martes, mayo 29, 2007

The Leopards, la magia aún existe

El infinito placer de amar la música, de dejarse fascinar por sus imprevisibles ramificaciones y darse cuenta de hasta dónde puede llegar la pasión, tiene episodios particularmente felices como el que nos ocupa hoy. Hablaremos de The Leopards, cuatro tipos de Kansas City que en 1977 y, diez años después, en 1987, graban dos discos fundamentales, tan admirables tanto por las hermosas canciones que los forman como por su particular sonido. Imaginemos que cuatro locos se obsesionan con el Village Green Preservation Society de los Kinks y con todo lo que huela a la época más rica y original de Ray Davies. Me refiero a esas canciones con aroma a te de media tarde, a delicada y elegante composición inglesa con efluvios de la campiña, observaciones sarcásticas sobre la sociedad incluidas. Porque The Leopards fueron los Kinks después de los Kinks, y no sólo eso, sino que gracias a mantenerse fieles a ese libro de estilo lograron, paradójicamente, un sonido inconfundible, intenso, cálido y extremadamente íntimo.

Son los nuevos reyes de los discos perdidos. Kansas City Slickers, su primer álbum, hoy prácticamente inencontrable, es un tratado sobre cómo querer ser Ray Davies, conseguirlo y transformarlo en algo propio. El irresistible encanto de esta manera de hacer queda ya patente en "Road To Jamaica", entrañable, pegadiza, tierna, melancólica, es decir, todo lo que tenían las canciones de Ray Davies -también una voz idéntica a la suya, a cargo de Dennis Pash-, como si estuviera recién salida de las sesiones del Face to Face. "Mind of My Own" es una vuelta de tuerca al clásico "David Watts", sin olvidar los pianos saltarines, y "Dancing in The Snow" parece una de las extravagancias de Ray, casi de vodevil, y producto sólo de una mente experta que ha sometido sus neuronas a una sobredosis de discos de los Kinks. Con "57 Chevy" nos damos cuenta de que tanto parecido con el grupo de Ray Davies no es algo superficial, sino que lleva a alguna parte, porque The Leopards están trazando una atmósfera muy personal, deliciosamente anacrónica, y plagada además de melodías increíblemente hábiles y adictivas. De hecho, "Bugle Boy" es tan enigmática y tan fuera de parámetros que hasta parece escrita por Jaume Sisa. Y "Recess" podría estar entre "Dead End Street" y "Sunny Afternoon" en un recopilatorio de los Kinks. "Raggedy And Raggedy Ann" es en mi opinión la joya del disco, con esa rápida y entrañable, pacífica, casi folk melodía, mandolina incluida, una estupenda canción que cierra un espíritu originalísimo, el cual mezcla a los Kinks y un tono campestre y de fogata nocturna.

Un disco esencial, con una personalidad abrumadora, voluntariamente fuera de toda onda y, por consiguiente, injustamente ignorado desde su misma aparición. De este disco tan cercano y mágico es muy fácil enamorarse, pero no obstante, como ya se ha dicho, diez años después The Leopards publican Magic Still Exists, su obra maestra, una joya del pop y referente absoluto, aunque completamente desconocido.

Descomunal, gigante, pero a pesar de todo humilde, Magic Still Exists destila belleza, ternura, los inevitables giros a lo Kink y una fuerza inigualable a la hora de emocionar con canciones sencillas y dotadas de una sensibilidad que desarma por su pureza. A pesar de todo, la canción que abre el disco, "Block Party", engaña, porque es muy rock, de hecho no parecen ellos, y enseguida "Back on The Track" nos demuestra que las cosas no sólo no han cambiado, sino que se han hecho mejores. Excelente pieza, digna de la pluma más inspirada de Ray Davies, a quien ya no sólo rinden homenaje sino que lo toman como forma de vida y lo igualan. "Empty People" es puro, nuclear, incorruptible pop británico de los 60, viene de allí, se ha obrado el milagro, el tiempo se ha derretido y todo es posible. ¿Y "Last Night"? Pues otro clásico del mayor de los Davies, sólo que no lo ha escrito él y que es el ejemplo paradigmático de hasta qué punto puede emocionar la sencillez. Ni siquiera "Harleans House" pierde el carisma, con esos coros a lo Beatles y unas melodías firmemente trazadas con sus cambios sutiles, delicados, melancólicos, dolorosos en su belleza.

Es fácil detectar cuándo un grupo está haciendo algo grande, porque sus discos se desarrollan prácticamente sin altibajos, como si se tratara de un espadazo que al terminar nos deja temblando. Esto es lo que experimentaremos con "Psychedelic Boy", que viene a ser el mejor McCartney, el mejor Ray Davies, el mejor Pete Dello, el mejor todo de todo dentro de la tradición del pop exquisito. "It Can Happen To You", otra maravilla, con una introducción de mandolinas en espiral que directamente derrite, y una construcción perfecta y de estribillos poderosos, genialmente acompañados por una guitarra de goma. "Waiting" es una genial aproximación a un estilo más bien de la nueva ola, no tan personal pero igualmente talentoso, algo de lo que parece participar también "Crying". "Dusty Treasure" es uno de esos instrumentales que no están de más, que son tan buenos como cualquier otra canción y que nadie en su sano juicio excluiria del disco (¿os suena "Is This Music", de Teenage Fanclub?). Y "Maggie Lane" es el canto del cisne, una canción trabajada, más compleja pero con los referentes igual de claros que las anteriores, de desarrollo inquietante (acaba con una explosión) e ideal para cerrar un disco de esa altura.

Grandes, honestos, unos clásicos desconocidos que os invito a que formen parte de vuestra colección desde ya mismo. Si nunca habéis escuchado a The Leopards, os propongo que descarguéis la siguiente canción (cara B del single "Psychedelic Boy") y digáis en los comentarios qué os parece:

The Leopards. "If You Come Back To Me"

Y puesto que se trata de discos muy difíciles de encontrar, a continuación pongo los enlaces correspondientes a los dos (también están en e-mule, por cortesía de la fantástica 1 poco de música):

The Leopards. Kansas City Slickers
The Leopards. Magic Still Exists

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jueves, mayo 17, 2007

Feedbacks, "Sunday Morning Record"

¿Música española? Sí, por supuesto. Pero hay una dimensión desconocida, hay unos mundos inexplorados por la mayoría que van a ser eternos, cuya huella va a perdurar para siempre aunque a día de hoy reciban un reconocimiento más bien minoritario, pero apasionado. Es necesario agradecerle a Rock Indiana su inmensa labor, su extraordinario trabajo para dar salida a grupos rebosantes de talento que, en otras circunstancias, hubieran perecido víctima de la indiferencia más absoluta, y además a unos precios increíbles para todo lo que se nos ofrece. La ristra de grupos de la que se ocupan daría mucho que hablar, pero hoy quiero centrarme en Feedbacks, concretamente en su último trabajo, Sunday Morning Record.

Feedbacks dieron pistas de hacia dónde se aproximaban en su anterior trabajo, My Own Revolution, un vibrante esfuerzo de melodía y guitarras que ya apuntaba, sin embargo, cierto atisbo de una sensibilidad exquisita, de unas ganas por la orfebrería pop que se estaban refinando con firme voluntad de acabar en el panteón de los grandes. Era un trabajo increíble de ganas y entusiasmo, una apuesta a lo loco por el amor por la música que destaca entre los discos de rock español de todos los tiempos (de acuerdo, en inglés, pero para el caso como si cantaran en chino), y con referentes tan estimulantes como Buzzcocks, Badfinger, Teenage Fanclub y lo más granado del power pop y de la new wave de todos los tiempos.

Reconozco que la escucha de su último disco, Sunday Morning Record, me dejó paralizado desde el primer momento. Me dio una sensación de belleza absoluta e imprevisible, de estar ante algo grande y digno de marcar época. No obstante, siempre prefiero indagar un poco más y lo cierto es que las múltiples escuchas que siguieron no hicieron más que constatar mi primera impresión y además llenarla de matices. Es un disco donde la pasión por la melodía alcanza cotas muy altas, pulidas con unas pinceladas de una sensibilidad sin límites, sin abandonar nunca las ganas de diversión y de emocionar. Este conjunto de canciones es una contundente carcajada a la cara de lo que normalmente se entiende por "música española", es un limpio puñetazo en la mesa de la realidad más mediocre y absurda donde los que más venden son monstruos de intenciones tenebrosas.

Hay que reconocer que el espíritu de Teenage Fanclub respira en todas y cada una de las arterias de este disco. Pero bueno, lo mismo les pasaba a los Beatles con Buddy Holly. "Here Comes The Fall" es un adictivo, carismático principio, porque aquí comienza el paraíso, un himno muy en la línea de sus anteriores discos, manteniendo su escrupulosa calidad guitarrera y con unos teclados que le dan un brillo muy norteamericano. En "Before", sin embargo, no hay más que dejarse llevar por los acordes de una guitarra omnipresente, que sabe callar cuando es necesario y que enloquece en el punto culminante, para adornar una melodía furiosa y bella, potente pero sutilmente melódica, y pegajosa hasta decir basta, una de las mejores canciones rock que se han compuesto en este país.

"Laugh" ya deja paso al brillo melódico, donde Feedbacks se han hecho expertos. El comienzo es muy similar a las canciones que han precedido, peleón, muy indie, pero de repente cae del cielo un estribillo a dos voces que nos pilla con las defensas bajas y que nos atraviesa de punta a punta, sin dejarnos ir hasta que cada uno de nuestros poros no se haya emocionado. Pero claro, llega "Ready to Surrender", y aquí asumo ya de buenas a primeras que cualquier cosa que diga se va a quedar corta en comparación con lo que realmente es y suscita. Sus baterías tribales del principio, con una guitarra que hace prever fenómenos misteriosos y excitantes, da lugar a una ligera tonada, con unas guitarras acústicas listas para poner la piel de gallina, que es lo que aplasta con la fuerza de un trailer porque nadie está hecho para escuchar esa maravilla y quedarse igual. The Everly Brothers, Burt Bacharach, Roy Orbison, cualquiera de los grandes sirve como perfecta referencia para una canción de este calibre, que sigue mirando muy de cerca, no lo olvidemos, a Teenage Fanclub. Y bueno, "Carry On (or back to mars)" es mi favorita personal, me llega muy dentro, muy esquemática porque no le queda más remedio que ir al grano, The Beach Boys en su mejor época (y no exagero), nada de disfraces ni poses, honestidad en estado puro y serio peligro de morir de sobredosis... y de placer. La canción perfecta para derretir a cualquiera en esos momentos en que las palabras se quedan cortas.

No, "In Twilight", por difícil que parezca, no baja el nivel, todo lo contrario, se mantiene en una especie de tour de force de locura. Esas guitarras crepusculares, que parecen sonar junto a una playa californiana, hablan y nos cuentan una historia nostálgica y muy viva. La maestría de esta canción es admirable, porque suena muy espontánea, muy directa, pero si nos separamos un poco, está trazada con la experiencia y la perfección que sólo podían alcanzar grupos como Badfinger. "1971" es puro festival power-pop, ahora son unos Barracudas o unos Gigolo Aunts exultantes y aficionados a conocer singles perdidos de grupos de finales de los setenta, con ese amor tan descarado por los primeros Beatles pero asumiendo que es muy difícil dejar atrás la sencillez que el punk aportó. "She" es más convencional, pero no por eso menos mala, con lo cual quiero decir que podría figurar junto a los mayores éxitos de grupos como The Strokes o The Libertines si Feedbacks fueran tan enrollados y molones como ellos o si parecer rebeldes les importara algo más. En "Destination Unknow" regresan a la sencillez de los sesenta, en una especie de pastiche que toma a partes iguales el soul-pop de la Motown (arreglos de viento incluidos) y la ingenuidad de los grupos de chicas. Y para acabar, "If Su Is Not There" es indescriptible. Son My Bloody Valentine, pero mejores. Una guitarra acaparadora y zumbante en la cual la melodía traza destellos de infatigable dulzura. El glorioso broche final a un disco excepcional ya no sólo en nuestro país, sino entre cualquiera del pop de verdad.

Feedbacks es un grupo desconocido para muchos, y desde ya uno de nuestros tesoros más preciados. Sólo me queda decir que el precio del disco, cinco euros, es algo puramente simbólico para todo lo que nos va a ofrecer durante mucho tiempo. Tenerlo y escucharlo es una necesidad y un privilegio que no debería perderse ninguna persona a la que le gusten los grupos de los que se habla por aquí.

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martes, abril 24, 2007

Sloan, "A Sides Win"

El grupo canadiense Sloan ha grabado a lo largo de su carrera muy buenos discos, algo descompensados a veces, y ha desarrollado un estilo nervudo, trotón, que sin embargo nunca deja de reflejar un amor ineludible por el pop. Sin embargo, donde alcanzan su mayor habilidad y sus mejores puñetazos expresivos es en los singles, en las canciones redondas y aisladas, materia en la que son maestros consumados. Genios de la chispa, artistas del cañonazo aturdidor a los oídos, talladores de gemas que no dejan de surgir con cierta frecuencia de su factoría, Sloan es más que nada un grupo de canciones, pero eso no tiene nada de malo, como me gusta repetir. Y de hecho, su disco recopilatorio A Sides Win, todas sus caras A desde 1992 hasta el 2005, se convierte por lógica y por su propio peso en una obra maestra, un disco necesario y vital para cualquier amante del pop, un clásico desde el momento mismo en que fue ideado.

Sus 16 canciones fluctúan desde los inicios del grupo, más apegados a cierto sonido grunge más cerca de la rama de los Posies que de la de Nirvana, por decirlo de alguna manera, hasta un progresivo refinamiento que, sin dejar de lado los ritmos poderosos, van mostrando una mayor orientación hacia el pop clásico británico. Las dos primeras, "Underwhelmed" y, especialmente, "500 Up", son cascadas de energía y melodía con unas voces potentes, sutiles, elegantes, demasiado sensibles para el grunge, como también les pasaba a Stringfellow y compañía. Sin embargo, los círculos matemáticos de "500 up" son excepcionales, su gran primera canción, llena de ganas, ideas y un entrañable espíritu indie que luego se perdería a favor de una búsqueda de la perfección. De "Coax Me" se puede decir que es muy parecida a cualquier gran canción de los Posies (resulta imposible no dejar de relacionar a los dos grupos), una suave línea de melancolía filtrada entre un arpegio de guitarra asombroso y adictivo.

"People Of The Sky" es otra canción poderosa, extrañamente enigmática, con esa voz desganada recitando sin parar y punteada por unos "pa pa pa" fuera de tiempo, tan sesenteros que se hacen muy exóticos en una canción de espíritu más bien indie, fantasiosa, energética, refrescante, circular, y hasta estremecedora cuando aparece una guitarra que se estira sobre sí misma a un volumen mayor que el resto de los instrumentos. "The Good In Everyone" demuestra que Sloan son expertos en crear introducciones a las canciones más que perfectas, cualquiera de sus temas es fácilmente identificable por el comienzo, y cuando luego, como en este caso, llega un estribillo con un gancho afilado, el placer es demasiado, me da por pensar que no hay nada mejor que la combinación de energía, electricidad y melodía. En "Everything You've Done Wrong" son los Beatles, ni siquiera esos arreglos de viento del soul logran disimularlo. Y "The Lines You Amend" es directamente prodigiosa, una mezcla increíble de los ritmos de T. Rex y los Beatles, un bajo emocionante, perfecto en sus notas saltarinas, y una voz ingenua, tierna y entrañable. El vídeo, que desborda entusiasmo y que pongo a continuación, está a la altura del tema. Y yo me voy a arrepentir siempre de no haber incluido esta canción entre las mejores del pop.



"Money City Maniacs" es puro chicle para degustadores de melodías poderosas que llevan guitarrazos como motores. Una canción a lo Nirvana pero mucho mejor que Nirvana. Y "She Says What She Means" es para derretirse, McCartney en los 90 tocando en un grupo grunge, emoción en su estribillo metido a puñetazos en unos ritmos más bien duros, la perfecta reencarnación de Badfinger, un ardiente corazón de rosas dentro de una armadura. "Losing California" ya toca la fibra simplemente con su comienzo avasallador, una conjunción vibrante de bajo y batería que nos avisa que estamos acercándonos a algo demasiado bueno como para ser tomado a broma, ni más ni menos uno de los mejores estribillos y acordes enlazados de los 90.

"Friendship" nos planta en las narices un nuevo estribillo que planea con elegancia y soltura en nuestros oídos, y "If It Feels Good Do It" es una especie de mantra pop guitarrero donde la conjunción de voces es sencillamente perfecta. En "The Other Man" son más accesibles, parece una canción más preparada para tener éxito y vender, de hecho es la que menos me gusta aunque no está nada mal. Prefiero mil veces "The Rest Of My Life", donde otra vez son la personificación del pop británico sin complejos, emocionante, hermosa, con un vídeo divertido y encantador (que pongo abajo), infinitamente tarareable y creada para enamorarnos de ella. "All Used Up" es directa, anfetamínica, urgente, más rockera que todas las demás. y "Try To Make It" regresa a las emocionantes, melódicas filigranas cantadas con voces perfectas, seguras, encajadas en canciones sin precio, de lo mejor que se ha hecho nunca en el power pop.



Sloan no serán constantes, no tendrán discos realmente buenos y compensados, pero esta colección justifica por sí sola su existencia y los convierte en grandes. Uno de los mejores discos del pop de todos los tiempos, aunque se trate de una recopilación. Y además, acompañada de un DVD con todos los videoclips de cada uno de los temas, lo cual, en este caso, es especialmente jugoso teniendo en cuenta el desparpajo, carisma y pasión con que el grupo interpreta sus temas.

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martes, abril 17, 2007

Los Ángeles

Que la revista musical Rockdelux habla más bien poquito de rock es algo conocido por todos. Que prefieren dedicar media página a una foto horrible de un feo Dj antes que hablar de algún grupo anterior a los 80 es también bastante sabido. Y que desprecia por sistema el pop (y me refiero al pop de verdad, al pop con sangre, y no a esas ventosidades perfumadas que suelen promocionar) es una especie de ley universal. No hay más que leer el artículo de crítica que Kiko Amat le dedica al libro Los Ángeles. Una leyenda del pop español, de Fernando Díaz de la Guardia (Ed. Rama Lama Music) en la revista correspondiente a febrero. Entre otras lindezas, afirma cosas como "Sin exagerar. Esto es lo que uno piensa al leer el libro", o "Por eso es una pena que, en un desesperado intento de transformar al grupo en una leyenda, el autor defienda sus constantes muestras de babosez horripilante". Otro de sus argumentos tiene tanto peso como éste: "(...) es difícil ser fan de un grupo que hacía canción mejicana o presentaba discos en la Zarzuela".

Con este artículo trataré de exponer lo que pienso sobre Los Ángeles y el valor que tienen sus canciones, y con argumentos que vayan algo más allá de dónde presentaban sus discos y que se centren estrictamente en la música. Reconozco que cuando escuché por primera vez las canciones de este grupo español de finales de los 60, me sentí un tanto defraudado, se me hacían demasiado monocordes esas voces en ocasiones tan azucaradas. Sin embargo, "¿Has amado alguna vez?" llegó a mis oídos como un relámpago y me hizo levantar la cabeza. Era una versión perfecta, briosa, ágil y nervuda de la maravillosa "Have You Ever Loved Somebody" de los Hollies, que me hizo pensar que Los Ángeles eran de los míos y admirar entusiasmado esa manera en la que Poncho, batería y voz solista, cantaba los últimos versos, sinuosa y seductoramente. Sin duda, era la señal para prestarles más atención y rasgar por encima de aquel sonido exageradamente celestial.

A partir de ahí, mi fascinación fue en aumento y me topé con un magnífico grupo de pop, algo que nunca ha gustado, ni gusta, ni gustará en Rockdelux a no ser que haya ínfulas intelectuales o existenciales de por medio. "98.6", por ejemplo, es una canción perfecta, fascinante ese órgano templado, veraniego, amigable, directamente extraído de las canciones de los Beach Boys de finales de la década. Como dice un tipo en el interesante documental en DVD que acompaña al libro: "Es una canción muy primaveral, para ponérsela a principios de abril. Cada vez que la escucho pienso que me va a pasar algo bueno". No hay una definición mejor de este tema. Otro de sus grandes éxitos es "Mañana, Mañana", que el crítico de RockdeLux define, en un portento de objetividad, como "odiosa". En cambio, para mí está cargada de delicadeza, de enamoramiento, una melodía que flota y se estira hacia el horizonte, etérea, prácticamente espiritual y, francamente, deliciosa.

"Créeme" es otro himno de ese pop celeste y preciosista, más elegante, más clásico, mejor construido y de un sonido perfectamente limpio y preciso, pero quizá demasiado sincera para quien busca en la música una excusa para justificarse intelectual y culturalmente. Y qué decir de esas montañas de nata que ascienden y descienden de "Mónica", más pop puro y sin complejos que sólo busca emocionar, otro rayo de sentimiento transformado pulcramente en una melodía nítida y apuntillada con los arreglos de cuerda necesarios. Hasta "Oho-Aha" desprende el innegable encanto de la sencillez, con ese instrumento de película del Oeste sosteniendo el ritmo, y movida por una firme voluntad de enganchar y de ser tarareada hasta el infinito. "Te presentí", otro exitazo marca de la casa, es una canción abrupta, serena por momentos y crispada cuando se trata de estremecer. Sin embargo, para mí la guinda de toda esta colección de canciones perfectas, cristalinas, bonitas porque sí y, sobre todo, con sustancia musical, es "Sueños", que a ratos parece alegre y a ratos muy triste, y que explota en un estribillo sencillo y que incluye todas las esencias del pop inocente, por no hablar de ese toque exótico que le da una línea de guitarra robada de la bossa-nova.

Como todo buen grupo de pop que se precie, siguiendo la estela de los Beatles, los Kinks o, especialmente, los Hollies, Los Ángeles no sólo eran hábiles en la melodía, sino que también se dejaban caer por el lado más duro de la sensibilidad pop. "Cada día" es una canción más luchadora, con esos impagables solos de guitarra entre las voces, desenfadada y festiva. También podría citarse "Dime, Dime", electrizante, tribal, desafiante, pero ni así se evita el estribillo adictivo. Y qué decir de "No pienses", para mí una obra maestra, psicodélica, veloz, los detalles se superponen uno a otro en un mecanismo de orfebrería y para apreciarlos es necesario escucharlos detenidamente una y otra vez, pero nunca terminaremos de identificarlos todos: el bajo en espiral, la guitarra dando círculos sobre sí misma cuando llega el estribillo, los coros, tan sesenteros, y todo ello cubierto con un sonido de fiesta ye-ye divertido y atractivo al mismo tiempo.

Los Ángeles no intentaban representar los tormentos de la vida, no empleaban formas musicales demasiado novedosas, no usaban bases electrónicas, ni ritmos africanos, ni siquiera rapeaban ni incluían entre sus miembros a ningún iluminado y drogadicto cantante de jazz. Y sus canciones eran pobres en "texturas" y apenas superaban los tres minutos cada una. A pesar de todo esto, recomiendo fervientemente que consigáis algún recopilatorio de sus singles (de acuerdo, ni siquiera grabaron ningún disco conceptual) y que os entreguéis sin más al sencillo placer de disfrutar de la música.

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jueves, abril 12, 2007

Kurt Cobain, la última estrella del rock

Kurt Cobain, el tipo de aspecto desaliñado, de ojos angelicales y mirada inocente, de alma torturada y creativa, drogadicto, depresivo, suicida, lo tenía todo para triunfar precisamente por estos componentes. Sólo bastaba que le acompañara una música de querencias inadaptadas y generacionales, que según muchos críticos expresaba "la frustración de los adolescentes en un mundo capitalista" y ese tipo de cosas que yo nunca he sabido ver ni en Kurt ni en las canciones que hizo su grupo Nirvana. Recuerdo el hondo impacto que causó el disco Nevermind cuando yo tenía apenas catorce años. Sonaba en todas partes, y "Smells Like Teen Spirits" fue una profunda estocada en el subconsciente juvenil, una potente, pegadiza, rabiosa canción cuya sangre circulaba con tanta agresividad que literalmente parecía a punto de explotar en cualquier momento.

Cabe preguntarse si Nevermind era para tanto. A mí me gustó mucho por entonces, claro que también solía llevar una camiseta con la cara de Cobain, y me parecía un tipo muy profundo y lleno de talento, como se lo parecía a casi todos mis compañeros de instituto. No era de extrañar, respondía a la perfección al arquetipo de héroe romántico que tanto tirón ha tenido siempre, insurrecto y tan sensible que era incapaz de soportar la vida. Con el paso del tiempo, su figura va perdiendo peso y uno la contempla con la misma credibilidad que tiene una estampa del Che u otros tantos héroes del mundo. Lo peor de todo es que para abordar a Nirvana como grupo parece inevitable hacer como mínimo varias referencias a la desgraciada vida de Cobain, un espíritu sin rumbo víctima de las drogas y de su malvada esposa, Courtney Love.

Centrémonos en el disco que los llevó directamente al número uno. Si no fuera por el carisma de Cobain y su buena imagen, no habría recibido ni mucho menos tanta atención. Un carisma muy bien acompañado por una apreciable colección de canciones, todo sea dicho, y además con unas baterías muy rabiosas pero también muy limpias y amigables, unas guitarras cortantes pero al mismo tiempo domadas y sumisas, y especialmente la voz de Cobain, atractiva, joven, competente para la radiofórmula. Nada que ver con Iggy y los Stooges, Sonic Youth, Dinosaur Jr o los mismos Pixies, a los que tanto admiraba y de los que tanto aprendió (casi como de Hüsker Dü). Aquello era un producto perfectamente enlatado, eso sí, de una calidad inusitada para ese tipo de lanzamientos. Pero en último término, "Come As You Are" se hace demasiado insustancial, "Polly" casi ridícula en su descarada pose derrotista y "Something In The Way", directamente soporífera. "Smells Like Teen Spirits" brilla con luz propia, desde luego que sí, y también me gusta la extravagancia de "Lithium" y arrebatos de energía como "Lounge Act" o la triste, desesperanzada, sincera, áspera "On A Plain". Demasiado poco para un disco que es calificado constantemente como uno de los mejores de la historia del rock. In Utero, el siguiente, es mucho más interesante.

No hay más que comparar Nevermind con otros discos del mismo estilo, grabados aproximadamente en los mismos años. Siendo sincero, prefiero el surrealismo fascinante y juguetón del Slanted and Enchanted de Pavement, que transmite mucho más entusiasmo, y sentido del humor, y todas esas cosas que hacen que un disco no vaya muriendo con el paso de los años. Hasta me parece más auténtico el arrastrado y admirable en su sinceridad Live Through This de Love, el grupo de su esposa. Por no hablar de esos discos cargados de extrañas e hipnóticas esencias y olores, de magia y psicodelia, que grabaron los nunca suficientemente valorados Screaming Trees. Creo que Nirvana están artísticamente muy por debajo de todos ellos. Sin embargo, llegaron mucho más alto. Como dijo Kurt Cobain, en un arranque de franqueza: "Está claro que la mayoría de nuestros fans son gente que no saben mucho de música alternativa. Escuchan a Guns n’Roses, quizá hayan oído algo de Anthrax. No puedo pretender que entiendan el mensaje que tratamos de lanzar, pero al menos captamos su atención". Muchos de sus fans de entonces actualmente están perdidos en recopilaciones de Rammstein o, peor aún, de Extremoduro.

No quiero decir con todo esto que Kurt Cobain no fuera honesto. Todo lo contrario, al ver los documentales despierta simpatía por su perfecta toma de conciencia de la situación en la que se encuentran, su empeño en defender la música que aman, un amor verdadero en el que ganar mucho dinero fue más una cuestión de contigencia que algo buscado. El problema es que Cobain, dentro de esa espiral de fanatismos y admiración, terminó por creerse su propio personaje y se voló los sesos. Ahí finalizo la carrera de esta auténtica y última estrella del rock, de un apasionado que estaba en la música porque no podía evitarlo, y no por los motivos de esa gente que hacen proclamas contra la piratería, que reciben absurdos premios continuamente y que no vacilan en autodenominarse artistas sin que se les caiga la cara de vergüenza.

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sábado, abril 07, 2007

The Winnerys, "Daily Urban Times"

De vez en cuando, hay impulsos creativos que por su fiereza, entusiasmo y talento resultan directamente abrumadores. Para un grupo, llegar a ese punto requiere un largo camino tanto personal como musical, múltiples horas de análisis y reflexión que tienen como base un amor por la música puro e incondicional. El pop ha dejado muchos arañazos profundos en el alma a lo largo de su medio siglo de historia, a manos de privilegiados cuyos logros les hacen parecer más profetas de un enigmático mensaje celestial que simples músicos. Hay discos malos, otros que no están mal, algunos muy buenos y una fascinante estela de obras maestras muy separadas del resto. En España hemos tenido el privilegio de ser la cuna de una de ellas, publicada en septiembre del año pasado, por un grupo que ya no existe. Estamos hablando de Daily Urban Times, de The Winnerys.

Su primer disco, And the Winnerys, era un excelente compendio de canciones pop llenas de ganchos y energía. Parecía una especie de homenaje indisimulado a los Beatles el cual, sin embargo, quedaba muy lastrado por un sonido esquemático y casi de maqueta que recortaba muchos de sus gloriosos detalles. Canciones como "Breaking The Ice" o "Messages Inside" eran claras evidencias de que ahí había ideas y muchas ganas, y de que si lograban mejorar su sonido y mantenían el nivel compositivo podían dar el salto a esa clase de grupos de los que se habla con respeto, pasión y culto. No obstante, pasaron tres años hasta que el nuevo disco vio la luz. Era el momento de comprobar hasta dónde habían llegado.

La escucha de Daily Urban Times es una especie de sorprendente viaje a los mejores momentos de la historia del pop. The Winnerys habían logrado un disco que no sólo destacaba por su calidad, sino por su capacidad para emitir diferentes destellos según la canción y acabar ofreciendo una experiencia emocional inigualable. Enfrentarse a este disco no es un asunto cualquiera, realmente son palabras mayores, y no es una exageración decir que parece un grandes éxitos no sólo de un grupo, sino más concretamente de un estilo, con el valor añadido de que The Winnerys nunca dejan de parecer ellos mismos. Su sonido, aunque variado y multicolor, se mantiene siempre sobre un identificable espíritu de grupo.

"Mr. Cupid's Puppet Show" abre el cofre del tesoro, una adictiva, energética, soleada canción que por sí sola hubiera sido un grandioso single de éxito en cualquier anuncio de refrescos. Sus guitarras transparentes y sus voces en perfecta armonía dan paso a "Your Fantasy", donde son directamente los Kinks con un sonido más moderno y estilizado, aunque su comienzo es inolvidable y hace que se convierta a sí misma en un clásico instantáneo del pop español. Los trallazos no acaban aquí, queda abundante munición en "No Longer White" y sus melodías lanzadas como rayos, limpias, perfectas, luminosas, a lo largo de cuatro minutos inolvidables. "My Daily Ray of Sunshine" es juguetona, es beat, es de los sesenta, es un hit, es todo a la vez, más rítmica, diferente a las anteriores pero igual de buena. ¿De qué hablamos? Esto es demasiado bueno y corremos el peligro de morir por sobredosis.

Y ahí llega "My Little Good Friend", el primer remanso de paz, una canción hogareña y acústica con el encanto añadido de un tambor que recuerda a los momentos más pastorales e intimistas del Paul McCartney del disco blanco de los Beatles. Y para compensar, en "Big Times" recuerdan al George Harrison suelto y seguro de sí mismo de All Things Must Pass, con un recubrimiento de power pop académico. "Get Into My Life" es una salvajada a lo Beatles, lo mejor es cerrar los ojos y disfrutar de ese bajo con figura de violín, esa batería robada directamente del museo de los grupos del sonido Mersey, la guitarra que dobla la frase que da título a la canción, las oscilaciones emocionales que hacen del tema algo parecido a una ola, sinuoso y elegante. "Daily Urban Times" es más épica y trabajada, no quiere parecer intrascendente, pero lo hace de la mejor manera, es decir, sonando a grupo sólido y consciente de sus pasos, y para la MTv alternativa sería muy fácil colarla como éxito junto a las canciones de Coldplay y Radiohead, sólo que ésta sería buena de verdad. En un mundo ideal, iría directa al número 1.

¿Y "Five Five Five"? Ya es la novena, pero aquí no hay tregua. Incluso para escribir sobre ella he tenido que pararla, porque si no me es imposible no prestarle atención, desde las melancólicas cuerdas de guitarra que abren el tema, hasta esa voz genial, contenida y segura de que está cantando algo grande. Esta vez pop de la factoría Spector, pero también pop Winnerys, y también power pop, es decir, algo que lo sintetiza todo y que por eso mismo es único, realmente emocionante y especial. "Peace in The World" regresa al pop de sonido comprometido y constructivo, densa y triste, seria y hermosa, John Lennon preguntándose sobre los problemas del mundo y al mismo tiempo encontrando inspiración. "How I Miss You", por el contrario, recibe de nuevo un baño de sonido limpio y una dosis de estribillos directos, un mordisco de melodía a la yugular antes de abrir la puerta a "Not So Far Away", otro ejemplo de cómo hacer una gran canción con quiebros matemáticos perfectos y cambios de ritmo, algo que los Winnerys dominan a la perfección en este disco. "Your Credibility's Show" es ya abusivo, ahora quieren parecerse a un grupo de power pop salvaje de los 70 y lanzan las guitarras al aire y las melodías al vientre. ¿El resultado? Una canción que podría haber figurado tranquilamente en el No Dice de Badfinger. A la altura de los clásicos y como si no pasara nada, pero su línea de guitarra, furiosa, trepidante y seductora, va a explotar durante tiempo en el interior de nuestra cabeza. "Humble Heart" está fabricada a partir del libro de estilo de Paul McCartney, incluidos esos arreglos de viento tan característicos que le dan cierto aire teatral. Y para acabar, "So Many People", de la que puede decirse que a cualquier grupo de power pop le encantaría tenerla como hit de su nuevo disco, sólo que aquí no puede destacar, sino es que una parte más de un todo descomunal.

Hay que irse con cuidado con este disco. Su absoluta falta de pretensiones lo hace todavía más enigmático e inabarcable. Su belleza explota en múltiples direcciones, ni más ni menos que quince temas cuya heterogeneidad no hay por dónde tomar. Lo único cierto es que sus canciones vivirán a nuestro lado durante mucho tiempo y que nos sorprenderá ir recordándolas una a una y darnos cuenta de que todas provienen del mismo lugar, de un disco que va a ser un clásico de culto en los próximos años y que lo advierte desde el diseño de portada, con esos ecos del Forever Changes de Love y del Revolver de los Beatles. No es extraño que The Winnerys se separasen a los pocos meses de su publicación, porque después de grabar algo así cualquier listón parece inalcanzable.

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martes, abril 03, 2007

José Casas, "Plasticland"

José Casas publicó en el 2003 su primer y único, de momento, álbum en solitario, después de una carrera que empieza en los años ochenta y que pasa por diferentes grupos como Helio o Relicarios. Y hoy vamos a hablar de este Plasticland, que es un crisol de diferentes estilos de pop, ocho canciones variadas, un poliedro construido con gusto y que hace altos en diferentes etapas de la historia de la música, con especial predilección por la melodía.

Las dos primeras canciones desprenden esa atmósfera nostálgica, melancólica pero directa y con estribillos pegajosos, de hecho podrían haber figurado en cualquier disco de los otoñales Pale Fountains. Son muy inglesas, especialmente la saltarina "Behind Evil Flower's park". En cambio, "My five senses" gira noventa grados y se fija en aquellas canciones tan características de los primeros Elvis Costello, Joe Jackson o XTC, que se aprovechaban del reggae para inyectar en el pop un aire exótico y extrañamente encantador. De "Robin Hood Song" se dice en todas partes que es un homenaje al Bowie del Ziggy Stardust, y de hecho la voz se parece mucho, así como esas filigranas de guitarra, que tanto recuerdan a las producciones de Tony Visconti. Sin embargo, a mí me parece más bien un John Lennon de la época Help un tanto pasado de roscas. Una de las canciones más inspiradas del disco y un curioso ejercicio de estilo.

"Bo Didley Kidnaps" para mí es la mejor, la más original e inquietante, digamos que aquí hay autenticidad y un sentido de la experimentación muy estimulante. Para hacernos una idea, en este tema José Casas desarrolla un mosaico formado por esas líneas de guitarra extravagantes y de sangre misteriosa directamente tomadas de Bo Didley, un ritmo y teclados más bien garage y unos coros envolventes que se adaptan como un guante a la canción. Un acierto estupendo que justifica por sí solo todo el disco. "Change Your Tale" sigue alzando el vuelo al mismo tiempo que escapa por otro de los infinitos senderos del pop, en este caso más orientado hacia Escocia, con una sensibilidad soleada y transparente, afín a las enseñanzas de Teenage Fanclub, Orange Juice y compañía.

Y ya llegamos a la recta final, con "Where Are My Heroes Living", pop vacilón que suena mucho a los Plimsouls y a todos los grandes mitos del power pop de finales de los 70, de hecho cuesta mucho escuchar ese estribillo sin recordar la voz rasgada, juvenil y rabiosa de Peter Case. Un gran tema con una base rítmica potente que deja maravillosos agujeros a las florituras de la melodía. "Running Man" pone punto final al disco y es también una de las mejores, con su inicio relajado y preciosista que deriva inmediatamente hacia un estribillo angustiado y acorralado. Adictiva y carismática, sirve para acabar con un buen sabor de boca, es una especie de guinda a un trabajo que ha sido grabado con la paciencia de un artesano y el cariño de una madre.

De hecho, la constante del disco es un sonido limpio, muy cuidado, con arreglos de cuerda precisos y embellecedores, y sólo se echa de menos algo más de energía en estupendos temas que invitan al frenesí, como "Where Are My Heroes Living", o una mayor cantidad de canciones que hagan el disfrute más duradero. Aun así, un muy buen comienzo para José Casas, que se labra un perfil de autor pop variado, exquisito y clasicista, y que después de este disco tan resultón nos deja con ganas de averiguar hacia dónde le llevará su nuevo trabajo.

Es recomendable una visita a su página web o a su myspace, donde encontraréis más información sobre Plasticland y podréis escuchar algunas de las canciones. Y aquí podréis leer una interesante entrevista a cargo de Rafa Beatman.

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viernes, marzo 30, 2007

Algunas tiendas de discos

Las tiendas de discos no van a desaparecer, o al menos no deberían hacerlo aquellas que, con una cierta honestidad, ponen a disposición de sus clientes toda una serie de estilos que no entran dentro de las pautas corrientes. Es decir, aquellas personas que en cuanto les es posible compran un disco del que ya están enamorados, porque quieren poseerlo original, porque no es lo mismo que tener una insípida carpeta virtual en un DVD apelmazado de discos y películas. Así que esas tiendas logran mantenerse, y yo, que vivo en Barcelona, sigo acudiendo a ellas con esa pizca de ilusión y expectación ante lo que deparará la tarde.

Antes iba a CD-DROME, en la calle Tallers, en su momento (hace años que no paso por ahí) uno de los mejores lugares para encontrar discos a partir de los 90 (cabría preguntarse por qué no venden cosas anteriores). Dejé de ir cuando se pusieron paranoicos con la seguridad. Tenían esas barreras de infrarrojos en la entrada, y además las cajas de los CD's estaban vacías, pero aun así un día me pidieron que dejara mi bolsa con otras compras en el mostrador. Me molesta mucho que me traten como presunto ladrón y me niego a que desconfíen de mí de esa manera, así que normalmente me voy cuando ocurre algo de este tipo. Aquel día, no obstante, dejé la bolsa. A la salida me la devolvieron y, justo delante de ellos, la inspeccioné detenidamente. Tenía tanto derecho a no fiarme como ellos a no fiarse de mí, pero no les gustó demasiado mi gesto y me pusieron mala cara. No volví.

Las dos tiendas Revolver, también en Tallers, son todo un mundo. De ellas suele encargarse un heavy-rockero bajito, de melena grasienta y aspecto de troll, junto con una camarilla de ayudantes a cada cual más desagradable y antipático. La verdad es que me parece una tienda con cierta honestidad, donde venden sin complejos buena música y la morralla justa para ganar un poco de dinero (esos discos para modernillos y góticos), sin embargo se pierden en toda una serie de patrañas absurdas que sólo llevan a entrar allí con cierta incomodidad y a la defensiva. Por ejemplo, aunque los discos suelen tener buenos precios, es muy fácil que intenten colarnos una novedad que en realidad es un disco de segunda mano (artimaña perfectamente detectable por el nuevo precintado cutre que usan). Fastidia mucho llegar a casa tras haber pagado por 15 euros un CD, abrirlo y comprobar que la caja está rota (como ocurre con casi todos) o que el CD está lleno de huellas dactilares e incluso a veces de arañazos. También son altamente desconfiados y no les importará que seamos habituales o que nos hayamos dejado ahí bastante dinero, si la alarma pita al salir por la puerta (lo cual es fácil, porque su sistema de infrarrojos proviene casi de los orígenes de la revolución industrial), no nos dejarán en paz hasta averiguar por qué. Por cierto, su capacidad para elegir a cajeras repletas de piercings, con cara de perro y mirada y actitudes de estúpida superioridad no tiene límites, son especialistas en eso.

Discos Edison, en Riera Baja, es mi favorita. Ofrecen buenos precios y es muy fácil encontrar auténticas gangas si se tiene paciencia en revisar una a una todas las cubetas de discos, de la A a la Z (con lo que eso supone de ver una y otra vez los mismos discos de Bryan Adams, Neil Diamond, Lionel Richie y similares). La sensación de sorpresa y el aumento de los latidos del corazón cuando se extrae una joya entre tanta basura, a la que se libra de ese tormento, y darse cuenta de que el precio es increíblemente barato, compensa el tiempo perdido y las capas de polvo acumuladas en los dedos. Además, los encargados dejan absoluta libertad -jamás he notado miradas de suspicacia- y hacen buenos descuentos.

En esa misma calle, justo al lado, Discos Wah Wah resulta completamente distinta. Es loable su talibanismo irreductible (allí se puede encontrar lo más granado del power pop, del punk, de la psicodelia, de la música negra), pero también es cierto que los precios no son nada baratos y que casi todo son reediciones. Un buen sitio para ir a tiro fijo, pero que no permite demasiadas alegrías cuando se dispone de un salario normal. Sigue pareciéndome demasiado caro 20 euros por cualquiera de esas reediciones de vinilo de 180 gramos, que luego decepcionan al abrirlas y comprobar que no incluyen nada que justifique ese precio.

He comprado discos en muchos otros sitios, en mercados, en ferias del vinilo en mi pueblo, en anticuarios e incluso a un amigo mío cuyo padre era DJ en los setenta, lugares que incluiré más adelante en otro artículo.

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lunes, marzo 26, 2007

Pequeñas alegrías

Me siento muy feliz por el hecho de que me guste la música. También me gusta leer tebeos, o novelas (aunque creo que en la literatura es muchísimo más fácil caer en pedanterías y profundidades vacuas), y ver cine, pero nada me llena tanto como una buena canción de tres minutos. Dentro de lo que son los vaivenes de la vida, la música siempre está ahí, expectante para asaltarme y para darle ese punto vibrante sin el cual todo sería mucho peor.

Es más fácil explicarlo con un ejemplo. El otro día voy a una tienda de antigüedades de segunda mano y me encuentro con una sección de discos de vinilo. Se nota que no dominan demasiado y no saben lo que tienen. Los LP's están en unas condiciones horribles, de hecho me lamento porque aunque hay mucha morralla, también encuentro otros discos bastantes buenos pero tan maltrechos que es mejor no comprarlos. Sin embargo, descubro que hay una sección de singles mucho más potable. Con un poco de paciencia -y desesperación, hay varios de Los Brincos que están quemados o que directamente no tienen el vinilo dentro de la funda-, selecciono siete que valen mucho la pena y cuando los dejo en el mostrador, me pongo nervioso al escuchar que la dependienta sólo me pide dos euros por todos. Fantástico, decido volver por si me he dejado algo y me llevo un par más.

Uno de los que escojo es de unos tal Gen Rosso de los que no tengo ni idea, pero a ese precio ridículo no importa. La canción se llama "Questa Gente", parece de principios de los sesenta, y cuando pongo el single en el tocadiscos me gusta mucho, todo es perfecto, una música juguetona y un estribillo cantado con ese tipo de emoción sencilla que me alcanza directamente la fibra. La melodía me da vueltas en la cabeza durante días, en cualquier circunstancia. En mi aburrido trabajo, en mis paseos por el pueblo, en mis desvaríos alcóholicos.

Hace poco voy a la tienda Revolver, en Barcelona, y en la sección de CD's de segunda mano me llevo un disco de The New Pornographers, Electric Version, y un recopilatorio de Sloan, A Sides Win. Son dos discos de un potencial enorme, me engancho a las melodías de los Pornographers y me enamoro de la voz de Neko Case, envuelta en guitarras cristalinas, en coros sin concesiones, en teclados pegajosos, o sea, todo lo que me gusta. Y qué decir de Sloan. Se me inyecta directamente en las venas su canción "She Says What She Means", voy a una comida con una compañía muy agradable y no sólo me lo paso muy bien sino que estoy todo el rato pensando en la canción y recreándome en la fuerza de su melodía y de sus cambios de ritmo. Eso me ha pasado muchas otras veces, e incluso en ocasiones aburridas en las que pensar en ese tipo de canciones me llena de un optimismo ciego e inexplicable. Pienso en esa frase de Donovan: "Dios regaló el pop a los humanos para hacer la vida más bella". Indudablemente hay algo místico y verdadero en la música.

Pienso en novias que he tenido que sonreían sarcásticamente cuando les ponía el Forever Changes de Love y trataba de explicarles lo mucho que me emociona ese disco. Me acuerdo de gente que me dice que para ellos la música es un puro acompañamiento de otras cosas. Para mí, en cambio, es una pasión que condiciona mi vida. Preferiría ser ciego a ser sordo. En momentos de desesperanza o de incomprensión hacia el género humano, siempre sobresale una canción que insufla energía, que parece decir con humildad, pero también con convicción, que las cosas no son tan malas.

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lunes, marzo 12, 2007

Entrevista a Miguel Ángel Villanueva

La larga carrera de Miguel Ángel Villanueva ha acabado configurándolo como uno de los nombres más importantes del pop en español, todo un claro referente que debería ser mucho más conocido de lo que es. Su trayectoria, plagada de canciones brillantes, evoluciona desde la nueva ola de finales de los setenta hacia un pop sofisticado, elegante, melancólico, adicto a la melodía y a los arreglos de cuerda. Especialmente dos discos, uno bajo el nombre de Los Brujos, Sin ver el sol (1998), y el otro ya como Miguel Ángel Villanueva, Ningún cielo (2004), son todo un orgullo para nuestra música, obras que beben sin complejos de la explosión pop de finales de los 60 y que toman como referentes a The Beatles, Left Banke, The Zombies, Billy Nicholls, los Beach Boys del Pet Sounds y, especialmente, a Pete Dello (que se encargó de los arreglos de cuerda y viento de los dos discos).

Sin ver el sol es una obra maestra edificada sobre los ejes fundamentales del pop de verdad. Canción tras canción se nos ofrece un proyecto personal fascinante en su gusto por la melodía y, principalmente, en ese aroma atemporal que emana del disco (por cierto, en hermosa edición en vinilo blanco). "Reflejos de un espejo mágico" es energética, un cañonazo ideal para empezar, y "Nuestra historia imposible" ya deja entrever complejos paisajes melódicos, algo que se concreta en "Cielo rojo en mi habitación", que parece un hipotético hit de los mejores Kinks en los 60. "Soy transparente" brilla con luz propia, la impotencia con su punto de sarcasmo de la letra contrasta con su ritmo pegadizo, sus dulces y suaves, hipnóticas formas. Y "Rumbo a Saturno" tiene una línea de guitarra arrebatadora. "Que hoy se pare el mundo" es otra pieza deslumbrante, la habilidad de Villanueva para hacer música elegante, emotiva, con un contenido desolador alcanza aquí cotas abrumadoras. "Una vez más" es otro clásico de los 60 compuesto en los 90, y "La historia de Sebastián Paredes" parece directamente Honeybus, su melodía tierna y adictiva no podría estar mejor acompañada que con esas guitarras abrasivas. "Cansado y de vuelta en la feria" es otra incursión en los imaginarios singles de éxito de hace cuarenta años, y de "Me voy" basta decir que su gancho, con una adecuada promoción, le hubiera bastado para empujarle a la radiofórmula.

En Ningún cielo, Miguel Ángel depura todavía más su gusto por la melodía y logra un disco a la altura del anterior, quizá más reposado, convirtiéndose directamente en el Pete Dello español. Las fragancias sensuales de "Desde que no estás" son inolvidables, esto es pop de quilates a la altura de los clásicos del género. "Entre el cielo y el suelo" es otra joya de la melancolía, y cuando se llega a "Verdades de alquiler", excelente, una increíble reencarnación del talento de Ray Davies, ya es imposible no darse cuenta de la altura de este disco. "Los días que no volverán" encoge el corazón, parece que Villanueva ha hecho suyo el pop y nunca va a parar de ofrecer clásicos, impresión que se reafirma en "Nubes" y sus impresionantes arreglos de cuerda, marca de la casa de Dello. "Como agua de Luna" parece un single inédito de Left Banke, "San Judas" es más agresiva y rockera, y "El 27 de nunca" vuelve a esas canciones delicadas e hirientes en las que Villanueva es maestro. La agitada "Infierno personal" tiene el encanto de sus trompetas mexicanas, "Miedo en la estación" es otro estándar del particular estilo de Villanueva y "Todos vamos perdidos" es una fenomenal, reflexiva, deliciosa manera de acabar lo que parece el personal Into Your Ears de nuestro músico.

Dos grandes discos que han merecido un unánime reconocimiento entre los amantes del pop ajeno a modas, poses e intelectualismos diversos, y que merecen todavía mucho más. Podréis comprar éstos y muchos otros en la la página web de Miguel Ángel Villanueva, donde también encontraréis una detallada biografía y discografía. Le agradecemos enormemente su amabilidad al concedernos la siguiente entrevista:

-¿De cuál de tus canciones estás más contento, o cuál crees que sintetiza mejor tu estilo?

No es fácil para mi seleccionar una de entre todas mis canciones. Supongo que soy parte demasiado implicada para ser medianamente objetivo en el asunto. Además, la percepción que cada uno tenemos de las cosas suele ser bastante diferente, e incluso variar según días.
No obstante, y de entre las publicadas hasta el momento, digamos que le tengo un cariño particular a canciones como "Cansado Y De Vuelta En La Feria", "Cielo Rojo En Mi Habitación", "Los Días Que No Volverán", "El 27 De Nunca" o "Cinco Secuencias En Globo". Cuestión de melodía y sentimiento.

-Tus letras son muy expresivas y personales, sin ser pedantes transmiten una visión muy desencantada y melancólica de la vida. ¿Tienes algún referente literario o musical a la hora de escribirlas, algún autor que te haya influido?

Pues no. Nunca me baso en nada ni en nadie a la hora de escribir la letra de una canción. Intento ser sincero conmigo mismo y decir mis cosas lo más bonitamente que puedo, dejando alguna puerta abierta siempre que es posible.
Soy más músico que poeta y siempre me dejo las letras para el final. Para cuando no hay más remedio que hacerlas.
Me encuentro más agusto y más vivo haciendo las músicas. Para mi las letras siempre son un parto más doloroso. Le tengo un cierto respeto a las palabras, que por lo general suelen ser más altivas y engañosas que los sonidos.

-¿Con qué periodo de la historia del pop te quedarías si tuvieras que elegir? ¿Por qué?

Siempre se han hecho y se seguirán haciendo grandes canciones. En todas las épocas y lugares. Incluso ahora, como es natural.
Aunque, si como dices tuviera que elegir, es casi inevitable que me decidiera por los años sesenta. Especialmente, del 64 al 69. Todavía me sigue pareciendo increíble que en esos años se pudieran hacer tantas cosas nuevas, con tanta intensidad y colorido, y con tanta energía. La música evolucionó más en esos seis o siete años que desde entonces hasta ahora. Es realmente sorprendente.
Es cierto que obviamente era otra época, y ni el mundo era el mismo ni la gente sentía de igual forma. Salvo alguna que otra excepción, la música en general suele ser un reflejo de su tiempo. El desencanto y el escepticismo actuales poco tienen que ver con la ingenuidad y el corto kilometraje de entonces que, paradójicamente fueron el principal motor de la fascinante explosión multicolor de esa época.

-¿Podrías decir cuáles son tus 10 canciones de pop favoritas y por qué?

Esto de las listas siempre me ha resultado muy dificil. Cuando se tienen pocas resulta fácil elegir... pero yo tengo toneladas de canciones favoritas!
Para salir del paso, te copio a continuación una lista que tenía ya hecha para un amigo. Puede resultar divertido localizar las canciones y a buen seguro, escucharlas será una buena recompensa:

"Ce Fou De Nicolas", Michel Delpech , Barclay, 1975, Francia
"Bachelor Kisses" , The Go Betweens , Sire, 1984 , Australia
"The Stars", Barbara Lewis, Enterprise/Stax, 1969, USA
"The Book Lovers", Broadcast, Warp, 1996, UK
"Piensa En Mí", Los Huracanes, Belter, 1971, España
"This Kind Of Feeling", The Last Bomp, 1979, USA
"Non É Francesca", Lucio Battisti , Dischi Ricordi, 1969 , Italia
"Bless You", Martha & The Vandellas, Tamla Motown, 1972, USA
"Pandilla En Motocicleta", The Boss Martians , Kamikaze, 2001, USA
"I’m A Fool", Sandy Coast , Delta, 1966, Holanda
"Together ", Wayne Fontana , Warner Brothers, 1973, UK
"Need Your Love So Bad", Little Willie John, King, 1955, USA

-¿Qué grupos o músicos actuales crees que merecen la pena?

También esto es muy amplio. Pero bueno, digamos algunos nombres interesantes: Of Montreal, Midlake, The New Pornographers, Badly Drawn Boy, Isan, The Kills, The Soundtrack Of our Lives, ... En cuanto a lo nacional, y como siempre, el asunto es más parco y desértico. La última hornada me parece un tanto light y falta de peso. A la espera de algún engorde general, me sigo quedando con corredores de fondo y compañeros de infortunio como Tarik, Lapido o Scarpa.

-Como enamorado del vinilo que eres, ¿cuál es tu pieza más querida? ¿Por cuál has pagado más?

¡Uh! Esta si que no. O todos o ninguno. Me resulta absolutamente imposible elegir uno entre todos. Como es natural le tengo un algo especial a algunos de los discos que viven conmigo pero, por respeto a su intimidad, no los nombraré.
Con respecto a lo de los precios, la pasión suele llevar a cometer locuras y yo no estoy libre de ambas. Aunque, por pudor, tampoco diré las mías.

-Y por último, ¿estás trabajando ya en algún nuevo disco?

Tengo tres proyectos diferentes, a falta de uno... pero dadas las circunstancias y la especial dureza del panorama musical en este país imposible, me temo que todavía me tomará un buen montón de tiempo materializar siquiera alguno de ellos. Sigo haciendo primitivas, bonolotos y euromillones, a ver.

Página web de Miguel Ángel Villanueva
Entrevista por Mr. Glasshead

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miércoles, marzo 07, 2007

Caravan, "In The Land of Grey and Pink"

Me apetece hoy hablar de uno de los discos más preciados para mí, el cálido, imaginativo In the Land of Grey and Pink, que en la edición española en vinilo que tengo incluye, además, el disco anterior, If I Could Do It All Over Again I'd Do It All Over You (aunque esto no se indica en ninguna parte, lo presentan directamente como disco doble). Me pasé años escuchando los dos pensando que eran el mismo.

De hecho, sí se nota una evolución entre uno y otro. En If I Could Do It All Over... hay todavía una especie de indecisión, se percibe un talento inmenso pero, al mismo tiempo, no hay un camino definido. Encontramos grandes canciones pop, porque Caravan era un grupo firmemente apegado a la belleza de la melodía, aunque se le asocie con el rock progresivo. "And I Wish I Were Stoned Don't Worry" es para mí la obra maestra de este disco, una cuidada y cambiante composición con montañas emocionales, cuerdas, melodías, curvas, senderos. Aquí se define ya un sonido reflexivo, amable, pero lleno de sustancia, esa especie de punto de encuentro entre la psicodelia, las digresiones jazz, el folk y el pop que todavía no sabían concretar a la perfección. Por ejemplo, "Only Cox Reprise" es pura psicodelia de un par de años atrás, y con "Hello Hello" se vuelve a un folk casi se podría decir que medievalizante. Un gran disco, todavía una prueba, pero un gran aperitivo para el siguiente, destacado generalmente en las listas de los mejores discos del rock.

Y es que con In the Land of Grey and Pink se relajan, todo fluye de manera mucho más natural, sus influencias se concentran en un sonido que no se parece a ningún otro y que se llena de encanto y amabilidad. De hecho, la portada, una paisaje imaginario que parece sacado de cualquier novela de Tolkien, da muchas pistas sobre la identidad del disco. "Golf Girl" es muy suya, con sus estribillos folk, sus flautas y cuerdas, y ese sonido de trompeta que la hace tan característica. "Winter Wine" es un mundo aparte, al principio hasta parece un cantar de gesta a manos de un juglar, pero luego aparecen el bajo y la batería y para acabar un fabuloso estribillo pop marca de la casa, y al conjunto en sí no hay que buscarle más explicaciones, es simplemente el inconfundible sonido Caravan. "Love To Love You" basa su pegada en su sencillez, su inocencia, es una recreación desacomplejada del "Louie Louie" pero mucho más pop. La cara A se acaba con "In The Land Of Grey and Pink", carismática, épica, incansable, estamos ante algo especial que resume las características de todo el disco, accesible, sencilla, incluso muy pegadiza, pero algo distinto, es rock experimental en el sentido más positivo del término. No se convierte en un ejercicio aburrido para pedantes, sino que sigue manteniendo un espíritu fresco y una garra invencible.

La cara B se presenta más jazz, de carácter más improvisador, pero curiosamente suena igual que las canciones más pop de la cara A, es toda una delicia escuchar esas ramificaciones porque no se pierde el sonido, tan sencillo y adictivo (por decirlo de alguna manera, entra como el agua). Aunque parece proponer otro tipo de escucha, en realidad tampoco es tan distinto, y de hecho alguna que otra canción sigue brotando, ya casi heroica, entre los bosques instrumentales firmemente trazados.

Lo único que me queda es recomendar por completo su escucha, es toda una gozada, un disco al que volveréis continuamente, si es que no lo conocéis. Y mejor aún si os hacéis con esa edición en disco doble que incluye también el disco anterior.

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lunes, febrero 26, 2007

The Psychedelic Sounds of The 13th Floor Elevators. Explosiones en la mente en 1966

Un clásico de la distorsión mental, de la influencia de las drogas, de la psicodelia, en definitiva. Y a manos de los 13th Floor Elevators, inventores del rock psicodélico, padres de todo lo que vino después.

Psychedelic Sounds of The 13th Floor Elevators, el primer disco de la banda, publicado en 1966, no tiene parangón posible. Esto es algo distinto a todo lo demás, un disco extraño a medio camino entre el garage más sucio y descuidado, el pop pervertido y peligroso y una libertad musical e imaginativa sin precedentes. Las canciones son cortas, ninguna pasa de los tres minutos, pero es imposible no sentir una especie de descenso al vacío lleno de curvas y aceleraciones, es la experiencia musical más parecida a ingerir una dosis respetable de LSD. La primera canción es la más accesible a unos oídos pocos entrenados, rabiosa y pegadiza con esa adictiva voz aullante de Roky Erickson, es puro garage de la mejor categoría. Con "Roller Coaster" ya viene el descenso hacia un mundo extraño, canción pionera de la psicodelia que después otros grupos conducirían a niveles hastiantes y soporíferos, pero que en sólo cinco minutos se hace perfecta y hostil. "Splash 1" es delicada, porque Erickson también tenía su lado tierno, una balada dulce y adorable que conduce a "Reverbaration", mucho más grasienta, visceral y cruda. Por el camino nos encontramos con "Don't Fall Down", una extraña pesadilla de una tristeza infinita que parece haber pescado alguno de los fluidos más ocultos de la mente humana, impresionante.

"Fire Engine" es otro mundo, con su estructura algo dispersa y esos aullidos enloquecidos, no hay nada como escucharla subiendo el volumen y dejarse llevar por la experiencia intrigante que propone. "Thru The Rythm" es algo así como un blues obsesivo e hipnótico, infernal, letal. Y después viene "You Don't Know", que brota de unos acordes que salen de la nada, como un hongo desconocido que se expande por el cerebro y revela alguna verdad, una canción sencilla, hermosa, misteriosa, esconde demasiadas cosas en sus retorcidas esquinas. "Kingdom of Heaven" es ya algo parecido a un bajón, cuando el yo acaba de disolverse en cataratas cósmicas incomprensibles, cuando las coordenadas mentales no pueden estar más desbaratadas, el ataque psicótico en su más pura e insondable expresión. "Monkey Island" es más alegre, juguetona, con un marcado protagonismo de la absurda "jarra eléctrica" de Tommy Hall. Y "Tried To Hide" es todo un intento de regresar a la senda que ha abierto el disco, una canción más garage, más "normal", por decirlo de algún modo, los vagones de la montaña rusa por fin se han detenido y ya estamos bajando de ellos.

El encanto de este disco, lo que lo convierte en obra maestra, no es sólo el extraordinario nivel y la originalidad de sus canciones, sino también su carisma, que básicamente consiste en su sonido. Realmente suena como el ojete, como si se hubieran limitado a apretar el play y el record en una cinta de las de mercadillo, pero ese desaliño forma parte de su desparpajo, de su fuerza, de su pegada, sin él no impactaría tanto. Por supuesto, también juega un papel importante el extraño instrumento de Tommy Hall, una especie de jarra eléctrica que producía un sonido burbujeante, hirviente, que a veces puede parecer incluso ridículo, pero que a medida que escuchamos el disco y nos acostumbramos nos muestra su potencial rítmico, su capacidad para crear un sonido único por necesidad.

Este disco ha sido una influencia permanente para grupos de rock psicodélico, fue todo un pionero en su momento, de alguna manera se metió en un terreno todavía virgen que luego explotaron autores como Syd Barrett (quien sacó un buen provecho del estilo), Mercury Rev (con su fenomenal, salvaje, abrumador primer disco, toda una muestra de amor hacia los Floor Elevators y hacia el arte de liberar la mente) y cualquier otro grupo que se precie de hacer psicodelia. En su segundo disco antes de que a Erickson empezaran a fallarle las neuronas por tanta droga, Easter Everywhere (1967), son igualmente grandes, el talento no decae ni por un minuto, pero la música es más madura, el disco suena mucho más pensado y arreglado (aunque no menos emocionante). Se trata de otra obra maestra, un clásico del rock más estándar en el que no se pretende dar el salto al vacío que supuso el disco de debut.

Y dentro de poco, una sorpresa.

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jueves, febrero 22, 2007

Rockdelux

Durante una temporada me compraba cada mes RockdeLux. Poco a poco mis gustos fueron cambiando, hasta darme cuenta de que apenas me interesaba nada de lo que se hablaba en la revista y de que simplemente la compraba por costumbre. Después de algunos años, ayer la volví a comprar y me di cuenta de que básicamente era lo mismo. Vaya por delante que me parece fantástico que exista una publicación como Rockdelux, centrada en la cultura y la música, pero lo que intentaré en estas líneas es explicar por qué no me gusta.

Un año se consideraron a sí mismos mejor concierto nacional.

En primer lugar, su precio es exagerado. Cinco euros es demasiado, incluso con ese CD de regalo que muchas veces sólo sirve para hacer bulto y justificar el precio (por ejemplo, esos recopilatorios bizarros de discográficas de electrónica minimalista o cosas por el estilo). Aunque debo reconocer que este mes está bien, ya que es un recopilatorio de lo mejor del año pasado. Sin embargo, lo del precio es un mal menor en comparación con uno de sus mayores defectos: el indisimulado desprecio hacia todo aquello que venga de antes de los 80, material que no se trata ni por casualidad, ni siquiera en las revisiones, y menos aún si hablamos de grupos "normales" como The Byrds o los mismos Beatles, porque sólo hay una excepción a esta norma, y es el supuesto de cantautores poco conocidos o con un aura de marginales o bohemios. Este tipo de política de la "modernidad" o de lo "avanzado" me parece de una ignorancia supina y sin justificación, más que nada porque muchas veces también parece fruto del desconocimiento (recuerdo aquella breve nota referida a Love en la que se decía que era Arthur Lee el autor de la clásica "Alone Again Or").

Además, y esto también me molesta bastante, se olvidan de que la música popular está esencialmente relacionada con la sencillez y la inmediatez. Rehúyen cualquier asomo de canción no problemática, por bien hecha que esté, y eso les ha hecho, entre otras cosas, ignorar a grupos esenciales de los últimos años como Teenage Fanclub, lo cual dice mucho de su calidad como revista orientativa. Los grupos que se tratan prioritariamente son aquellos que se definen como "arties", que no sé muy bien lo que quiere decir. Al final, la única impresión que queda es que la línea editorial de la revista viene marcada por un prejuicio de base en lo que respecta a música "avanzada" y la que no lo es. O dicho de otra manera, parece que para ellos sólo lo culto, intelectual y pretencioso merece la pena ser escuchado y reseñado. No me da la impresión de ser una revista que nazca del amor por la música, sino más bien de la obsesión por la pose. John Cale está bien, Robert Wyatt también y hasta Devendra Banhart, que es muy moderno y profundo, pero Badfinger, el primer Costello o los españoles Winnerys rara vez merecerán alguna línea. No quieren talento, quieren actitud.

No parece que se esté leyendo una revista de música, sino más bien de tendencias. Creo que la identidad, los gustos definidos, son básicos en una publicación que se precie de especializada. Sin embargo, abro las hojas de críticas de discos y me encuentro con bastante hip hop, country, noise-rock, reggae, post-pop (¿qué es eso?), re(ggae)mix, pop de vanguardia (otra cosa que no sé qué es), jazz-soul, psicodelia electro-pop (¿no cabía nada más?), samplelogía (que parece una carrera más que un estilo), electrónica, americana-pop, pop brillante (por lo cual supongo que habrá "pop sucio"), broken soul (ahí ya me pierdo), comedia pop (¿?), art rock, canción orquestal, kuduro (le doy un premio a quien averigue qué es esto) y miles de etiquetas delirantes más, que parecen de broma y que dan una impresión bastante ridícula y muy poco seria de las críticas. Eso sí, rock hay más bien poquito. Me pregunto por qué esta revista se llama como se llama.

Con esas pintas y esa actitud... directo al número 1 de los discos nacionales.

Lo mismo podría decirse de las críticas. La sensación de que no se pretende informar o dar pistas, sino simplemente epatar, es constante. Muchas veces me imagino al crítico de Rockdelux como un iluminado y afortunado posesor de una sensibilidad que traspasa fronteras, y que le hace apreciar con una emoción indescriptible el murmullo de los pedos de un cantautor que graba en el retrete de su casa discos con contenido existencial. El lenguaje es insufriblemente pedante, la pretenciosidad de la mayoría de las reseñas se hace en ocasiones vomitiva, y todo eso a manos de críticos que con suerte estarán habituados a escuchar discos grabados a partir de los 80.

Sin identidad, con una línea editorial que muchas veces juega al desconcierto, vanidosa, encantada de conocerse, me atrevo a afirmar que Rockdelux es la peor de las revistas musicales españolas que actualmente hay en el mercado. En sus páginas, la música es sólo un pretexto para vender pose, intelectualidad de cartón piedra y cultura de brocha gorda.

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