésta, en la que se ve claramente su excepcional virtud de poblar la tradicional estructura de la invasión británica con unas zonas oscuras, casi esotéricas, que no tenían precedentes, que no venían de ninguna parte. Misterio y belleza a partes iguales.

50. The Choir. It’s Cold Outside (D. Klawon). 1967

Podría ser un clásico de las canciones power pop de mediados de los 70, por su aceleración, por su inmediatez, por su amor por la melodía y su estribillo imborrable, pero lo verdaderamente grande es que fue grabada a finales de los 60. Gloriosa la batería inicial para una canción que se adelanta casi una década a su tiempo.

51. John Lennon. Starting Over (J. Lennon). 1980

Cuando John Lennon parecía acabado, y poco antes de que lo asesinaran, se sacó de la manga una de sus obras maestras, que es una especie de refrito del pop de los 60 con un sonido mucho más moderno y con toda una serie de cambios de ritmo, de registro vocal y de melodía absolutamente brillantes, al alcance de muy pocos compositores. Lo mejor, aparte de apreciar su adictiva complejidad, es dejarse llevar por las fragancias que desprende y por el placer que produce su escucha.

52. The Smithereens. Strangers When We Meet (P. DiNizio). 1986

A mediados de los 80, una vez finiquitada la nueva ola, se produjo en Inglaterra un oasis musical a cargo de una serie de grupos que proponían un pop muy clásico, frecuentemente nostálgico y de guitarras cristalinas. Éste es el caso de The Smithereens, que con esta canción se alzan con el triunfo. Es un tema memorable por su energía, por lo excepcional de su melodía, que rasga con acierto en lo más hondo del recuerdo, pero sin renunciar a las ganas de gustar y de ir al grano.

53. XTC. Senses Working Overtime (A. Partridge). 1982

Uno de los grupos más infravalorados de la música en general, herederos directos de las mejores esencias del pop británico y autores de un personalísimo estilo que dejó huella en los años posteriores por su variedad y talento. En esta canción se mezcla un estribillo genial con un cierto aire superficial del folk inglés que hace el asunto mucho más auténtico, rasgos que comparten la mayoría de las canciones de su imprescindible English Settlement.

54. The Buzzcocks. Ever Fallen in Loven (P. Shelley). 1978

The Buzzcocks fueron los reyes de las canciones redondas y del desahogo adolescente. Sus problemas de amor, desengaño y celos quedaron magníficamente plasmados en temas como éste, directos y poseedores de estribillos furiosos y difíciles de olvidar.

55. Any Trouble. Yesterday’s Love (C. Gregson). 1980

Una de las mejores canciones de la nueva ola, tanto por los juegos de voces, como por el desenfado de las guitarras y el ritmo vitalista. Memorable desde el principio hasta el final, pegadiza hasta la exasperación y repleta de talento y energía sin pretensiones.

56. Pulp. Something Changed (J. Cocker). 1995

Jarvis Cocker, más allá de su pose posmoderna y de su papel de protagonista de revistas de moderneo, fue uno de los compositores más dotados de los 90, como demuestra esta canción, una de las más hermosas y tiernas de la década, y con unos arreglos de cuerda que ponen los pelos de punta. Aquí no hay nada bailable ni himnos generacionales absurdos, tan sólo un talento en estado puro centrado en construir una magnífica canción.

57. Joy Division. Love Will Tear Us Apart. (I. Curtis). 1980

El mejor logro de Joy Division llega cuando dejan de querer crear una atmósfera malsana y oscura, cuando más se apartan de la etiqueta que les ha caído en desgracia, la de post-punk. De este modo consiguieron también su mayor éxito comercial. La canción es un hito de la desesperanza con las formas de un pop muy accesible, entre la personal voz de Ian Curtis, el terriblemente adictivo bajo y esas cuerdas de ensueño. Todo esto pone en evidencia que los espíritus atormentados no están reñidos con la belleza.

58. Nick Lowe. Nutted By Reality (N. Lowe). 1978

De nuevo el inabarcable talento de Nick Lowe, esta vez con una canción explosiva que empieza de una manera carismática, podría decirse que muy comercial con su guitarra funky y sus juegos de palabras, para luego dar paso a una melodía suave, melancólica, absolutamente mccartniana, que lo convierte todo en un conjunto genial, impredecible e imaginativo.

59. Shangri-Las. Leader Of The Pack (Morton/Barry/Greenwich). 1964

Uno de los grupos de chicas con más personalidad, dedicadas a cantar canciones tan trágicas como de cartón piedra, pero que contaba con la presencia de Mary Weiss, tan hermosa como frágil, y poseedora de una de las voces más estremecedoramente sensuales del pop. Esta canción se ocupa de una historia de película –enamorarse de un motero que muere en un accidente– que por entonces las adolescentes creían al pie de la letra, como si fuera la realidad del día a día, pero aun así es irresistible por su forma de golosina pop, sus coros, la voz de Mary Weiss entrando en la canción con fuerza, garra y dulzura y ese carismático detalle del sonido de una motocicleta.

60. The Keys. I Don’t Wanna Cry (The Keys). 1979

Me atrevería a asegurar que ésta es la canción más pegadiza de la historia, porque no tiene trampas, no engaña, va a lo que va, a repetir una y otra vez una melodía pegajosa que no aburre, sino que si se alargara durante varias horas la escucharíamos con el mismo placer. Y todo esto con la envoltura de unas guitarras cristalinas a lo Buddy Holly y unos magníficos juegos de voces. Toda una lección a los que entienden la música como experimentar por experimentar y olvidan que emocionar es lo más importante.

61. Paul McCartney. Junk (P. McCartney). 1970

Cuando Paul McCartney deja los Beatles, pasa a convertirse en uno de los autores más importantes de los 70, ajeno a modas contemporáneas, centrado en desarrollar disco a disco su propio estilo. Ésta es una de sus mejores canciones, y también la más triste, la más emocionante en su sencillez. Una bonita melodía y apenas una guitarra es todo lo que necesita.

62. Dusty Springfield. I Only Want To Be With You (Hawker/Raymonde). 1964

1964 fue un año grande, parecía que casi todo lo que se producía se convertía en clásico. A esta época pertenece este tema, muy accesible, también muy comercial, pero de un encanto innegable. La voz de Dusty Springfield jamás sonó tan convincente, tan emocionada, y esto se explica porque tenía en sus manos una melodía sin precio, enorme, que habría entusiasmado a cualquier cantante. Geniales también los coros femeninos, que hacen más bonita la canción si cabe.

63. The Undertones. It's Going To Happen (Bradley/O'Neill). 1981

The Undertones pasaron de ser los reyes del punk-pop a buscar un sonido más sotisficado, lo cual les valió el ninguneo y el desprecio, pero es cuando consiguieron sus mejores canciones. Este tema estremece por sus arreglos impredecibles, por la carismática voz del cantante Feargal Sharkey amoldándose ahora a un pop de autor lleno de clase. Memorables la guitarra del comienzo y el estribillo.

64. Stiv Bators. I’ll Be Alright (Secich/Bators). 1979

Otro caso de mutación dentro de la música, Stiv Bators deja de lado el punk por el que se dio a conocer y se mete de lleno en la nueva ola y en el pop inmediato que ésta promulgaba. Su sonido se hace escrupulosamente limpio, su voz parece más emocionada, y esta canción fresca y joven nos invita a tararear con entusiasmo su pegadiza melodía de pop de guitarras.

65. The Jam. Monday (P. Weller). 1980

Paul Weller fue puliendo poco a poco su pop energético que miraba indisimuladamente hacia The Who, hasta conseguir artefactos como éste, una canción elegante, ya sin guitarras a lo Townshend, donde prima el genio compositivo, la armonía de las formas, el clasicismo.

66. Elliott Smith. Alameda (E. Smith). 1998

La sordidez hecha canción, ya desde ese sonido de batería seco, desganado, para acabar en plena desesperación cuando Elliott Smith empieza el estribillo. Un maestro del pop triste y quizá el mejor talento de los 90, no es extraño que terminara con su vida clavándose un cuchillo.

67. Dwight Twilley Band. You Were So Warm (D. Twilley). 1976

Una banda de dos componentes que en plenos 70 están obsesionados por la música de los 60 y que sólo graban dos discos. En el primero de ellos está incluida esta joya, lo que Abba habría hecho si hubiera tenido mejor gusto, sensible, exquisita, cuando llegamos a ese sonido de pandero casi no podemos creer que sea posible tanta clase concentrada, tanta decisión en hacer las cosas bien. Una canción de desamor distinguida, sin artificios, madura y llena de vida.

68. Nashville Ramblers. The Trains (C. Rusk). 1983

Un caso excepcional en la historia del pop, ya que el autor de esta canción, Carl Rusk, sólo compuso otra más, casi igual de buena que ésta. Sin embargo, la que nos ocupa figura en esta lista gracias a ese sonido de gran producción a lo Spector ejecutado con una sencillez insólita, como quien no quiere la cosa, como si no supiera que ha conseguido uno de los clásicos del pop de siempre. El estribillo, sencillamente magistral, no pertenece a ningún año en concreto, se mueve a gusto entre las esencias más puras del pop.

69 The Go-Betweens. Cattle and Cane (The Go-Betweens). 1983

Grupo que se cuenta entre los más distinguidos del pop británico de comienzos de los ochenta, aunque eran australianos. Otros grupos más populares, como por ejemplo The Smiths, les deben a ellos ese particular sonido anguloso y al mismo tiempo melódico. Estas características se ponen aquí al servicio de una canción ensoñadora, de recuerdos infantiles, casi pastoral, porque las formas arriesgadas no están sólo para tratar las oscuridades del alma.

70. The Cowsills. The Rain, The Park and Other Things (Duboff/Kornfeld). 1967

Este grupo era paradigma de toda la quincallería hippie y sus empalagosos arreglos y, no obstante, logran aquí un curioso equilibrio que hace que esta canción sea estupenda. La melodía es decididamente bonita, la mejor que hicieron nunca, y los arreglos, por una vez medidos, aunque igualmente exuberantes, le hacen justicia.

71. Squeeze. Is That Love (Difford/Tilbrook). 1981

Squeeze nunca intentaron ocultar, antes de degenerar hacia la comercialidad más barata, que su influencia principal eran los Beatles. El sonido de su grupo favorito es aquí más que evidente, sin embargo se le une ese particular sentido de la melodía sofisticada que tenían, junto con un ritmo sin concesiones que hace que la canción evolucione vertiginosamente hacia el final, sin espacio para el aburrimiento.

72. Peter and Gordon. A World Without Love (Lennon/McCartney). 1964

Los Beatles nunca la grabaron, quizá porque parecía una parodia de sí mismos, pero en manos de Peter and Gordon se convertía en una canción de insólita belleza e inocencia, limpia tanto en formas como en contenido, y por eso no es raro que se aupara fácilmente hasta el número 1.

73. Spongetones. Now You’re Gone (Walters). 1984

La mejor canción posible sobre el desamor, brillante en su ausencia de dramatismo o de exageración, tan moderada, limpia y bonita que la tristeza que expresa se multiplica por mil, y encima con las costuras de todos unos expertos en pop cristalino como son Spongetones. Poco aconsejable escucharla mientras se recuerdan amores pasados.

74. The Poppees. Jealousy (The Poppees). 1976

Unos fanáticos que creen ser los Beatles y que graban en plenos 70 una canción hecha para que las fans chillen y se desmayen, para poner al máximo volumen en los guateques, para llegar directos al número 1 de las listas. Desgraciadamente, estaban fuera de tiempo y a nadie le importó demasiado esta canción de aromas sesenteros. La producción corrió a cargo de Cyril Jordan, otro fanático de los Beatles y alma de Flamin’ Groovies.

75. Liliput. Die Matrosen (Freund/Hafner/Marti/Schifferle/Schleitzner). 1980

Al principio la canción engaña. Sus bajos angulosos y esos sonidos de saxo nos hacen creer que estamos ante otra estéril, pretenciosa y repetitiva canción de post-punk. Sin embargo, de repente se abre el cielo y la agresividad se convierte en una maravillosa melodía pop que no es cantada, sino silbada. La mejor prueba de que el post punk empleado sin complejos podía dar excelentes resultados.

76. Kevin Ayers. May I (K. Ayers). 1970

Canción que empieza con unos acordes de guitarra muy en la línea de Velvet Underground, y que da paso a una misteriosa, fascinante, retorcida y atemporal melodía, cantada con sencillez, como quien revela poco a poco un secreto. Por otra parte, los delicadísimos arreglos de saxo y una pluscuamperfecta línea de bajo se adhieren a la canción como si no fuera posible imaginarla de otra manera.

77. Mink de Ville. Just To Walk That Little Girl Home (De Ville/Pomus). 1980

Uno de los fenomenales arrebatos baladísticos de Mink de Ville, siempre con su marcado tono Spector en el aire, en este caso rematado con un cierto color latino y sonidos de acordeón. Romanticismo y bohemia, con unos teclados que remarcan esa sensación de película decadente, crepuscular, de poetas y alcoholismo.

78. Danny Kirwan. Best Girl In The World (D. Kirwan). 1975

El mejor exponente del tipo de pop que McCartney puso de moda a mediados de los 70: muy sencillo, casi pastoral, directo a la melodía bonita y a la expresión de sentimientos inocentes. Esta canción de Danny Kirwan contiene todo esto y, además, una discreta orientación cabaretera que la hace más fascinante.

79. Cheap Trick. Come On, Come On (Nielsen). 1977

Cheap Trick eran los maestros en el arte de crear una melodía explosiva, energética y adictiva. Era rock, pero también –y mucho– pop. Los acordes y la melodía se combinan en una progresión deliciosa, de puro power pop, algo semejante a unos Led Zeppelin fuera de contexto, como si les hubieran dado un baño de azúcar.

80. The Knickerbockers. Lies (Charles/Randell). 1965

Canción equiparable en cuanto a calidad a cualquiera de las de los Beatles de ese momento, pero eso sí, con una carga añadida de potencia guitarrera inusual en los fab tour, casi más cerca del crudo garage que del pop. Sin embargo, el estribillo no deja lugar a dudas, queremos escucharlo una y otra vez, es puro pop camuflado por una estructura más cercana al rock and roll.

81. Material Issue. Next Big Thing (J. Ellison). 1992

Ultradesconocido grupo de power pop sin complicaciones que con esta canción, perteneciente a su segundo disco, logran un genial equilibrio entre la inmediatez y la falta de pretensiones y, por otro lado, un innegable tono reflexivo y más trascendente, los dos se muerden la cola y no acaba siendo ni trivial ni plomiza. En todo caso, maduro y ágil pop de autor.

82. The Long Ryders. Born To Believe in You (Griffin). 1983

Los instrumentos country al servicio de una estructura descaradamente pop, como si los grupos de la invasión británica hubiesen cambiado sus guitarras por un banjo y una steel guitar. Una de las melodías más memorables de principios de los 80, adornada con un original y delicioso envoltorio de raíces.

83. Ken Stringfellow. Uniforms (K. Stringfellow). 2001

La mejor canción de Ken Stringfellow, superior a cualquiera de los Posies –y esto no es decir cualquier cosa–, al menos desde una perspectiva pop. Reverencia por la melodía, en este caso nostálgica, emocionante, con una voz que por facultades exhibicionistas podría triunfar en cualquier concurso de Operación Triunfo, pero que aquí sólo está al servicio de ofrecer belleza, de sentir placer físico al escuchar ese estribillo fuera del tiempo e inflado por unos teclados celestiales.

84. Phil Seymour. Baby It’s You (P. Seymour). 1980

Phil Seymour compuso lo más parecido a la canción power pop perfecta. Una melodía rápida, repleta de pegadizos y vertiginosos acordes de guitarra, de ritmo, adicción, sin tiempo que perder, doblando la voz en los momentos más emocionantes, inmediata, sin introspecciones baratas, todo entusiasmo y energía.

85. The Palace Guard. Falling Sugar (Leka/Rush). 1966

Las mejores canciones contienen melodías que no se sabe de dónde vienen, que enganchan por unos motivos un tanto inconcretos, que insinúan cosas de una manera que parece mágica, como si estuviéramos recordando algo que ya hemos vivido y que teníamos olvidado. Y todo eso lo despierta esta canción de este olvidado grupo, de un estribillo fantástico que parece, de tan etéreo y hermoso, robado de un sueño.

86. The Scruffs. Break The Ice (S. Burns). 1977

Esta canción es pura anfetamina. La personal voz de Stephen Burns habla de complejos adolescentes, de perseguir a las chicas, es decir, de temas algo ingenuos, pero la compleja estructura de esta canción revela una madurez compositiva fuera de lo normal. Energía al servicio de la melodía, y tema contenido en uno de los mejores y más desconocidos discos de los 70, Wanna Meet The Scruffs?

87. Donovan. Wear Your Love Like Heaven (Donovan). 1967

Esta canción posee un extraordinario aroma mágico y onírico, como si se tratara de la banda sonora de Alicia en el país de las maravillas. Armonías vocales, una melodía sosegada pero profunda, y el empleo de instrumentos exóticos como un xilófono para configurar esta pequeña fantasía de paz y amor hippy.

88. The Last. Every Summer Day (J. Nolte). 1979

Un reconocido ejercicio de nostalgia, con una letra que trata sobre playas californianas, chicas, coches y hamburgueserías, hasta que llegan The Beatles y lo fastidian todo. Canción de surf en plenos 70 que es a la vez una reivindicación de los años dorados y que no hubiera desentonado en ninguno de los primeros discos de The Beach Boys.

89. Gants. I Wonder (S. Herring). 1965

Estuve mucho tiempo preguntándome si esta canción merecía estar en la lista, ya que parte descaradamente de "In my life", de los Beatles. Después llegué a la conclusión de que como canción es tan enorme que en esencia es totalmente distinta del tema de Lennon. Pop de quilates con acelerado espíritu Beatle.

90. Big Star. For You (J. Stephens). 1978

El batería de Big Star, Jody Stephens, se destaca con uno de los mejores temas de la banda, que empieza siendo acústico y sentimental, muy en la línea de lo que habían hecho Alex Chilton y Chris Bell en discos anteriores, pero el estribillo desesperado, con esas cuerdas inquietantes, le da a la canción un matiz diferente, la pone a la altura de las otras canciones precisamente porque aunque estilísticamente son similares, no se dedica sólo a imitarlas.

91. The Monos. Mad Lover (F. Ashcroft). 1980

Una magnífica canción del grupo más desconocido del mundo, ya que por el momento me ha sido absolutamente imposible encontrar ninguna información sobre ellos. El tema es una original mezcla de tiempo lento, con la melodía triste quebrada de vez en cuando por una guitarra herida; un estribillo explosivo y emocionante que sólo aparece ya avanzada la canción, y la subida de revoluciones para acabar que le da un tono rockero muy fresco, y que de esta manera aligera toda la negatividad anterior.

92. The Shins. Kissing The Lipless (J. Mercer). 2003

Cuando The Shins se dejan de tonterías indie-rock y se limitan a hacer canciones pop alcanzan las cotas más altas, y aunque dentro de este estilo tienen temas absolutamente maravillosos, éste los supera a todos ellos: en sencillez (el sonido es limpísimo, muy equilibrado), en adicción (la melodía es realmente hermosa, desprende una elegancia romántica fuera de lo común) y en precisión (en apenas tres minutos, tiene tantos momentos memorables que se hace difícil esperar a que se repita alguno por encima de los demás). Una de las joyas del pop contemporáneo, que no está más arriba en esta lista quizá por la falta de perspectiva.

93. Jesus and Mary Chain. Cherry Came Too (Reid/Reid). 1987

En su primer disco impactaron. Sorprendió mucho su sonido sucio, distorsionado, amplificado, tanto que no se prestó demasiada atención a lo que había debajo, unas melodías que beben de lo mejor de la música surf, de Spector, de Brian Wilson, lo realmente valioso por encima de las modas. La anécdota se quedó en lo contemporáneo, y aún hoy se sigue valorando ese disco más por su forma que por su fondo. Sin embargo, ellos se dieron cuenta y en el siguiente álbum limpiaron su sonido, disco al que pertenece esta joya, una canción de pop clásico que podría cantar perfectamente cualquier grupo de chicas de los 60.

94. Violent Femmes. Blister in the Sun (G. Gano). 1983

Al principio, Violent Femmes, dentro del pop británico de los 80, eran mucho más radicales que los otros grupos, optaron directamente por un sonido acústico que no lo parecía, porque estaba lleno de explosividad y de energía. La escucha de esta canción, con brutales cambios de ritmo y estribillos encendidos cantados casi a gritos, produce ese curioso efecto, al acabar nadie ha percibido demasiado que no hay amplificadores, la vitalidad de la canción es suficiente para no tenerlo en cuenta. Y por eso la he incluido en esta lista.

95. It’s A Beautiful Day. Girl With No Eyes (LaFlamme, LaFlamme). 1969

¿Cómo llamarlo? Quizá pop medieval, pero lo cierto es que cuando los grupos que a finales de los 60 empezaron a hacer algo parecido al rock progresivo se dejaban de digresiones vacías y de experimentos que no llevaban a ninguna parte, y se concentraban en aplicar sus hallazgos a la estructura pop clásica, lograban pequeñas maravillas. Si un grupo de trovadores recién venidos del siglo XIII se pusieran a grabar un single, el resultado sería parecido a esto.

96. REM. (Don’t Go Back To) Rockville (Berry/Buck/Mills/Stipe). 1984

Otro caso de mutación fascinante, y es que mientras que la mayoría de la gente conoce de REM la canción “Losing my religion” y poco más, lo cierto es que los inicios de su carrera, a principios de los 80, son impresionantes, de lo mejor que se hizo. En esta canción encontramos su pop introspectivo de por entonces, de estructura algo matemática, pero muy adictivo, y encima aquí revestido con un sonido country que lo hace más especial, sobre todo cuando llegamos al imbatible estribillo, uno de los momentos más memorables de los 80.

97. Sharon Marie. Thinkin’ Bout You (B. Wilson). 1962

A principios de los 60 el talento de Brian Wilson parecía un pozo sin fondo, no había límites posibles para ese derroche de creatividad, para ese amor declarado por el pop y la melodía pegadiza. Sus ideas eran tantas que aparte de grabar varios discos al año con The Beach Boys, se permitía componer para otros artistas. Aquí entra esta dulce, veraniega, inocente, casi aterciopelada canción de pop directo con la mirada fija en Phil Spector, que a manos de Sharon Marie suena emocionante.

98. The Flaming Lips. Evil Will Prevail (The Flaming Lips). 1995

The Flaming Lips siempre han tenido un sentido especial de la melodía, sus canciones son de todo menos clásicas en ese sentido, su particular personalidad queda patente en la escucha de cualquiera de sus discos. Tienen muchas grandes canciones, pero ésta quizá es la mejor, por ese pesimismo tan hermoso y esa guitarra que parece hurgar en la herida. Entrañable canción que adquiere unas connotaciones de tristeza universal.

99. Utopia. CryBaby (T. Rundgrend). 1984

Un momento, ¿esto no es rock adulto de los 80? ¿Esto no lo ha hecho un grupo del estilo de Van Halen, Bon Jovi y demás? Pues no, porque el responsable de la canción es Todd Rundgrend, una de las mentes más preclaras del pop desde finales de los 60, y aunque aquí en efecto se apropia de ese sonido comercial ochentero –como también se había apropiado del sonido Beatle en el disco Deface The Music–, la calidad de la canción, su infecciosidad, la maestría de su estructura no tienen nada que ver con sus referentes, está varios años luz más allá. Algo así como beber una coca cola gran reserva.

100. The Bangles. Going Down To Liverpool (K. Rew). 1984

Pop campestre, guitarras cristalinas, sensuales y hermosas voces, un estribillo fantástico para uno de los primeros éxitos de las Bangles, antes de que degenerasen en un grupo ultracomercial, cuando su referente todavía era la música de los 60 que amaban y no el dinero.

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jueves, enero 04, 2007

Post provisional

Hoy iba a escribir un artículo sobre The Knack y su primer disco, Get The Nack. Pero no lo haré porque estoy bastante ocupado en otra cosa que ofreceré aquí mismo dentro de unos pocos días, a modo de (humilde) regalo de reyes que espero que disfrutéis. Lo más posible es que sea entre el día 7 o el 8.

¡Un saludo!

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domingo, diciembre 31, 2006

Hacia el 2007 con un reto

Un reto que tuvo lugar hace ni más ni menos 43 años, en 1963. El protagonista es Mitch Murray, compositor de "How Do You Do It", canción melosa y pegadiza que llegó fácilmente al número 1 en manos de Gerry And The Pacemakers (previamente había sido ofrecida a los Beatles, que la grabaron pero se negaron a publicarla).



Poco después, John Lennon compone para Gerry and The Pacemakers la canción "Hello Little Girl", muy en la línea de la que acabamos de ver, y que casa perfectamente con el estilo de este grupo. Al mismo tiempo, le deja las cosas claras a Mitch Murray: "Amenazó con sacudirme si se me ocurría componer para Gerry otra canción tan buena como How Do You Do It". Murray no sólo no se amedrenta, sino que consigue una joya rotunda del pop dulzón, "I Like It", también número 1 (y genialmente versionada años más tarde por The Rezillos):



Por cierto, el director de los vídeos es James Harvey, que les da un tono ochentero e inocente muy entrañable y resultón.

Dos guindas británicas y una copa de cava. ¡Feliz año nuevo!

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miércoles, diciembre 27, 2006

Buddy Holly: new wave en los 50

Hay una especie de consenso, entre los amantes de la música pop, de que los Beatles son el grupo más importante de la historia. Y desde luego no seré yo quien rebata esta afirmación. Aquí sólo pretendo reivindicar la enorme importancia de la figura que los precedió y de la que son herederos espirituales. Con una carrera artística de apenas dieciocho meses y tan sólo dos discos en vida, su huella fue tan profunda que transformó la música para siempre. Los Beatles fueron el cohete hacia el infinito, pero puede hablarse de Buddy Holly como la mecha que lo prendió.

New wave en los cincuenta, power pop antes de Badfinger, Big Star y quien se ponga por delante, pop a lo Beatle antes de que éstos existieran. Conceptos locos que parecen imposibles pero que se concentraron en esta gran figura que prefiguró muchas cosas. En primer lugar, el genuino amor hacia la música por encima de la pose, la actitud y la apariencia. En plena época rocker de pantalones y chaquetas de piel, de rebeldes sin causa y de bailes provocativos, aparece un músico con un aspecto normal, de buen tipo, nada agresivo ni hostil, incluso algo apolillado, tocado con unas aparatosas gafas de pasta que se transformarán con el tiempo en uno de los más importantes iconos del pop. Compone sus propias canciones, y no sólo eso, sino que consigue abrirse paso a golpe de hits entre los titanes del momento, con una propuesta que se basa estrictamente en la radicalidad de su música.

¿Era un rocker? Por aspecto no, y musicalmente, apenas. La radicalidad de la que hablo no tiene que ver con canciones crudas y hostiles, sino con el desarrollo de un estilo absolutamente personal y novedoso en esos años, con la extensión de unas semillas que los Beatles recogieron y cultivaron hasta hacer del pop un estilo maduro y permeable, un mundo musical de una riqueza sin límites. Los Beatles de "She Loves You", de "I Want To Hold Your Hand", de "Please Please Me" no nacieron de la nada, surgieron básicamente de las ideas de Buddy Holly, como se encargaron de demostrar al reivindicarlo constantemente como una de sus mayores influencias.

Buddy Holly convirtió en marca de la casa toda una serie de rasgos hasta entonces inusuales. Por ejemplo, el sonido de su guitarra Fender, limpio y cristalino, perfecto para las bonitas melodías que creó. O el rasgueo de la guitarra rítmica como si fuera un elemento más de percusión, lo cual dotaba a la canción de una energía que los Beatles capturaron enseguida en sus primeros temas. O esas voces y guitarras dobladas. Todas estas cosas fueron luego también señas de identidad de Lennon y McCartney. Pero especialmente hay que señalar el principio de sencillez y de entretenimiento que era la base de las composiciones de Holly. Ninguna de sus canciones va más allá de los tres minutos y todas ellas se caracterizan por querer gustar, por ser pegajosas, por su esencial falta de pretensiones. Para ello, nada mejor que dar mucha importancia a la melodía y acelerarla con unas guitarras energéticas. Lo mismo que hicieron más o menos los Beatles. O Badfinger. O Big Star. O los grupos de la new wave.

Sus canciones parecen provenir de un mundo lejano y hermoso, son creaciones hasta cierto punto mágicas por su inusual belleza y juventud. Un superficial repaso por su carrera nos lleva a hablar de temas fuera de lo común, de enormidades como "Words of Love", a mi juicio la canción más sensual del pop, con esa progresión de acordes que luego sería imitada hasta la saciedad y esas maravillosas líneas de guitarra, la inmediatez de "It's So Easy", la nostalgia contagiosa de "Wishing" -qué canción más triste y hermosa a la vez-, el rock a su manera de "You're The One" (esto es auténtico power pop), los precisos juegos de guitarra y melodía de "Waiting, Crying, Hoping", el pop sin complejos de "Fool's Paradise" o "Heartbeat", la deliciosa "Everyday", o la claramente precursora de la invasión británica "Listen To Me". Son sólo algunos ejemplos, lo mejor es escuchar absolutamente toda su producción, pródiga en obras maestras aunque bastante escueta.

Por todo esto puede decirse que Buddy Holly es un referente fundamental, el primer Dios en la mitología del pop, algo así como una especie de Big Bang que se extendió a lo largo de las décadas con su materia inextinguible formada por melodías pegadizas, sencillez y ritmo.

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viernes, diciembre 22, 2006

La trilogía inglesa de Flamin' Groovies

La historia empieza en 1976, cuando los Flamin' Groovies, banda de San Francisco hasta entonces dedicada a un tan excelente como áspero rock and roll, se traslada a Inglaterra y empieza a grabar con el sello Sire. Sus discos anteriores, enormes por otro lado, quedan desplazados por una sensibilidad pop de raíz Beatle de la que hasta entonces sólo habían dejado pistas de vez en cuando. En el imprescindible número de Ruta 66 de diciembre aparecen ellos mismos comentando la totalidad de su carrera. Prefiero centrarme en ese cambio de orientación, a mi juicio impresionante, que permitió que la banda se renovara y grabara tres discos fundamentales de los setenta. Me centraré en las declaraciones del artículo correspondientes a esa época que más me han llamado la atención.

El primer disco de esta trilogía, Shake Some Action (1976), es quizá el mejor y el más carismático, con una combinación de versiones escogidas con mucho gusto (Beatles, Charlatans, etc.) y unas estupendas composiciones propias que logran situarse a la misma altura de los clásicos de los sesenta, pero grabadas diez años después. Dice Chris Wilson: "A Cyril le sobrevino esa obsesión por los Beatles. Al igual que Cyril, yo siempre he sido un fan de los Beatles, pero a él le dio más fuerte: ¡quería ser ellos!". Y no le falta razón, porque canciones como "Please Please Girl" podrían mirar cara a cara a clásicos como "She Loves You" de los Beatles, y eso no es decir poco. Recibieron críticas por ese giro hacia otro estilo; así lo explica Cyril Jordan: "Las personas que dicen eso no comprenden que los Flamin' Groovies han querido ser Shake Some Action desde los días que formamos la banda en 1966. No podíamos hacer esa clase de música (...) fuimos apartados por nuestras limitaciones, musical, social e instrumentalmente. Ahora podemos hacer esas cosas". Tenían muy claro cómo querían sonar, tal y como dice Chris Wilson: "Le dijimos a Dave Edmunds que queríamos que les diese a las canciones un tratamiento como el que dio Phil Spector a sus bandas". Roy Loney, el anterior líder del grupo, fuera de la banda desde hacía años, parece quitar méritos a tan fenomenal esfuerzo creativo: "Hay ocho canciones tipo Beatles, dos tipo Byrds y Shake Some Action. Al final el álbum no tenía ningún efecto sobre mí".

El álbum Now (1978) se mueve dentro de los mismos esquemas del anterior, es decir, versiones y canciones con espíritu sesentero, pero sin embargo hay un desplazamiento de los Beatles a los Byrds, como parece indicar la primera canción, una versión de "I'll Feel a Whole Lot Better", que abre otro disco memorable plagado de joyas infinitas del pop, como la emocionante "Take Me Back" o la rencorosa "Don't Put Me On". El regreso al estilo de los sesenta se convierte prácticamente en una experiencia mística, según se extrae de las significativas palabras de Cyril Jordan: "A los Beatles y a los Byrds los hemos perdido para siempre. Ya no están aquí. La única forma de recuperarlos es duplicarnos y versionarlos. Tocamos sus canciones en los ensayos y todos cerramos los ojos. La compenetración es tan exacta que llega un momento en que sonamos igual, ¡somos ellos! De esta forma artificial conseguimos ser hipnotizados por ellos otra vez". Y vuelve a reflexionar sobre su nuevo estilo: "Digamos que Teenage Head (disco anterior al cambio) es mentira, puro cuento. Nosotros no éramos los Stooges. Nosotros tuvimos una buena acogida con Teenage Head y la gente se lo tomó en serio. No debería haber sido así (...). Creo que las razones por lo que lo hicimos fue una mala dirección artística".

Y por fin llegamos a Jumpin' in the Night (1979), último disco de la trilogía que mantiene las características de los dos anteriores y, particularmente, el amor por los Byrds de Now (aunque continúa habiendo una versión de los Beatles). Otra vez canciones que en los sesenta se hubieran convertido en clásicos y que recrean a sus referentes con un nivel de calidad conmovedor. Por ejemplo, "First Plane Home" hubiera sido una de las mejores canciones de Younger Than Yesterday de los Byrds (y ojo, que esto no es cualquier cosa); y "Yes I Am" y "Tell Me Again" son dos de los clásicos de los Rolling Stones que los mismos Stones nunca escribieron. Escuchando a Cyril Jordan es muy fácil comprender el espíritu de esas grabaciones: "Es extraño lo de los Byrds. Fueron ignorados en su época. Estaba hablando con alguien hace poco y me preguntó que por qué hacíamos versiones antiguas y es básicamente porque sentimos que no ha habido nada mejor desde entonces". Toda una justificada declaración de amor por los sesenta.

Aparte de la explosión creativa que supuso esta trilogía, me parece interesante el debate que implícitamente genera sobre los grupos que siguen los caminos que marcaron los clásicos y que son sistemáticamente criticados por "sonar antiguo". Nuevamente hay que recurrir a las certeras palabras de Cyril Jordan, que parecen dardos: "Después de años intentando conseguir un sonido similar al de los Beatles, finalmente lo conseguimos con el álbum Shake Some Action. Nunca supimos si fue una gran noticia o no porque a la gente no le importó. Para nosotros sí fue importante porque nos dimos cuenta de que en calidad y originalidad estábamos muy cerca de lo que los Beatles consiguieron. Los críticos escribieron: "Aparte de las limitaciones de los Groovies como meros imitadores de los Beatles...". ¿Es una limitación? La banda más grande de todos los tiempos, lo más original que ha sucedido en la música y vamos y lo copiamos. ¿Eso es una limitación? ¿Puede cualquier banda tocar como ellos? Los tipos que escriben eso no tienen ni idea, para empezar no saben nada sobre arte". Imposible estar más acertado.

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martes, diciembre 19, 2006

El extraño fenómeno Bangles

Hoy me gustaría destacar los primeros pasos de un proyecto ultracomercial, un grupo de chicas atractivas mundialmente conocidas por temas como "Eternal Flame", ese tipo de canción azucarada, sentimentalista y apta para todos los públicos que tantas almas sensibles conmueve y que llega muy arriba en las listas de ventas. Sin embargo, vale la pena recordar que al principio no eran así. Aunque parezca increíble, empezaron siendo un cultivado grupo de pop con un gusto exquisito y una gran habilidad para combinar sonidos psicodélicos y melodías a varias voces en canciones de apenas tres minutos.

Una de las mejores grabaciones realizadas por chicas.

Comenzaron en 1981, dentro de un movimiento musical de Los Ángeles del que ya hemos hablado, el Paisley Underground, resueltamente orientado hacia el pop de los años sesenta en una época en la que casi todo el mundo seguía las enseñanzas de Bowie y su pop de sintetizador de Scary Monsters. Su primer single, "Getting Out of Hand", es toda una declaración de intenciones: bajos y guitarras transportados directamente de los sesenta y brillantes y pegajosas armonías vocales. Posteriormente publican The Bangles, su primer EP, un compendio de canciones que se fijan en lo más granado del pop psicodélico, en grupos como The Byrds, The Beatles o Love. De aquí hay que destacar especialmente "The Real World", la mejor canción de esta primera etapa de las Bangles, con una guitarra Rickenbacker que deja un intenso sabor a Byrds y una deliciosa Susan Hoffs cantando una melodía enigmática, sazonada con sonidos de clavicordio y trabajadas armonías vocales. No hay más que ver el vídeo de la canción para comprobar la garra que tenían estas Bangles primerizas, repletas de entusiasmo y de amor a los clásicos:



"I'm in Line" habría aparecido en el recopilatorio Nuggets de haberse grabado en los sesenta, con su bajo a lo "Tax Man" de los Beatles y sobre todo esos increíbles juegos de voces -siento ser insistente, pero hay que remarcarlo-, en una canción repleta de belleza, con un sonido muy limpio. "Want You" es más enérgica, más Rolling Stones, lo cual da variedad al asunto y muestra la versatilidad de la que las Bangles disfrutaban en ese momento. También hay que hablar de "Mary Street", que vuelve a la psicodelia limpia, a varias voces, con una melodía más británica e infecciosa que las anteriores, igual de añeja y de hermosa. Motivos de peso para escuchar hasta la saciedad este EP, bastante difícil de encontrar.

Su primer disco, All Over The Place, de 1984, no sigue tan radicalmente como el EP anterior las líneas maestras del pop psicodélico, y hace un primer intento de ser accesible a un público más amplio, lo cual quiza le quita la distinción que tenían sus canciones anteriores. Sin embargo queda todavía un pop hecho con talento y, cómo no, algunos ramalazos disfrutables de sus anteriores tendencias sesenteras, como las guitarras a lo Byrds y a lo Beatles del disco "Revolver", el peculiar ritmo del bajo y las inevitables armonías vocales. Por este motivo, "Hero Takes a Fall" (canción que supuestamente habla de Steve Wynn del grupo Dream Syndicate) es un hit absolutamente radiable, menos áspero a las grandes audiencias, pero todavía huele sutilmente a sesentas. "James" es sencillamente gloriosa, una especie de tema a lo Buddy Holly pero actualizado, un caramelo pop sencillo y vitalista. En cuanto a "All About You", muy influida por los Kinks, es tremendamente fácil dejarse llevar por su tono nostálgico y especialmente, por esos juegos de voces. "Dover Beach" se lo toma con más calma, pero la melodía es igualmente encantadora y las guitarras mantienen un cierto espíritu psicodélico a pesar de los esfuerzos de producción por pulirlas y quitarles hostilidad para los oídos no acostumbrados. El referente de "Tell Me" son claramente los Beatles del Rubber Soul, la canción es un pop acelerado con acentos folk, con mucha clase y conocimiento de causa, pero al mismo tiempo accesible. "Restless" se retrotrae de nuevo al pop británico de las orillas del río Mersey. Y "Going Down To Liverpool", compuesta por Kimberley Rew (ex Soft Boys), es sencillamente una maravilla:



Pop campestre, voces y guitarras cristalinas, una melodía arrebatadora... la canción lo tenía todo para triunfar, menos la sarta de arreglos horteras y zafios que caracterizarían los siguientes discos de las Bangles. "He's Got A Secret" es otra muestra de amor a los sesenta y a los grupos de la invasión británica, con una estructura característica del brit pop genuino y con el mismo gusto por la melodía y por los juegos de voces que impregna todo el disco. Y hay hasta una canción hija de su tiempo, la pegajosa "Silent Treatment", pero en el buen sentido de la palabra: es decir, new wave de calidad, pop energético de altas revoluciones que recuerda mucho a lo que hacían por entonces grupos como The Beat o The Plimsouls. La conclusión la pone "More That Meets The Eye", un perfecto final con cuerdas, suavidad, más voces, más melodía, el broche de oro a un disco magnífico en su variedad, en sus referentes, en su espíritu pop de amplio espectro y exaustiva cultura, una pieza imprescindible en cualquier discoteca.

Desgraciadamente, todo acabó ahí. En el siguiente disco ya empezaron a meter mano Prince y otros productores que las orientaron hacia un sonido de radiofórmula con el que lograron el éxito masivo y mucho dinero. Se perdieron para siempre y más vale no tenerles en cuenta ese periodo, sino disfrutar de las canciones en las que fueron ellas mismas, de su estupenda aportación a las filas del pop de altos vuelos.

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jueves, diciembre 14, 2006

Sobre los plagios

Imaginémoslo. Somos el eterno segundón en el mejor grupo de pop de la historia, y nuestras canciones son continuamente bloqueadas por dos genios a los que es muy difícil tomarles ventaja. El grupo se separa, y decidimos volcar todo nuestro talento frustrado en un triple LP de revancha. Este álbum incluye una canción excepcional, la mejor que hemos escrito nunca, que recibe inmediatamente el reconocimiento de todos y consigue ser número 1 en Inglaterra y Estados Unidos. Pero al poco tiempo otra discográfica nos denuncia por plagio, y gana el juicio. Nuestra mejor canción va a ser considera el resto de los años una simple copia de otra.

El colmo de la mala suerte: componer tu mejor canción y que se considere un plagio, sin que lo sea.

Obviamente, estoy hablando de George Harrison y su canción "My Sweet Lord", incluida en All things must past, obra maestra absoluta a la que dedicaré un post algún día. El denunciante fue en este caso Bright Tunes, que acusó a Harrison de plagio de una canción de The Chiffons -uno de los muchos grupos de chicas que proliferaron a principios de los 60-, concretamente "He's So Fine", que había sido un gran éxito en Estados Unidos en 1963. El juicio duró varios años e intervinieron muchos expertos musicales. Al final, George Harrison fue declarado culpable por "plagio inconsciente" y una gran parte del beneficio que había generado la canción fue a parar a manos de Bright Tunes.

Creo que el error consiste en que desde el punto de vista judicial un plagio pueda medirse por compases parecidos, y no por el espíritu de la canción, que es lo que realmente importa. Escuchemos "He's So Fine". Una buena canción de su tiempo, con sonido Motown por los cuatro costados, pero ninguna maravilla en comparación con las obras maestras del género. Se parece un poco a "My Sweet Lord", y es posible que incluso desde el punto de vista matemático parte de la melodía sea idéntica (sobre todo esos "Di-longs" que suenan de fondo, y que tanto recuerdan a los coros de la canción de Harrison). Una canción graciosa, en definitiva. Ahora escuchemos "My Sweet Lord". Aquí ya hay muchas más cosas. Es una mezcla de pop, soul, coros con cánticos religiosos, increíbles punteos de guitarra con slide y algo de sonido Spector; es decir, mediante la combinación Harrison crea una composición original, fuera de sus coordenadas temporales, todo un clásico. Pero resulta que a efectos judiciales es simplemente un "plagio inconsciente".

¿Cuánto dinero tendría que devolverle este galopín a JJ Cale?

De hecho, la música pop, tan joven, con apenas medio siglo de historia, ha tenido que combinar una y otra vez las mismas formas para avanzar, para enriquecerse. No veo nada de malo en tomar buenas ideas de otras canciones y repetirlas, si con eso se consigue superarlas o hacer algo distinto.

Sobre esto hay mucha confusión. Por ejemplo, podría decirse que una de las estrellas del recopilatorio Nuggets, "I Wonder", de The Gants, no es más que una copia de "In My Life", de los Beatles. Estuve mucho tiempo preguntándome sobre esto, hasta que llegué a la conclusión de que no, de que es obvio que se fija mucho en la canción de Lennon -tanto en melodía como en estructura-, pero que el resultado es esencialmente distinto y no es justo considerarlo un mero calco. Lo mismo podría decirse de "Hello I Love You", de los Doors, que se inspira en "All Day And All the Night" de los Kinks. O de la sobresaliente "What You Do To Me", de Teenage Fanclub, con respecto a "Give Me Another Chance" de Big Star. Por no hablar de las muchas demandas que podría haber impuesto la discográfica de Buddy Holly por todos los (grandes) grupos que han imitado sus características progresiones de acordes a lo largo de los años. Es inevitable fijarse en las buenas ideas de otros y utilizarlas, sin que esto signifique plagiar.

Y después resulta que quienes plagian de verdad no sólo no son culpados, sino que se les venera masivamente como "genios". Basta con citar a Mark Knopfler, que se ha labrado toda una carrera a costa de la discografía de JJ Cale. O a Los Planetas, cuya mejor canción (o la única pasable), "Segundo Premio", es un calco absoluto de "Promises" del cantautor francés Etienne Daho. Lo malo de la música es que la acaparan gente que no le tiene ningún respeto.

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martes, diciembre 12, 2006

Game Theory, "Big Shot Chronicle"

Después de un tiempo muy ocupado y sin poder publicar posts, por fin podré hacerlo con una cierta regularidad. Y qué mejor manera que empezar con este grupo de Sacramento de principios de los 80, adscrito a la corriente angelina del Paisley Underground: grupos que en plena época de sintetizadores y romanticismo de pacotilla, reconocen su lealtad a la psicodelia de los 60 y la toman como principio y fin de sus postulados estéticos (la nómina es impresionante: Rain Parade, Dream Syndicate, Three o'Clock o incluso las primeras Bangles).

Las Bangles, cuando llevaban estas pintas, aún sonaban bien.

Grandes grupos con fenomenales discos en una etapa tan llena de talento como desconocida y ninguneada. Por fortuna, este oasis temporal nos legó a Game Theory, en mi opinión el mejor de todos ellos. Sus primeros singles y EP's, recopilados en Distortion of Glory, ya dejan pistas de su grandeza y de su originalidad, en una combinación de la exquisita y cristalina voz de Scott Miller, un tipo de sonido que recuerda mucho al de los inicios de REM y, especialmente, unos teclados sencillos e infecciosos que se acoplan perfectamente a las canciones.

Voy a hablar de su mejor trabajo, y de uno de los mejores discos de los 80: Big Shot Chronicles. El talento de Scott Miller encuentra aquí su mejor concreción y nos deja una colección de canciones que ni él mismo podrá superar posteriormente. El inicio ya es demoledor, con un "Here It Is Tomorrow" potente y explosivo, un single perfecto y pegadizo. En "Where You Going Northern" se percibe cómo Miller ha ido profundizando en su capacidad para escribir canciones hasta encontrar un estilo que, sin dejar de partir del pop y de la psicodelia, se ha enriquecido con lo mejor del folk sajón. "I've Tried Subtlety" es la primera joya de la corona, una enorme composición con un riff de guitarra insólito acompañado de los característicos teclados de los que tanto gustaba Miller. En "Erica's Word" la voz de Miller ya nos ha enamorado definitivamente, el sonido de Game Theory nos ha atrapado para siempre, nunca vamos a poder olvidar esas melodías tan perfectas, de estirpe aristocrática pero al mismo tiempo sin pretensiones, con la batería de fondo dando ligereza al asunto. Talento y sencillez es lo que se nos ofrece también en "Make Any Vows", mucho más rockera que las anteriores pero igual de encantadora.

Game Theory, y en primer plano, Scott Miller. No sé por qué motivo las fotos de grupos del Paisley Underground suelen ser en el campo y en blanco y negro.

Sin embargo, la diferencia entre los grandes discos y las obras maestras es ese plus de distinción que tienen estas últimas, esas canciones imposibles de encontrar en los demás por buenos que sean, cuando la habilidad para componer supera ese punto y se convierte en puro genio creativo. Y es que Miller ha abonado muy bien el camino antes de llegar a "Regenisraen", una de las joyas del folk de todas las décadas y la pieza que hace este disco verdaderamente grande. Sensibilidad, belleza otoñal y, especialmente, un estribillo a varias voces que alcanza niveles de experiencia mística: imposible definirlo con palabras, mejor escucharla y dar gracias a Miller y al excepcional estado de forma en el que se encontraba.

Lo mejor para paliar las emociones intensas que suscita "Regenisraen" es una canción más sencilla, más modesta, que nos lleva del vello de punta a la adicción más pura. Porque si la anterior canción estaba a la altura de los mejores temas del pop, "Crash into June" contiene la línea de teclado más pegajosa de la historia, se convierte en la protagonista absoluta de la canción. "Book Of Millionaires" abunda con acierto en el peculiar folk-pop que Miller se da cuenta de que ha inventado. "The Only Lesson Learned" es puro pop juguetón y colorista, y "Too Closely" rebaja un poco las marchas, en una especie de preciosa confesión con melodía intimista. "Never Mind" parece salida directamente de 1965, es pop británico con el mérito de además sonar actual. Y "Like a Girl" es un final triste, hermoso, extraordinario en un disco variado que no es más que todo un derroche de talento sutil, perfeccionista y llevado al límite. Como ya he dicho, Miller no pudo repetir nunca más una monstruosidad de esta altura.

Una obra maestra suele ser identificable porque cuando es reeditada en CD, los bonus que incluye son también muy buenos. Big Shot Chronicles no es la excepción. En tres de los cinco temas, Scott Miller canta solo a la guitarra unas fabulosas canciones que no quedan desnudas, ya que su voz lo llena todo de matices. Son temas realmente buenos (destaca sobre todo "Seattle"), en los que puede verse más fácilmente la enorme influencia de Big Star en el grupo. Otra canción es un instrumental. Y parece broma, pero la última, "Faithless", compuesta y cantada por el bajista Fred Juho, y quizá contagiada por el descomunal genio de Miller, es una enorme canción plenamente Paisley Underground que habría destacado en cualquier disco del estilo.

Siento que al acabar esto he completado una especie de tributo que ya llevaba tiempo que quería hacer a la banda de Scott Miller. Espero que sirva para que más gente descubra este disco y pueda disfrutar de las satisfacciones que a mí aún no ha dejado de darme.

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