viernes, marzo 30, 2007

Algunas tiendas de discos

Las tiendas de discos no van a desaparecer, o al menos no deberían hacerlo aquellas que, con una cierta honestidad, ponen a disposición de sus clientes toda una serie de estilos que no entran dentro de las pautas corrientes. Es decir, aquellas personas que en cuanto les es posible compran un disco del que ya están enamorados, porque quieren poseerlo original, porque no es lo mismo que tener una insípida carpeta virtual en un DVD apelmazado de discos y películas. Así que esas tiendas logran mantenerse, y yo, que vivo en Barcelona, sigo acudiendo a ellas con esa pizca de ilusión y expectación ante lo que deparará la tarde.

Antes iba a CD-DROME, en la calle Tallers, en su momento (hace años que no paso por ahí) uno de los mejores lugares para encontrar discos a partir de los 90 (cabría preguntarse por qué no venden cosas anteriores). Dejé de ir cuando se pusieron paranoicos con la seguridad. Tenían esas barreras de infrarrojos en la entrada, y además las cajas de los CD's estaban vacías, pero aun así un día me pidieron que dejara mi bolsa con otras compras en el mostrador. Me molesta mucho que me traten como presunto ladrón y me niego a que desconfíen de mí de esa manera, así que normalmente me voy cuando ocurre algo de este tipo. Aquel día, no obstante, dejé la bolsa. A la salida me la devolvieron y, justo delante de ellos, la inspeccioné detenidamente. Tenía tanto derecho a no fiarme como ellos a no fiarse de mí, pero no les gustó demasiado mi gesto y me pusieron mala cara. No volví.

Las dos tiendas Revolver, también en Tallers, son todo un mundo. De ellas suele encargarse un heavy-rockero bajito, de melena grasienta y aspecto de troll, junto con una camarilla de ayudantes a cada cual más desagradable y antipático. La verdad es que me parece una tienda con cierta honestidad, donde venden sin complejos buena música y la morralla justa para ganar un poco de dinero (esos discos para modernillos y góticos), sin embargo se pierden en toda una serie de patrañas absurdas que sólo llevan a entrar allí con cierta incomodidad y a la defensiva. Por ejemplo, aunque los discos suelen tener buenos precios, es muy fácil que intenten colarnos una novedad que en realidad es un disco de segunda mano (artimaña perfectamente detectable por el nuevo precintado cutre que usan). Fastidia mucho llegar a casa tras haber pagado por 15 euros un CD, abrirlo y comprobar que la caja está rota (como ocurre con casi todos) o que el CD está lleno de huellas dactilares e incluso a veces de arañazos. También son altamente desconfiados y no les importará que seamos habituales o que nos hayamos dejado ahí bastante dinero, si la alarma pita al salir por la puerta (lo cual es fácil, porque su sistema de infrarrojos proviene casi de los orígenes de la revolución industrial), no nos dejarán en paz hasta averiguar por qué. Por cierto, su capacidad para elegir a cajeras repletas de piercings, con cara de perro y mirada y actitudes de estúpida superioridad no tiene límites, son especialistas en eso.

Discos Edison, en Riera Baja, es mi favorita. Ofrecen buenos precios y es muy fácil encontrar auténticas gangas si se tiene paciencia en revisar una a una todas las cubetas de discos, de la A a la Z (con lo que eso supone de ver una y otra vez los mismos discos de Bryan Adams, Neil Diamond, Lionel Richie y similares). La sensación de sorpresa y el aumento de los latidos del corazón cuando se extrae una joya entre tanta basura, a la que se libra de ese tormento, y darse cuenta de que el precio es increíblemente barato, compensa el tiempo perdido y las capas de polvo acumuladas en los dedos. Además, los encargados dejan absoluta libertad -jamás he notado miradas de suspicacia- y hacen buenos descuentos.

En esa misma calle, justo al lado, Discos Wah Wah resulta completamente distinta. Es loable su talibanismo irreductible (allí se puede encontrar lo más granado del power pop, del punk, de la psicodelia, de la música negra), pero también es cierto que los precios no son nada baratos y que casi todo son reediciones. Un buen sitio para ir a tiro fijo, pero que no permite demasiadas alegrías cuando se dispone de un salario normal. Sigue pareciéndome demasiado caro 20 euros por cualquiera de esas reediciones de vinilo de 180 gramos, que luego decepcionan al abrirlas y comprobar que no incluyen nada que justifique ese precio.

He comprado discos en muchos otros sitios, en mercados, en ferias del vinilo en mi pueblo, en anticuarios e incluso a un amigo mío cuyo padre era DJ en los setenta, lugares que incluiré más adelante en otro artículo.

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lunes, marzo 26, 2007

Pequeñas alegrías

Me siento muy feliz por el hecho de que me guste la música. También me gusta leer tebeos, o novelas (aunque creo que en la literatura es muchísimo más fácil caer en pedanterías y profundidades vacuas), y ver cine, pero nada me llena tanto como una buena canción de tres minutos. Dentro de lo que son los vaivenes de la vida, la música siempre está ahí, expectante para asaltarme y para darle ese punto vibrante sin el cual todo sería mucho peor.

Es más fácil explicarlo con un ejemplo. El otro día voy a una tienda de antigüedades de segunda mano y me encuentro con una sección de discos de vinilo. Se nota que no dominan demasiado y no saben lo que tienen. Los LP's están en unas condiciones horribles, de hecho me lamento porque aunque hay mucha morralla, también encuentro otros discos bastantes buenos pero tan maltrechos que es mejor no comprarlos. Sin embargo, descubro que hay una sección de singles mucho más potable. Con un poco de paciencia -y desesperación, hay varios de Los Brincos que están quemados o que directamente no tienen el vinilo dentro de la funda-, selecciono siete que valen mucho la pena y cuando los dejo en el mostrador, me pongo nervioso al escuchar que la dependienta sólo me pide dos euros por todos. Fantástico, decido volver por si me he dejado algo y me llevo un par más.

Uno de los que escojo es de unos tal Gen Rosso de los que no tengo ni idea, pero a ese precio ridículo no importa. La canción se llama "Questa Gente", parece de principios de los sesenta, y cuando pongo el single en el tocadiscos me gusta mucho, todo es perfecto, una música juguetona y un estribillo cantado con ese tipo de emoción sencilla que me alcanza directamente la fibra. La melodía me da vueltas en la cabeza durante días, en cualquier circunstancia. En mi aburrido trabajo, en mis paseos por el pueblo, en mis desvaríos alcóholicos.

Hace poco voy a la tienda Revolver, en Barcelona, y en la sección de CD's de segunda mano me llevo un disco de The New Pornographers, Electric Version, y un recopilatorio de Sloan, A Sides Win. Son dos discos de un potencial enorme, me engancho a las melodías de los Pornographers y me enamoro de la voz de Neko Case, envuelta en guitarras cristalinas, en coros sin concesiones, en teclados pegajosos, o sea, todo lo que me gusta. Y qué decir de Sloan. Se me inyecta directamente en las venas su canción "She Says What She Means", voy a una comida con una compañía muy agradable y no sólo me lo paso muy bien sino que estoy todo el rato pensando en la canción y recreándome en la fuerza de su melodía y de sus cambios de ritmo. Eso me ha pasado muchas otras veces, e incluso en ocasiones aburridas en las que pensar en ese tipo de canciones me llena de un optimismo ciego e inexplicable. Pienso en esa frase de Donovan: "Dios regaló el pop a los humanos para hacer la vida más bella". Indudablemente hay algo místico y verdadero en la música.

Pienso en novias que he tenido que sonreían sarcásticamente cuando les ponía el Forever Changes de Love y trataba de explicarles lo mucho que me emociona ese disco. Me acuerdo de gente que me dice que para ellos la música es un puro acompañamiento de otras cosas. Para mí, en cambio, es una pasión que condiciona mi vida. Preferiría ser ciego a ser sordo. En momentos de desesperanza o de incomprensión hacia el género humano, siempre sobresale una canción que insufla energía, que parece decir con humildad, pero también con convicción, que las cosas no son tan malas.

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lunes, marzo 12, 2007

Entrevista a Miguel Ángel Villanueva

La larga carrera de Miguel Ángel Villanueva ha acabado configurándolo como uno de los nombres más importantes del pop en español, todo un claro referente que debería ser mucho más conocido de lo que es. Su trayectoria, plagada de canciones brillantes, evoluciona desde la nueva ola de finales de los setenta hacia un pop sofisticado, elegante, melancólico, adicto a la melodía y a los arreglos de cuerda. Especialmente dos discos, uno bajo el nombre de Los Brujos, Sin ver el sol (1998), y el otro ya como Miguel Ángel Villanueva, Ningún cielo (2004), son todo un orgullo para nuestra música, obras que beben sin complejos de la explosión pop de finales de los 60 y que toman como referentes a The Beatles, Left Banke, The Zombies, Billy Nicholls, los Beach Boys del Pet Sounds y, especialmente, a Pete Dello (que se encargó de los arreglos de cuerda y viento de los dos discos).

Sin ver el sol es una obra maestra edificada sobre los ejes fundamentales del pop de verdad. Canción tras canción se nos ofrece un proyecto personal fascinante en su gusto por la melodía y, principalmente, en ese aroma atemporal que emana del disco (por cierto, en hermosa edición en vinilo blanco). "Reflejos de un espejo mágico" es energética, un cañonazo ideal para empezar, y "Nuestra historia imposible" ya deja entrever complejos paisajes melódicos, algo que se concreta en "Cielo rojo en mi habitación", que parece un hipotético hit de los mejores Kinks en los 60. "Soy transparente" brilla con luz propia, la impotencia con su punto de sarcasmo de la letra contrasta con su ritmo pegadizo, sus dulces y suaves, hipnóticas formas. Y "Rumbo a Saturno" tiene una línea de guitarra arrebatadora. "Que hoy se pare el mundo" es otra pieza deslumbrante, la habilidad de Villanueva para hacer música elegante, emotiva, con un contenido desolador alcanza aquí cotas abrumadoras. "Una vez más" es otro clásico de los 60 compuesto en los 90, y "La historia de Sebastián Paredes" parece directamente Honeybus, su melodía tierna y adictiva no podría estar mejor acompañada que con esas guitarras abrasivas. "Cansado y de vuelta en la feria" es otra incursión en los imaginarios singles de éxito de hace cuarenta años, y de "Me voy" basta decir que su gancho, con una adecuada promoción, le hubiera bastado para empujarle a la radiofórmula.

En Ningún cielo, Miguel Ángel depura todavía más su gusto por la melodía y logra un disco a la altura del anterior, quizá más reposado, convirtiéndose directamente en el Pete Dello español. Las fragancias sensuales de "Desde que no estás" son inolvidables, esto es pop de quilates a la altura de los clásicos del género. "Entre el cielo y el suelo" es otra joya de la melancolía, y cuando se llega a "Verdades de alquiler", excelente, una increíble reencarnación del talento de Ray Davies, ya es imposible no darse cuenta de la altura de este disco. "Los días que no volverán" encoge el corazón, parece que Villanueva ha hecho suyo el pop y nunca va a parar de ofrecer clásicos, impresión que se reafirma en "Nubes" y sus impresionantes arreglos de cuerda, marca de la casa de Dello. "Como agua de Luna" parece un single inédito de Left Banke, "San Judas" es más agresiva y rockera, y "El 27 de nunca" vuelve a esas canciones delicadas e hirientes en las que Villanueva es maestro. La agitada "Infierno personal" tiene el encanto de sus trompetas mexicanas, "Miedo en la estación" es otro estándar del particular estilo de Villanueva y "Todos vamos perdidos" es una fenomenal, reflexiva, deliciosa manera de acabar lo que parece el personal Into Your Ears de nuestro músico.

Dos grandes discos que han merecido un unánime reconocimiento entre los amantes del pop ajeno a modas, poses e intelectualismos diversos, y que merecen todavía mucho más. Podréis comprar éstos y muchos otros en la la página web de Miguel Ángel Villanueva, donde también encontraréis una detallada biografía y discografía. Le agradecemos enormemente su amabilidad al concedernos la siguiente entrevista:

-¿De cuál de tus canciones estás más contento, o cuál crees que sintetiza mejor tu estilo?

No es fácil para mi seleccionar una de entre todas mis canciones. Supongo que soy parte demasiado implicada para ser medianamente objetivo en el asunto. Además, la percepción que cada uno tenemos de las cosas suele ser bastante diferente, e incluso variar según días.
No obstante, y de entre las publicadas hasta el momento, digamos que le tengo un cariño particular a canciones como "Cansado Y De Vuelta En La Feria", "Cielo Rojo En Mi Habitación", "Los Días Que No Volverán", "El 27 De Nunca" o "Cinco Secuencias En Globo". Cuestión de melodía y sentimiento.

-Tus letras son muy expresivas y personales, sin ser pedantes transmiten una visión muy desencantada y melancólica de la vida. ¿Tienes algún referente literario o musical a la hora de escribirlas, algún autor que te haya influido?

Pues no. Nunca me baso en nada ni en nadie a la hora de escribir la letra de una canción. Intento ser sincero conmigo mismo y decir mis cosas lo más bonitamente que puedo, dejando alguna puerta abierta siempre que es posible.
Soy más músico que poeta y siempre me dejo las letras para el final. Para cuando no hay más remedio que hacerlas.
Me encuentro más agusto y más vivo haciendo las músicas. Para mi las letras siempre son un parto más doloroso. Le tengo un cierto respeto a las palabras, que por lo general suelen ser más altivas y engañosas que los sonidos.

-¿Con qué periodo de la historia del pop te quedarías si tuvieras que elegir? ¿Por qué?

Siempre se han hecho y se seguirán haciendo grandes canciones. En todas las épocas y lugares. Incluso ahora, como es natural.
Aunque, si como dices tuviera que elegir, es casi inevitable que me decidiera por los años sesenta. Especialmente, del 64 al 69. Todavía me sigue pareciendo increíble que en esos años se pudieran hacer tantas cosas nuevas, con tanta intensidad y colorido, y con tanta energía. La música evolucionó más en esos seis o siete años que desde entonces hasta ahora. Es realmente sorprendente.
Es cierto que obviamente era otra época, y ni el mundo era el mismo ni la gente sentía de igual forma. Salvo alguna que otra excepción, la música en general suele ser un reflejo de su tiempo. El desencanto y el escepticismo actuales poco tienen que ver con la ingenuidad y el corto kilometraje de entonces que, paradójicamente fueron el principal motor de la fascinante explosión multicolor de esa época.

-¿Podrías decir cuáles son tus 10 canciones de pop favoritas y por qué?

Esto de las listas siempre me ha resultado muy dificil. Cuando se tienen pocas resulta fácil elegir... pero yo tengo toneladas de canciones favoritas!
Para salir del paso, te copio a continuación una lista que tenía ya hecha para un amigo. Puede resultar divertido localizar las canciones y a buen seguro, escucharlas será una buena recompensa:

"Ce Fou De Nicolas", Michel Delpech , Barclay, 1975, Francia
"Bachelor Kisses" , The Go Betweens , Sire, 1984 , Australia
"The Stars", Barbara Lewis, Enterprise/Stax, 1969, USA
"The Book Lovers", Broadcast, Warp, 1996, UK
"Piensa En Mí", Los Huracanes, Belter, 1971, España
"This Kind Of Feeling", The Last Bomp, 1979, USA
"Non É Francesca", Lucio Battisti , Dischi Ricordi, 1969 , Italia
"Bless You", Martha & The Vandellas, Tamla Motown, 1972, USA
"Pandilla En Motocicleta", The Boss Martians , Kamikaze, 2001, USA
"I’m A Fool", Sandy Coast , Delta, 1966, Holanda
"Together ", Wayne Fontana , Warner Brothers, 1973, UK
"Need Your Love So Bad", Little Willie John, King, 1955, USA

-¿Qué grupos o músicos actuales crees que merecen la pena?

También esto es muy amplio. Pero bueno, digamos algunos nombres interesantes: Of Montreal, Midlake, The New Pornographers, Badly Drawn Boy, Isan, The Kills, The Soundtrack Of our Lives, ... En cuanto a lo nacional, y como siempre, el asunto es más parco y desértico. La última hornada me parece un tanto light y falta de peso. A la espera de algún engorde general, me sigo quedando con corredores de fondo y compañeros de infortunio como Tarik, Lapido o Scarpa.

-Como enamorado del vinilo que eres, ¿cuál es tu pieza más querida? ¿Por cuál has pagado más?

¡Uh! Esta si que no. O todos o ninguno. Me resulta absolutamente imposible elegir uno entre todos. Como es natural le tengo un algo especial a algunos de los discos que viven conmigo pero, por respeto a su intimidad, no los nombraré.
Con respecto a lo de los precios, la pasión suele llevar a cometer locuras y yo no estoy libre de ambas. Aunque, por pudor, tampoco diré las mías.

-Y por último, ¿estás trabajando ya en algún nuevo disco?

Tengo tres proyectos diferentes, a falta de uno... pero dadas las circunstancias y la especial dureza del panorama musical en este país imposible, me temo que todavía me tomará un buen montón de tiempo materializar siquiera alguno de ellos. Sigo haciendo primitivas, bonolotos y euromillones, a ver.

Página web de Miguel Ángel Villanueva
Entrevista por Mr. Glasshead

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miércoles, marzo 07, 2007

Caravan, "In The Land of Grey and Pink"

Me apetece hoy hablar de uno de los discos más preciados para mí, el cálido, imaginativo In the Land of Grey and Pink, que en la edición española en vinilo que tengo incluye, además, el disco anterior, If I Could Do It All Over Again I'd Do It All Over You (aunque esto no se indica en ninguna parte, lo presentan directamente como disco doble). Me pasé años escuchando los dos pensando que eran el mismo.

De hecho, sí se nota una evolución entre uno y otro. En If I Could Do It All Over... hay todavía una especie de indecisión, se percibe un talento inmenso pero, al mismo tiempo, no hay un camino definido. Encontramos grandes canciones pop, porque Caravan era un grupo firmemente apegado a la belleza de la melodía, aunque se le asocie con el rock progresivo. "And I Wish I Were Stoned Don't Worry" es para mí la obra maestra de este disco, una cuidada y cambiante composición con montañas emocionales, cuerdas, melodías, curvas, senderos. Aquí se define ya un sonido reflexivo, amable, pero lleno de sustancia, esa especie de punto de encuentro entre la psicodelia, las digresiones jazz, el folk y el pop que todavía no sabían concretar a la perfección. Por ejemplo, "Only Cox Reprise" es pura psicodelia de un par de años atrás, y con "Hello Hello" se vuelve a un folk casi se podría decir que medievalizante. Un gran disco, todavía una prueba, pero un gran aperitivo para el siguiente, destacado generalmente en las listas de los mejores discos del rock.

Y es que con In the Land of Grey and Pink se relajan, todo fluye de manera mucho más natural, sus influencias se concentran en un sonido que no se parece a ningún otro y que se llena de encanto y amabilidad. De hecho, la portada, una paisaje imaginario que parece sacado de cualquier novela de Tolkien, da muchas pistas sobre la identidad del disco. "Golf Girl" es muy suya, con sus estribillos folk, sus flautas y cuerdas, y ese sonido de trompeta que la hace tan característica. "Winter Wine" es un mundo aparte, al principio hasta parece un cantar de gesta a manos de un juglar, pero luego aparecen el bajo y la batería y para acabar un fabuloso estribillo pop marca de la casa, y al conjunto en sí no hay que buscarle más explicaciones, es simplemente el inconfundible sonido Caravan. "Love To Love You" basa su pegada en su sencillez, su inocencia, es una recreación desacomplejada del "Louie Louie" pero mucho más pop. La cara A se acaba con "In The Land Of Grey and Pink", carismática, épica, incansable, estamos ante algo especial que resume las características de todo el disco, accesible, sencilla, incluso muy pegadiza, pero algo distinto, es rock experimental en el sentido más positivo del término. No se convierte en un ejercicio aburrido para pedantes, sino que sigue manteniendo un espíritu fresco y una garra invencible.

La cara B se presenta más jazz, de carácter más improvisador, pero curiosamente suena igual que las canciones más pop de la cara A, es toda una delicia escuchar esas ramificaciones porque no se pierde el sonido, tan sencillo y adictivo (por decirlo de alguna manera, entra como el agua). Aunque parece proponer otro tipo de escucha, en realidad tampoco es tan distinto, y de hecho alguna que otra canción sigue brotando, ya casi heroica, entre los bosques instrumentales firmemente trazados.

Lo único que me queda es recomendar por completo su escucha, es toda una gozada, un disco al que volveréis continuamente, si es que no lo conocéis. Y mejor aún si os hacéis con esa edición en disco doble que incluye también el disco anterior.

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lunes, febrero 26, 2007

The Psychedelic Sounds of The 13th Floor Elevators. Explosiones en la mente en 1966

Un clásico de la distorsión mental, de la influencia de las drogas, de la psicodelia, en definitiva. Y a manos de los 13th Floor Elevators, inventores del rock psicodélico, padres de todo lo que vino después.

Psychedelic Sounds of The 13th Floor Elevators, el primer disco de la banda, publicado en 1966, no tiene parangón posible. Esto es algo distinto a todo lo demás, un disco extraño a medio camino entre el garage más sucio y descuidado, el pop pervertido y peligroso y una libertad musical e imaginativa sin precedentes. Las canciones son cortas, ninguna pasa de los tres minutos, pero es imposible no sentir una especie de descenso al vacío lleno de curvas y aceleraciones, es la experiencia musical más parecida a ingerir una dosis respetable de LSD. La primera canción es la más accesible a unos oídos pocos entrenados, rabiosa y pegadiza con esa adictiva voz aullante de Roky Erickson, es puro garage de la mejor categoría. Con "Roller Coaster" ya viene el descenso hacia un mundo extraño, canción pionera de la psicodelia que después otros grupos conducirían a niveles hastiantes y soporíferos, pero que en sólo cinco minutos se hace perfecta y hostil. "Splash 1" es delicada, porque Erickson también tenía su lado tierno, una balada dulce y adorable que conduce a "Reverbaration", mucho más grasienta, visceral y cruda. Por el camino nos encontramos con "Don't Fall Down", una extraña pesadilla de una tristeza infinita que parece haber pescado alguno de los fluidos más ocultos de la mente humana, impresionante.

"Fire Engine" es otro mundo, con su estructura algo dispersa y esos aullidos enloquecidos, no hay nada como escucharla subiendo el volumen y dejarse llevar por la experiencia intrigante que propone. "Thru The Rythm" es algo así como un blues obsesivo e hipnótico, infernal, letal. Y después viene "You Don't Know", que brota de unos acordes que salen de la nada, como un hongo desconocido que se expande por el cerebro y revela alguna verdad, una canción sencilla, hermosa, misteriosa, esconde demasiadas cosas en sus retorcidas esquinas. "Kingdom of Heaven" es ya algo parecido a un bajón, cuando el yo acaba de disolverse en cataratas cósmicas incomprensibles, cuando las coordenadas mentales no pueden estar más desbaratadas, el ataque psicótico en su más pura e insondable expresión. "Monkey Island" es más alegre, juguetona, con un marcado protagonismo de la absurda "jarra eléctrica" de Tommy Hall. Y "Tried To Hide" es todo un intento de regresar a la senda que ha abierto el disco, una canción más garage, más "normal", por decirlo de algún modo, los vagones de la montaña rusa por fin se han detenido y ya estamos bajando de ellos.

El encanto de este disco, lo que lo convierte en obra maestra, no es sólo el extraordinario nivel y la originalidad de sus canciones, sino también su carisma, que básicamente consiste en su sonido. Realmente suena como el ojete, como si se hubieran limitado a apretar el play y el record en una cinta de las de mercadillo, pero ese desaliño forma parte de su desparpajo, de su fuerza, de su pegada, sin él no impactaría tanto. Por supuesto, también juega un papel importante el extraño instrumento de Tommy Hall, una especie de jarra eléctrica que producía un sonido burbujeante, hirviente, que a veces puede parecer incluso ridículo, pero que a medida que escuchamos el disco y nos acostumbramos nos muestra su potencial rítmico, su capacidad para crear un sonido único por necesidad.

Este disco ha sido una influencia permanente para grupos de rock psicodélico, fue todo un pionero en su momento, de alguna manera se metió en un terreno todavía virgen que luego explotaron autores como Syd Barrett (quien sacó un buen provecho del estilo), Mercury Rev (con su fenomenal, salvaje, abrumador primer disco, toda una muestra de amor hacia los Floor Elevators y hacia el arte de liberar la mente) y cualquier otro grupo que se precie de hacer psicodelia. En su segundo disco antes de que a Erickson empezaran a fallarle las neuronas por tanta droga, Easter Everywhere (1967), son igualmente grandes, el talento no decae ni por un minuto, pero la música es más madura, el disco suena mucho más pensado y arreglado (aunque no menos emocionante). Se trata de otra obra maestra, un clásico del rock más estándar en el que no se pretende dar el salto al vacío que supuso el disco de debut.

Y dentro de poco, una sorpresa.

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jueves, febrero 22, 2007

Rockdelux

Durante una temporada me compraba cada mes RockdeLux. Poco a poco mis gustos fueron cambiando, hasta darme cuenta de que apenas me interesaba nada de lo que se hablaba en la revista y de que simplemente la compraba por costumbre. Después de algunos años, ayer la volví a comprar y me di cuenta de que básicamente era lo mismo. Vaya por delante que me parece fantástico que exista una publicación como Rockdelux, centrada en la cultura y la música, pero lo que intentaré en estas líneas es explicar por qué no me gusta.

Un año se consideraron a sí mismos mejor concierto nacional.

En primer lugar, su precio es exagerado. Cinco euros es demasiado, incluso con ese CD de regalo que muchas veces sólo sirve para hacer bulto y justificar el precio (por ejemplo, esos recopilatorios bizarros de discográficas de electrónica minimalista o cosas por el estilo). Aunque debo reconocer que este mes está bien, ya que es un recopilatorio de lo mejor del año pasado. Sin embargo, lo del precio es un mal menor en comparación con uno de sus mayores defectos: el indisimulado desprecio hacia todo aquello que venga de antes de los 80, material que no se trata ni por casualidad, ni siquiera en las revisiones, y menos aún si hablamos de grupos "normales" como The Byrds o los mismos Beatles, porque sólo hay una excepción a esta norma, y es el supuesto de cantautores poco conocidos o con un aura de marginales o bohemios. Este tipo de política de la "modernidad" o de lo "avanzado" me parece de una ignorancia supina y sin justificación, más que nada porque muchas veces también parece fruto del desconocimiento (recuerdo aquella breve nota referida a Love en la que se decía que era Arthur Lee el autor de la clásica "Alone Again Or").

Además, y esto también me molesta bastante, se olvidan de que la música popular está esencialmente relacionada con la sencillez y la inmediatez. Rehúyen cualquier asomo de canción no problemática, por bien hecha que esté, y eso les ha hecho, entre otras cosas, ignorar a grupos esenciales de los últimos años como Teenage Fanclub, lo cual dice mucho de su calidad como revista orientativa. Los grupos que se tratan prioritariamente son aquellos que se definen como "arties", que no sé muy bien lo que quiere decir. Al final, la única impresión que queda es que la línea editorial de la revista viene marcada por un prejuicio de base en lo que respecta a música "avanzada" y la que no lo es. O dicho de otra manera, parece que para ellos sólo lo culto, intelectual y pretencioso merece la pena ser escuchado y reseñado. No me da la impresión de ser una revista que nazca del amor por la música, sino más bien de la obsesión por la pose. John Cale está bien, Robert Wyatt también y hasta Devendra Banhart, que es muy moderno y profundo, pero Badfinger, el primer Costello o los españoles Winnerys rara vez merecerán alguna línea. No quieren talento, quieren actitud.

No parece que se esté leyendo una revista de música, sino más bien de tendencias. Creo que la identidad, los gustos definidos, son básicos en una publicación que se precie de especializada. Sin embargo, abro las hojas de críticas de discos y me encuentro con bastante hip hop, country, noise-rock, reggae, post-pop (¿qué es eso?), re(ggae)mix, pop de vanguardia (otra cosa que no sé qué es), jazz-soul, psicodelia electro-pop (¿no cabía nada más?), samplelogía (que parece una carrera más que un estilo), electrónica, americana-pop, pop brillante (por lo cual supongo que habrá "pop sucio"), broken soul (ahí ya me pierdo), comedia pop (¿?), art rock, canción orquestal, kuduro (le doy un premio a quien averigue qué es esto) y miles de etiquetas delirantes más, que parecen de broma y que dan una impresión bastante ridícula y muy poco seria de las críticas. Eso sí, rock hay más bien poquito. Me pregunto por qué esta revista se llama como se llama.

Con esas pintas y esa actitud... directo al número 1 de los discos nacionales.

Lo mismo podría decirse de las críticas. La sensación de que no se pretende informar o dar pistas, sino simplemente epatar, es constante. Muchas veces me imagino al crítico de Rockdelux como un iluminado y afortunado posesor de una sensibilidad que traspasa fronteras, y que le hace apreciar con una emoción indescriptible el murmullo de los pedos de un cantautor que graba en el retrete de su casa discos con contenido existencial. El lenguaje es insufriblemente pedante, la pretenciosidad de la mayoría de las reseñas se hace en ocasiones vomitiva, y todo eso a manos de críticos que con suerte estarán habituados a escuchar discos grabados a partir de los 80.

Sin identidad, con una línea editorial que muchas veces juega al desconcierto, vanidosa, encantada de conocerse, me atrevo a afirmar que Rockdelux es la peor de las revistas musicales españolas que actualmente hay en el mercado. En sus páginas, la música es sólo un pretexto para vender pose, intelectualidad de cartón piedra y cultura de brocha gorda.

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jueves, febrero 15, 2007

Canciones de pop español

Este post tiene una explicación muy concreta. El otro día acompañaba a mi padre en coche y rebuscando entre sus CD, encontré uno titulado Pop español. Tenía muy buena pinta, pero al introducirlo en el reproductor me llevé un chasco. La primera canción era ni más ni menos que "Mediterráneo" de Serrat, contra el que no tengo nada, pero es que no soporto su música, no va para nada con lo que me gusta. Las siguientes canciones eran cosas como Mocedades o Nino Bravo. Se me ocurrió la idea de grabarle un CD a mi padre con lo que yo entendía realmente por pop español. Se me ocurrió una lista y luego pensé que podía comentarlas y así escribir un artículo nuevo. No domino demasiado el asunto del pop español, esto es simplemente una muestra de las canciones que más me gustan y una explicación de por qué me llegan tanto; de hecho, muchas de ellas las descubrí en el imprescindible foro de power pop action. Podéis encontrar la recopilación aquí. Y por supuesto, os animo a que vosotros digáis cuáles son las vuestras.

1. El niño gusano. "La mujer portuguesa". Uno de los mejores grupos del indie español, inició su carrera a mediados de los 90 con esta canción, que concentra las características de su estilo: letras delirantes, surrealistas, deliciosas, una cierta experimentación o vanguardismo en los temas, pero a cuentagotas, y lo mejor de todo, una insobornable afición a las melodías pegajosas y a los estribillos encantadores.



2. Radio futura. "Enamorado de la moda juvenil". Inolvidables esas guitarras ingenuas y con ganas de desprender energía, inolvidable la melodía, por comercial que parezca, estimulante la frescura de esta canción, su sencillez, sus ganas de imitar los sonidos de los singles de la nueva ola.

3. Cánovas, Rodrigo, Adolfo y Guzmán. "Sólo pienso en ti". Me gusta bastante más el disco que publicaron bajo el nombre Solera, pero esta canción es enorme y emocionante, el enamoramiento parece hervir en cada palabra y el estribillo, con sus cuerdas angelicales, pone los pelos de punta. Una obra maestra de unos de los grandes del pop español.

4. Los Zombies. "Groenlandia". Poco hay que decir sobre este clásico del pop español, sólo que su guitarra adictiva ya abre boca para la melodía que viene después, una declaración de amor adolescente expresada en una canción que parece casi de los 50 de no ser por su incansable caja de ritmos y por los teclados. Brillante, todo un hito. Atención también al revolucionario e incomprendido baile de la chica.




5. Los Salvajes. "Hielo en vez de amor". Esto es un grupo de los grandes con una estupenda canción, que suena a todo lo mejor que se hizo en el año en que fue publicada, 1965, y que coquetea con las nuevas ondas musicales del momento. Aquí encontramos a los Rolling Stones más indios, a los Beatles más ingeniosos de Help, a los Kinks más exóticos. Un clásico de esa época, a la altura de sus maestros.

6. Rumor. "Entre tú y yo no hay nada". Una dulce, limpia, bonita, clásica estructura pop alberga una de las letras más destructivas y desmitificadoras que he escuchado nunca. Parece una golosina rellena de un veneno amargo, es un tema con mucho carisma y por eso no me canso de escucharlo.

7. Los Brincos. "Giulieta". Y aquí topamos con los inevitables titanes del pop español, a la altura de los Beatles sin ser los Beatles con una canción en la que consiguen un maravilloso espíritu de sencillez, una frescura incomparable, cómo tocar la fibra con apenas tres acordes, cómo emocionar con algo que ni siquiera es una palabra, con ese "a-ha" que contiene muchas cosas intangibles.

8. Rubi y los Casinos. "Yo tenía un novio que tocaba en un conjunto beat". Otra joya del pop de los 80, con un increíble estribillo, desenfadado y casi naif, genialmente rodeado por una melodía triste y desencantada. Rubi acopla a la perfección su voz a los diversos devaneos de la canción, de la pasión a la melancolía, y todo impregnado de una suave ironía que disfraza con una ingenuidad intencionadamente simulada. Por cierto, su baile parece inspirado en el de la chica de los Zombies.



9. 091. "Nadie encuentra lo que busca". Una de las mejores canciones que se han grabado nunca en España, sensible, de una desesperación que duele más por lo moderada que está, porque queda mucho más sincera. Los arreglos están a la altura de tan enorme canción: coros delicados, cuerdas que se abren en el momento preciso. Una obra maestra que, por comparación, pone en evidencia a "artistas" como Alejandro Sanz y compañía. Esto sí que es emoción y talento.

10. Brighton 64. "La casa de la bomba". Esta canción es anfetamínica, no se puede describir de mejor manera, parece que incluya un hechizo que obligue a levantarse y a ponerse a bailar. No da tregua ni un momento, su mezcla de surf y soul es contagiosa, extenuante en el buen sentido de la palabra, incluso la voz socarrona del cantante incita a la acción inmediata.

11. Cola Jet Set. "Cosas que no se olvidan". El talento de Felipe Fresón para construir muy buenas canciones pop siempre ha sido despreciado por ese prejuicio que lo asocia al tonti-pop que estaba de moda hace unos años. Una vez finiquitado el estilo, queda un excelente compositor de canciones con una gigante cultura pop que se nota en cada disco. Muy bueno es Contando historias de Cola Jet Set, la última de sus encarnaciones, y éste es probablemente su mejor tema, una emocionante, romántica y tierna declaración de amor, compuesta con sabiduría y gracia. El estribillo no tiene precio, los teclados, tampoco.

12. Los Nikis. "El imperio contraataca". Me gusta mucho esta canción, me gusta la energía de sus acordes de guitarra, inapelable, la plena asimilación de las enseñanzas ramonianas, y también la letra, que yo estoy convencido de que es una pura broma, el patriotismo tomado en su pleno ridículo. La única verdad es que esta canción es vibrante y vitaminizada, tiene mucha fuerza, una de las canciones más potentes y juguetonas del pop español.



13. Los negativos. "Bagdad". Los negativos es uno de los mejores grupos españoles que he podido escuchar nunca, su combinación de pop, garage y psicodelia es absolutamente genial y personal. No hay más que ver el comienzo de esta canción, que introduce esos clavicordios tan llenos de clase y elegancia, toda una marca de la casa tras la cual hay una canción de pop poderoso y nuevaolero.

14. Juan y Junior. "Tres días". Una melodía esplendorosa, unos juegos vocales deliciosos, una canción que desborda amor, magnífica al expresar el deseo de ver de nuevo a la mujer amada. Todo eso con unos explosivos acordes de guitarra que parecen no darse cuenta de la delicadeza del tema, una especie de power pop primitivo y absolutamente genial.

15. Miguel Ángel Villanueva. "Los días que no volverán". Miguel Ángel Villanueva no engaña a nadie, él lo que hace es pop británico de pura estirpe, pero cantado con una sensible, precisa, minuciosa voz que se funde con los arreglos de acuerda, con esos giros emocionantes de la canción. Una melodía clásica, es decir, atemporal, imposible de situar en una época determinada, todo un acierto que encima mete el dedo en la llaga de la nostalgia.

16. Los Elegantes. "En la calle del ritmo". Esta canción parece un intento de recrear lo que por entonces estaba haciendo The Jam, en plena forma, y lo mejor de todo es que lo hace de una manera brillante, esto es Paul Weller al 100% en su mejor versión. Los acordes simples, el bajo potente y un estribillo casi cantado a gritos, porque sabían perfectamente que era una maravilla.

17. Los secretos. "Loca por mí". Deliciosa, cruel, reposada, muy limpia, muy elegante, un gran ejercicio de composición contenida, sin alardes, pero eficaz como un gancho. Después de escucharla querremos volver a nadar en sus sosegadas notas y en su voz burlona muchas más veces.

18. Vainica doble. "Roberto". Me gusta de esta canción su excelente capacidad para mezclar una melodía muy trabajada con una estructura más folk, que miraba fijamente a lo que estaban haciendo Crosby, Stills and Nash. Rabiosa y dulce a la vez, su estribillo, con esos suspiros y ese toque casi country de la steel-guitar, hacen que sea uno de los mejores temas del primer disco de Vainica Doble.

19. Mamá. "Escóndete". Energía y ciertas actitudes rockeras para una canción ebria de melodía, esto es puro power pop, a la altura de cualquiera de esas increíbles obras maestras de finales de los setenta. Parece uno de esos singles perdidos de grupos estadounidenses de corta vida. Una de las canciones que configuraron el camino a seguir para esos grupos mal llamados "babosos" de la movida, que preferían crear buenas canciones a mostrar una absurda actitud posmoderna.

20. Profesor Popsnuggle. "No sé qué hacer". El desparpajo de esta canción es increíble, sencilla y directa, de una estructura tan simple que casi se pueden ver sus costuras, y ahí radica su fuerza. Pegadiza, con un encantador aroma "ye-yé" y sesentero que hace más reconfortante escucharla, es un placer de consumo rápido, como un caramelo.

21. Airbag. "Cubo de Rubick". Se equivocan los que dicen que son un grupo ramoniano más, de hecho en cada disco cada vez nos demuestran más lo contrario. Sus canciones, aunque llenas de guitarras y baterías al grano, son puras delicias pop, sofisticadas y originales en su mezcla de diversas influencias (punk, pop de los 60, power pop de los 70), y esta canción para mí es su obra maestra, quizá junto con "Big Acuarium". Es destacable su línea de guitarra hipnótica, de notas entrelazadas, realmente parece un cubo de rubick sonoro, por no hablar del estribillo y la melodía, uno de los pildorazos más pegajosos y estimulantes que he podido escuchar en los últimos tiempos.

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viernes, febrero 09, 2007

Teenage Fanclub, "Bandwagonesque"

Hablar a estas alturas de la grandeza de Teenage Fanclub no es nada nuevo ni astuto, sólo RockdeLux parece no haberse dado cuenta de ello e ignora continuamente a esta banda para dar líneas a dj's de controvertido nombre, a grupos españoles de pop sospechosamente sensible o a raperos con influencias flamencas que nadie recordará en un par de años. Pero la música de la banda escocesa perdura ya desde hace casi dos décadas, deleitándonos disco tras disco con luminosas, radiantes melodías que no quieren innovar sino adherirse suavemente a nuestra historia personal.

Y es que de esto quiero hablar hoy, de esa capacidad de la música para dejar huella imborrable en nuestros recuerdos, y para ello tomaré como excusa el mejor ejemplo posible, el primoroso Bandwagonesque. Dice Nick Hornby en su excelente colección de ensayos 31 canciones que no está de acuerdo con que nuestras canciones favoritas nos retrotraigan a una época determinada o sean un reflejo de las vivencias que experimentamos cuando las escuchamos; su argumento es que, si nos gustan mucho, las escucharemos constantemente de tal modo que se actualizarán de manera continua y jamás podremos asociarlas a unos momentos determinados. Y yo creo que hasta cierto punto es así, pero es innegable que el sello que nos dejaron algunos discos fue demasiado profundo como para poder quitárselo de encima con sucesivas escuchas, como enamorarse por primera vez, como estremecerse por un primer beso.

Me compré Bandwagonesque en el 2001. Estaba de saldo y había leído a Ignacio Julià poniéndolo muy bien, y además aquella portada me llamaba mucho la atención, tan simple pero al mismo tiempo tan sensual, con ese rosa vivo en magnífica lucha con el amarillo brillante. La primera vez que lo escuché me desconcertó un poco ese sonido tan deslavazado, casi sucio, pero al mismo tiempo había algo por debajo que me atrapaba, algo muy hermoso que hacía imposible que guardara el disco en un cajón para siempre. En la segunda escucha empecé a caer rendido. La primavera ya empezaba a oler a verano y yo acababa de topar con una increíble colección de canciones, un cofre que al abrirlo me proporcionaba aromas dulces y embriagadores, podría decirse que casi carnales. No voy a cortarme y, a riesgo de parecer exagerado o pedante, diré que viví una especie de experiencia mística, la inefable sensación de que el disco había llegado en el momento adecuado para conciliarme con la vida y con el mundo, para demostrarme que siempre podía aparecer un resquicio de belleza, magia y esperenza.

No era para menos. "The Concept" ya abría un escenario inexplicablemente hermoso, una melodía triste y entregada absolutamente a gustar, a ser disfrutada, sin más esquinas que ese sonido distorsionado de guitarra tan característico de principios de los 90, con armonías por todas partes y sensibilidad sin complejos. "December" era más optimista pero se movía en las mismas pautas, parecía un oasis de relajación para tomar aire ante tan brutal comienzo, pero no se trataba ni mucho menos de una canción segundona. "What You Do To Me" ya son palabras mayores, el primer pico del disco, un puñetazo de belleza directo al rostro, donde la sensualidad de la melodía encaja con un ritmo trepidante, herencia directa de Big Star, y sumerge la canción en un bucle hipnótico y extenuante como un interminable orgasmo. "I don't know" se aprovecha de un absoluto dominio de las armonías vocales y continúa sin perder su vibración guitarrera, subida de revoluciones en "Star Sign", inmediata, pegadiza, alegre, genial. Y a continuación la siguiente falta de oxígeno, "Metal Baby", una mezcla extraña de Byrds, Beatles, Big Star, Badfinger, todo absolutamente, y todo lo mejor, concentrado en una casi obscena y ofensiva muestra de talento que hace que al hablar de ella tiemble la voz.

"Pet Rock" reincide en los estribillos emocionantes, esta vez con el añadido de unas trompetas que le dan al asunto un cierto aire soul, pero en "Sidewinder" estamos de nuevo con el pop puro, estival, orgiástico, casi un pecado, un arañazo en la fibra, dan ganas de llorar. Sin embargo, por entonces Teenage Fanclub tenían argumentos de sobras para impresionarnos, para el más difícil todavía, y ahí es donde entra "Alcoholiday", un as en la manga, cinco minutos y medio de placer, de coros, de desengaño, esos característicos movimientos de bajo, carnosos pero inofensivos como en todo el disco. La belleza de "Guiding Star" es más gélida, más académica si se quiere, clasicista, elegante. Y para acabar, el instrumental "Is This Music?" no es ni mucho menos un relleno, especialmente teniendo en cuenta todo lo que le precede. De hecho, recuerdo que sus guitarras, tan dulces y sinceras como si nos declarasen su amor, me conmovían, me emocionaban en mi camino hacia casa recién salido del tren, y pocas sensaciones hay semejantes después de escuchar un disco así, una locura de ese calibre.

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lunes, enero 29, 2007

Algunas canciones

Antes de un viaje que me tendrá fuera casi una semana, me gustaría comentar aquí algunas canciones que he estado escuchando repetidamente estos días, sin ningún tipo de relación entre ellas más allá de que me encantan y de que os las recomiendo absolutamente. Las podéis encontrar aquí, en un archivo comprimido.

Doug Goodwin & Barbatsalos. "From Head To Toe". Mucho más que el famoso comienzo del principio de la Pantera Rosa, me gustaba el el cierre de esta fabulosa serie de dibujos animados. Para mí era algo especial el instante en el que aparecía esa especie de bólido de color rosa en el que se metían y, sobre todo, esa gran canción a la que me quedé enganchado desde entonces. Con el paso del tiempo me he dado cuenta de que esta canción es puro power pop, vitalista, pegadiza, feliz, en definitiva, y bonita desde el mismo comienzo, desde esa trompeta juguetona hasta el momento en que empiezan a cantar la melodía y también esos acordes tan conseguidos, subidos de volumen y que se arrastran. Y además, todo en menos de un minuto.

Herman's Hermits. "She's a Must to Avoid". Los ingleses Herman's Hermits, siempre tan blandos e inocentes, consiguieron uno de sus mejores momentos con esta canción del extraordinario P. F. Sloan, carismática, entrañable melodía desengañada que va al grano en apenas dos minutos. Con una mezcla de folk a lo Dylan y un estribillo arrebatador, interpretado con agilidad y con unos detalles insuperables (la guitarra que dobla la frase "Better take it from me" merece un premio), es difícil encontrar una canción más bonita y pegadiza. Será vuestra perdición.

Sam Cooke. "Chain Gang". El increíble artista del single nos regaló en 1960 esta canción de bases muy simples -como la mayoría de sus canciones-, en este caso prácticamente blues, con unos "uhs, ahs" marcando el ritmo, y una voz de contrabajo que entra antes de esa delicia de estribillo que cualquier grupo de la invasión británica copió alguna vez. Tanta sencillez y candor aturden, con pocas canciones puede experimentarse esa sensación de calidez y belleza. Una genialidad.

Tommy James & The Shondells. "I Think We're Alone Now". Tommy James obtuvo un éxito tardío (dos años después de que apareciera el single) con "Hanky Panky", canción que se basaba en una rotunda simplicidad. Después derivó a un estupendo y elaborado pop adolescente del que este tema es una de sus mejores muestras. Vibrante, emotivo, casi suplicante, suena muy moderno, podría haber sido grabado en los 80 por cualquier grupo de la new wave (de hecho, The Rubinoos hicieron una versión). El estribillo, sencillamente desarmante. Y el detalle del sonido nocturno con grillos en medio de una canción tan hermosa y joven no tiene precio.

The Easybeats. "Friday on my Mind". Los nunca suficientemente valorados Easybeats alcanzan uno de sus hitos con esta fenomenal canción que exhibe una tras otra sus mejores virtudes: una guitarra que suena casi barroca, obsesiva, virtuosa, pero nunca gratuita, que va trazando espirales en torno a la melodía, acompañada de unos coros muy metidos en el asunto. Un estribillo radiante, que despierta las ganas de saltar y bailar, un regalo a la vida, al instante de placer. Y una atmósfera misteriosa, un aroma extraño que los Easybeats lograron moldear como algo propio e irrepetible que les diferenció del resto de los grupos del merseybeat de los años 60.

Bob Dylan. "Visions of Johanna". A raíz de haber visto el increíble documental de Scorsese sobre Dylan, No Direction Home, he estado escuchando otra vez sus primeros discos, especialmente esta canción, que siempre ha sido una de mis favoritas. Ese sonido tan especial, tan propio de aquella época de Dylan, con ese órgano refinado llenándolo todo de luz y que pone los pelos de punta en cuanto entra, una de las melodías más hermosas y crípticas ideadas por él, todo absolutamente sirve para reconciliarse con el mundo en general, casi ocho minutos de placer puro e incorruptible.

¡Espero que las disfrutéis!

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martes, enero 23, 2007

Cómo empezó todo

En mi caso fue cuando tenía ocho años. Un día, mi padre puso un disco con una carpeta que me fascinaba. De colores tan vivos, con esas caras recortadas y los uniformes estrafalarios... Lo cierto es que no esperaba lo que empecé a escuchar. Anteriormente, de vez en cuando mi padre ponía canciones que me gustaban, aunque siempre me daba cierta vergüenza admitirlo. Ésta fue la primera vez en la que no sólo lo reconocí, sino que me hice fanático. Eran los Beatles, y el disco, el Sgt. Peppers' Lonely Hearts Club Band. Fue el salto con el que dejé atrás definitivamente los discos de música infantil. Al llegar del colegio, inmediatamente pedía que me pusieran ese disco. Era una maravilla, tanto el comienzo en el que una canción se mezclaba con sonidos de aplausos y ruidos de una banda, como esas explosiones repletas de instrumentos y con unas melodías preciosas, y hasta canciones que parecían indias.

El disco de los Beatles me marcó, para mí equivalía a acceder a un mundo misterioso pero también bello, divertido, las sensaciones que me asaltaban al escucharlo eran indescriptibles. Empecé a escribir redacciones en clase sobre los Beatles, a pedir los vídeos de sus películas para mi cumpleaños, a absorber como una esponja toda su etapa de pop psicodélico. Pero las cosas no acabaron ahí. A veces, cuando mi padre me llevaba en coche, ponía unas cintas con unas canciones muy alegres que me despertaban el mismo tipo de entusiasmo indefinible, una especie de enamoramiento abstracto que me hacía ser feliz en el momento en que las escuchaba o las recordaba. Ante mis preguntas, me dijo que era un recopilatorio de las mejores canciones de los Beach Boys. Ya tenía otra referencia que añadir a mis descubrimientos. Con el paso de los años, cuantos más grupos conocía, más consciente era de dónde me había metido.

Una vez se entra, la música es una pasión que permanece viva para siempre, es imposible perder el interés por ella. De niño me enamoré de aquellas canciones por su simplicidad e inmediatez, y actualmente las disfruto igual, quizá de una manera no tan pura, porque las canciones que se descubren hace años cambian con el paso del tiempo, y cuando se han escuchado algunos discos más, se ven de otra manera. Se tienen entonces en cuenta cosas como las influencias, a qué recuerdan, qué rastros de otros músicos hay, y esto es algo que las renueva continuamente y que hace que vayan "renaciendo" a lo largo de la vida, acompañando distintos momentos personales, haciéndose parte de la experiencia personal más íntima.

Hoy quería rendir un homenaje a esos discos que cambiaron nuestra forma de ver las cosas, que fueron esa especie de billete a un universo fascinante. La música se disfruta siempre, pero estos primeros recuerdos merecen ser enmarcados. Así que sólo me queda por preguntar: ¿cómo empezó todo para vosotros?

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jueves, enero 18, 2007

Dion, "Runaround Sue"

Hoy quería escribir algo sobre el doo-wop, un estilo que inundó las emisoras de radio a mediados de los 50 y que era un prodigio de armonías vocales y de melodías directas. Lo que me llama la atención de estas canciones es su gran inmediatez, es una música blanquísima, sin ninguna otra pretensión que gustar y poner el vello de punta con un sostenimiento rítmico vocal (de ahí su nombre). Al escuchar una de estas canciones inmediatamente la asociamos al imaginario de esas películas sobre los años 50 en Estados Unidos, con Cadillacs enormes y brillantes, hamburgueserías, institutos y bailes de fin de curso (nació como música para los jóvenes), y es que en realidad fue así al menos hasta 1963, cuando The Beatles prácticamente borraron el estilo del mapa. Por otro lado, sus baladas cristalinas y adolescentes dejaron una huella enorme en toda la música californiana, en grupos como The Beach Boys o Jan and Dean, que incorporaban normalmente la energía del rock, pero que cuando más blandos se ponían eran doo-wop en estado puro.

Surgieron infinidad de grupos, muchos de ellos de fama efímera (The Penguins, The Five Satins, The Silhouettes, etc.), y también, en 1956, la canción de Frankie Lymon & The Teenagers, "Why Do Fools Fall in Love", un hito absoluto que prefiguraría el prototipo de canción adolescente y sofisticada desarrollado más tarde por productores como Spector o los grupos de chicas. Pero mi álbum favorito de este estilo lo grabó el italoamericano Dion Dimiucci, directamente venido del Bronx, en 1961, y se titula Runaround Sue. De hecho, la canción que da título al disco es un gancho espléndido a la oreja, una de esas canciones enamoradas y que enamoran con un chorro de voz extraordinario que se quiebra para emocionarnos.

Las melodías ingenuas y adolescentes prosiguen con "Somebody Nobody Wants", mientras que "Dream Lover" parece una especie de rock a lo Buddy Holly, amable, inocente, pegadizo. "Life is But a Dream" es una de esas baladas del doo-wop en las que más claramente puede verse cómo influyó el estilo en la primera etapa musical de Brian Wilson. "The Wanderer" y "The Majestic" son otros dos singles directos en los que se expresa un doo-wop algo más duro, más tamizado por el rock. "Runaway Girl" ofrece sensibilidad y delicadeza, con ese teclado inocente, mientras que "Little Star" sigue asombrando con esa capacidad para desarrollar canciones que alcanzan directamente el corazón, encantadoramente irresistibles, y lo mismo puede decirse de "Lovely Word", chorros de melodía lanzados felizmente hacia un enorme cielo azul. "In the Still of the Night" es otra balada romántica y nostálgica, y "Kansas City", un antiguo rock de Leiber y Stoller para acentuar ese sonido más endurecido que busca Dion. Sin embargo, el disco termina con una de las múltiples joyas que nos regaló la dupla Goffin/King, una canción melancólica, hermosa y elegante con arreglos de cuerda que arañan por dentro.

El enorme final le da un valor añadido a un disco cuya inocencia y encanto pop nos acompañará para siempre desde el primer momento que lo escuchemos. Lo gracioso del asunto es que estas canciones repletas de amor, deseos de paz y buenos sentimientos no eran en esencia más que tópicos que provenían de las canciones tradicionales italianas que Dion conocía, pero que no tenían correlato en su propia vida de peleas callejeras en el Bronx.

Podéis encontrar el álbum aquí. También os recomiendo este blog, en español, lleno de pasión por el doo-wop y de discos para descargar.

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domingo, enero 14, 2007

Wilco: el camino a la delicia pop

Uncle Tupelo nos deparó a principios de los noventa algunas de las más excitantes canciones con sabor americano, iluminadas de vez en cuando por la capacidad y voluntad melódica de uno de sus líderes, Jeff Tweedy. Una vez finiquitado el grupo, este último se lanzó en busca de nuevos horizontes con una nueva banda, Wilco, donde ha podido dar rienda suelta a su fascinante versatilidad y ha configurado uno de los grupos más interesantes de los últimos años. En este artículo voy a hablar del que para mí es su mejor disco, Summerteeth, una impresionante obra maestra de finales de los noventa, un remanso de belleza y cultura pop que es consecuencia directa de la inagotable curiosidad de Tweedy y que, a causa precisamente de este espíritu de merodeador de la música, nunca volverá a repetirse.

Su primer álbum, A.M., de 1995, no se aparta demasiado del camino que había trazado Uncle Tupelo, aunque sí es cierto que quizá las formas estaban más pulidas, en busca de un sonido más limpio y radiable, y con un primer logro de esa nueva orientación que es la pegadiza, popera y tierna "I Must Be High". Después el disco regresa a los ritmos americanos más estándar, a los violines, a las steel-guitar, en canciones por otro lado fenomenales dentro de ese estilo, como la carismática "Pick Up The Change", cantada y tocada casi con desgana, como despreciando la enorme melodía que la sustenta. Todavía es un disco cargado de Gram Parsons, de Rolling Stones o Neil Young, Tweedy aún no sabe por dónde tirar pero sus capacidades como compositor se mantienen intactas.

Being There (1996) es fruto de ese querer tocarlo todo pero no saber con qué quedarse. La solución: grabar un disco doble, desbordante en cuanto a variedad, fascinante en su capacidad para no ofrecer nada mediocre a pesar del amplio espectro de estilos abarcados, algo así como una especie de White Album personal. La cultura musical que se demuestra es impresionante, toda una exhibición de dominio de los resortes de una gran cantidad de música. Aquí hay country (la emocionante "Far, far away"), power pop guitarrero de los 70 ("Monday", "Outtasite"), pop de autor a lo Lennon ("Forget the Flowers"), trallazos rock de estirpe Stoniana ("Red-eyed and Blue"), The Faces ("Dreamer in my Dreams"), Bob Dylan ("I Got You at the End of The Century"), el pop preciosista de los Beach Boys ("Outta Mind"), hasta folk ("Someone Else's Song"), todo, absolutamente todo, prácticamente un tratado de la música rock, con canciones que rayan un gran nivel y que componen un conjunto de asombrosa dispersión.

Y entonces Tweedy decide tomar uno de esos caminos trazados y explotarlo en un solo disco. Es el momento de Summerteeth (1999), álbum en el que se entrega a las melodías y a los estribillos, en una maravillosa orgía pop que es una de las páginas más brillantes de la historia del estilo. No es para nada un paso hacia la popularidad y hacia vender más discos, porque el pop que propone no es vacío ni de consumo, todo lo contrario, se nota mucho que detrás de cada canción hay un profundo conocimiento y respeto hacia los clásicos del género. Es un disco de música blanca, desenfadada, que huele a Beatles y a Beach Boys especialmente, con ese delicioso bombón de arreglos y de aroma veraniego que es "A Shot in the Arm", el entusiasmo que rebosa "I'm Always in Love", la más que pegadiza "Nothing's ever gonna stand in my way (again)", "PieHolden suite" y su delicada melodía, que se acelera de repente para emocionarnos en el instante preciso, "Via Chelt", que recupera un poco las raíces americanas, y "ELT", que vuelve al power pop por la cara. "When You Wake Up Feeling Old" parece un soul-pop ralentizado pero igual de infeccioso, y "Summer Teeth" es una canción brillante, ágil, pop perfecto y con contenido. Para resumir, una obra maestra en toda regla, un capítulo glorioso del pop que por su belleza se presta a ser escuchado continuamente a lo largo de los años.

Sin embargo, Jeff Tweedy no podía quedarse ahí, sintió que ya había explotado ese campo lo suficiente y decidió emprender una nueva orientación que continúa dejando impresionantes canciones pop de vez en cuando, supongo que en homenaje a lo que él mismo consiguió en 1999, pero que en esencia es algo distinto y elaborado bajo otro tipo de sensibilidad. En todo caso, hay que agradecerle que ya acabando la década nos dejara una última obra de amor por la melodía, de hermoso título, genial portada y, sobre todo, maravillosas canciones.


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